El Tratado de
Roma (1957)
El 25 de marzo de 1957 se
firmaron en Roma dos tratados que daban existencia a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la
Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM). Los firmantes del histórico
acuerdo fueron Christian Pineau por Francia, Joseph Luns por los Países Bajos,
Paul Henri Spaak
por Bélgica, Joseph Bech por Luxemburgo,
Antonio Segni por Italia y Konrad Adenauer por la
República Federal de Alemania. La ratificación del Tratado de Roma por
los Parlamentos de "los Seis" tuvo lugar en los meses siguientes
y entró en vigor el 1 de enero de 1958.
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Firma
del Tratado de Roma 1957 |
El
Tratado que instituía la CEE afirmaba en su preámbulo que los estados
signatarios estaban "determinados a establecer los fundamentos de una
unión sin fisuras más estrecha entre los países europeos". Así
quedaba claramente afirmado el objetivo político de integración
progresiva entre los diversos países miembros. En la práctica, lo que se
creó básicamente fue una unión aduanera. Por
ello la CEE fue conocida popularmente como el "Mercado Común".
Se acordó un proceso transitorio de 12 años para el total desarme
arancelario entre los países miembros. Ante el éxito económico que
trajo la mayor fluidez de los intercambios comerciales, el plazo
transitorio se acordó y el 1 de julio de 1968 se suprimieron todos los
aranceles internos entre los estados comunitarias. Al mismo tiempo se
adoptó un Arancel Aduanero Común para todos los productos procedentes de
terceros países.
Este
mercado común afectaba en realidad exclusivamente a la libre circulación
de bienes. El libre movimiento de personas, capitales y servicios siguió
sufriendo importantes limitaciones. En realidad, habrá que esperar al
Acta Única de 1987 para que se diera el impulso definitivo que llevó a
que en 1992 se estableciera un mercado unificado.
El
otro elemento esencial de lo acordado en Roma fue la adopción de una Política
Agrícola Común (PAC). Esencialmente, la PAC establece la libertad de
circulación de los productos agrícolas dentro de la CEE y la adopción
de políticas fuertemente proteccionistas, que garantizaban a los
agricultores europeos un nivel de ingresos suficiente al evitar la
competencia de productos de terceros países y mediante la subvención a
los precios agrícolas. Con el objetivo de financiar la PAC, se creó, en
1962, el Fondo Europeo de Orientación y
Garantía Agrícola (FEOGA). La PAC sigue absorbiendo la mayor parte del
presupuesto comunitario y es uno de los aspectos más necesitados de
reforma.
El
Tratado de Roma también estableció la prohibición de monopolios,
algunas políticas comunes en transportes, y la concesión de algunos
privilegios comerciales a los territorios coloniales de los estados
miembros.
El
Tratado de Roma significó el triunfo de lo que se han venido en llamar
las tesis "funcionalistas". Representadas esencialmente por Jean
Monnet. Ante la imposibilidad de acceder de manera inmediata a una unión
política, imposibilidad demostrada en el fracaso de la CED, la nueva
estrategia busca un proceso de integración que vaya afectando poco a poco
a diversos sectores económicos, de forma gradual, y que vaya creando
instituciones supranacionales en las que los Estados paulatinamente vayan
cediendo competencias económicas, administrativas y, en último caso,
políticas. En este sentido, la CEE va a tener una serie de instituciones:
la Comisión, el Consejo,
la Asamblea Europea (posteriormente el Parlamento
Europeo), el Tribunal de Justicia
y el Comité Económico Social cuyas competencias
se irán ampliando y matizando en los diversos acuerdos y tratados que
fueron modificando en los años posteriores el Tratado de Roma.
Se
trataba, en definitiva, de iniciar un proceso en el que la progresiva
integración económica fuera allanando el camino al objetivo final de la
unión política, unión que quedaba planteada como un objetivo a largo
plazo.
El
Tratado que instituyó la Comunidad Atómica Europea (EURATOM) es
mucho menos importante y trataba de crear "las condiciones de
desarrollo de una pujante industria nuclear". En la realidad, cuando
se habla del Tratado de Roma nos referimos en exclusiva, aunque de forma
incorrecta, al que creó la CEE.
El
"problema británico" y la ampliación de la CEE en 1973
El
principal problema político con el que arrancó la CEE fue el que un
país de la importancia del Reino Unido se mantuviera al margen. Los
británicos se negaron a ingresar por diversas razones:
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La
importancia de sus lazos comerciales, políticos e, incluso,
sentimentales con sus colonias y ex-colonias, agrupadas en su mayoría
en la Commonwealth.
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Su
negativa a ingresar en una unión aduanera. Londres defendía la
creación de una zona de libre cambio, en la que se abolieran los
derechos de aduana internos pero en la que cada país tuviera libertad
para poner sus propios aranceles con respecto a los países terceros.
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La
nula voluntad británica de embarcarse en un proyecto en el que a
largo plazo se planteaba la cesión de soberanía de cada estado en
beneficio de instituciones supranacionales europeas. Dicho de otra
manera, los británicos se hallaban, y aún muchos de ellos
continúan, muy alejados del objetivo de unidad política europea.
Tras
fracasar las negociaciones para su ingreso en la CEE, el gobierno
británico propició la creación la Asociación Europea de Libre Comercia
(EFTA), a la que se adhirieron Suecia, Suiza, Noruega, Dinamarca, Austria
y Portugal. Esta asociación, que huía de cualquier proyecto de
integración política, fue una mera zona de libre comercio, esencialmente
de productos industriales, y no recogía ningún tipo de arancel común.
Los
británicos se dieron cuenta muy pronto de su error. Mientras la CEE va a
protagonizar una crecimiento económico espectacular, con unas tasas de
crecimiento en los años 60 claramente superiores a las norteamericanas,
Gran Bretaña continuó con su tendencia decadente con respecto a los
países del continente.
Así,
en agosto de 1961, el primer ministro británico, solicitó el inicio de negociaciones para el ingreso del Reino Unido. Sin
embargo, tras diversos intentos negociadores, el líder francés, Charles
De Gaulle, resuelto a construir lo que el denominó una "Europa de
las patrias" que fuera independiente de las dos superpotencias
enfrentadas en la "guerra fría", y receloso de la estrecha
vinculación británica a Washington, vetó en 1963 el ingreso británico
en la CEE. Cuando, en 1967, el gobierno laborista de Harold Wilson volvió
a solicitar el ingreso en la CEE, el general francés volvió a vetar la adhesión
del Reino Unido.
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De Gaulle |
De
Gaulle, pese a defender una Europa fuerte ante EE.UU. y la
U.R.S.S.,
nunca creyó en una Europa unida políticamente. Para él, la
independencia nacional francesa, país al que intentó denodadamente
mantener en el papel de potencia, era una cuestión innegociable. Fruto de
este nacionalismo de De Gaulle fue
la denominada "crisis de la silla vacía" en 1966, que mantuvo
durante meses a la Comunidad paralizada, y que finalmente finalizó con el
denominado Compromiso de Luxemburgo.
Hubo
que esperar a la dimisión de De Gaulle en 1969, dimisión provocada por
razones de política interna un año después del "Mayo del 68"
francés, para que se abriera la puerta para la adhesión
británica.
Venciendo
la oposición partes importantes de la opinión pública británica,
contrarias a la adhesión a la CEE y claramente "antieuropeas",
finalmente las negociaciones terminaron con éxito en 1972.
En
1973, tres nuevos países ingresaron en la CEE: el Reino Unido, Dinamarca
e Irlanda. Nacía la "Europa de los Nueve".
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Edward
Heath, primer ministro británico firma el Tratado de Adhesión a
la CEE (1973) |
Los
noruegos votaron en contra del ingreso y su país, en contra de la
opinión su propio gobierno, con lo que Noruega se mantuvo al margen de la
Comunidad.
Los avances en
la integración europea y la ampliación a la "Europa de los
Doce" (1973-1986)
La
"crisis del petróleo" de 1973 puso fin al período de
espectacular crecimiento económico del que habían disfrutado durante
largos años los países europeos. El desempleo, la inflación, la crisis
de sectores tradicionales de la industria caracterizaron el panorama
económico de la CEE en la segunda mitad de los años setenta y los
inicios de los ochenta. Pese a que, en algún momento, los periodistas
acuñaron los términos de "euroescepticismo" y "euroesclerosis"
para referirse a un proceso de integración que parecía desfallecer, la
realidad es que durante estos años tuvieron lugar avances importantes,
tanto en el sentido de una mayor integración, como en la ampliación
de la Comunidad a nuevos miembros. Vamos a señalar los momentos clave:
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A
partir de 1975 quedó institucionalizado el denominado Consejo
Europeo, reunión periódica de los Jefes de Estado y de Gobierno,
donde se toman las grandes decisiones estratégicas de la Comunidad.
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En
1979, nació el Sistema Monetario Europeo, acompañado de la creación
del ECU (European Currency Unit), antecedente directo del Euro. Las
monedas de los países miembros quedaban ligadas en una estrecha banda
de fluctuación de su valor de cambio del 2.5%, además, los gobiernos
se comprometían a coordinar sus políticas monetarias. Se trataba del
primer paso significativo hacia la unidad monetaria.
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También
en 1979 tuvieron lugar las primeras elecciones por sufragio universal
al Parlamento Europeo.
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La
caída de las dictaduras militares en Grecia (1974), Portugal (1974) y
España (muerte de Franco en 1975) propiciaron la adhesión
de estos países. Grecia en 1981, y España y Portugal en 1986 se
convirtieron en nuevos miembros de la CEE. La Comunidad se ampliaba
hacia la Europa mediterránea y España conseguía hacer realidad una
antigua aspiración.
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Firma
del Tratado de Adhesión de España a la CEE (1986) |
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En
1984, un grupo de parlamentarios europeos, dirigidos por el italiano Altiero
Spinelli presentó al Parlamento un "Proyecto de Tratado de
la Unión Europea", en el que se proponía la aprobación de un
nuevo tratado que sustituyera al de Roma y que hubiera supuesto un
importante avance en la integración europea. Pese a no ser aprobado
por los gobiernos, tuvo el mérito de relanzar el debate sobre el
futuro de la Comunidad, anticipando los avances que tendrían lugar en
los años noventa.
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En
1985, los tres países del Benelux, Francia y Alemania firmaron el
denominado Acuerdo de Schengen, al
que posteriormente se han ido adhiriendo la mayoría de los países
comunitarios. Se iniciaba así una ambiciosa iniciativa para
garantizar la libre circulación de las personas y la gradual
supresión de fronteras entre los estados comunitarios.
En la
segunda mitad de los ochenta, el proceso de integración va a recibir un
importante impulso político, propiciado en gran medida por Jacques
Delors. Socialista francés, fue elegido presidente
de la Comisión Europea en 1985. El primer paso lo constituyó la
aprobación en 1986 del Acta Única Europea.