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Firma del
Tratado de Niza |
La
situación previa a la cumbre
La Conferencia Intergubernamental de
los países miembros de la Unión tenía como principal desafío poner las
bases de una Unión ampliada hacia el este. A los doce países del este y
el Mediterráneo que ya habían iniciado negociaciones (Chipre,
la República Checa, Estonia, Hungría, Polonia y Eslovenia, en una
primera tanda, Bulgaria, Letonia, Lituania, Malta, Rumania y Eslovaquia,
en un segundo grupo) , había que añadir a Turquía. La
candidatura de este país euroasiático y musulmán fue oficialmente
admitido en el Consejo Europeo de Helsinki en diciembre de 1999, aunque
las negociaciones se pospusieron hasta que el gobierno de Ankara no
cumpliera los criterios políticas de acceso en todo lo referido a la
protección de minorías y respeto de los derechos humanos. El problema
kurdo, evidentemente, estaba en la mente de los negociadores europeos.
En esta perspectiva y en un ambiente de
no demasiado optimismo, la agenda de la cumbre de Niza tenía estos puntos
principales:
Para evitar que la futura Unión de
27 o 28 miembros quede bloqueada es necesario reducir drásticamente
el número de decisiones que necesitan la unanimidad de todos los
miembros. La Comisión proponía que el sistema de mayoría
cualificada se convirtiera en la norma general.
La reducción del número de
comisarios, necesidad impuesta por la ampliación.
La reponderación del voto de cada
país. La ampliación y la necesidad de tener en cuenta el peso
demográfico de los países, esencialmente el de Alemania, imponían
esta reforma.
La "proclamación" de la
Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea
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Firma de la Carta
de Derechos Fundamentales |
El debate previo hacía prever que
durante la cumbre se iban producir diversos choques:
Alemania trataría de conseguir más
votos en el Consejo de Ministros de la
UE. Francia, pese a tener 59
millones de habitantes frente a los 82 de Alemania, se negaba a romper
el equilibrio de poder en el que se había sustentado la Unión desde
sus orígenes.
Algo similar pretendía Holanda (15
millones de habitantes) frente a Bélgica (10 millones). El gobierno de
Bruselas se negaba en rotundo a perder el equilibrio de poder con su
vecino del norte.
La obligada reducción del número de
comisarios implicaba, según los "países grandes",
Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España, el que los
"países pequeños" se quedaran sin un comisario fijo en la
Comisión. Estos países se negaban en rotundo a esta posibilidad.
La Comisión
intentaba reducir el
poder del Consejo. Se afirmaba que había que acabar con "la
cultura del veto". Los Gobiernos nacionales, representados en el Consejo, se negaban a perder su poder de veto en los grandes asuntos
como fiscalidad, inmigración, cohesión, seguridad social...
El Tratado de
Niza
Los observadores han señalado casi
unánimemente que en el arduo debate que tuvo lugar en la cumbre de Niza
entre los representantes de los países miembros se primó el interés
nacional y faltó una visión realmente europea que superara las
ambiciones concretas de cada nación. No obstante, tras muchos tiras y
aflojas, se mantuvo la tradición de la Unión: finalmente se llegó un
acuerdo. Para los más optimistas, es la única manera realista de ir
avanzando. Para los más pesimistas, el impulso europeo está cediendo
fuerza.
Sea como fuere, estos son los
principales acuerdos recogidos en el Tratado de Niza, por el que el
Tratado de la Unión Europea, los Tratados constitutivos de las
Comunidades Europeas y algunos otras normas de la Unión han sido
reformados:
La agria polémica entre países
"grandes" y "pequeños", concretada en el contexto
ibérico en la pugna entre España y Portugal, por el reparto de votos
en el Consejo fue el elemento que engendró más tensiones en la
cumbre. Finalmente, se acordó una nueva ponderación de votos para
los países actualmente miembros y para los futuros socios. Esta nueva
distribución entrará en vigor a partir del 1 de enero del 2005 en el
caso de los miembros actuales y para los nuevos países cuando
ingresen en la Unión. El nuevo sistema otorga 29 votos a los
"cuatro grandes", Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.
Se mantiene la paridad entre Francia y Alemania pese al desequilibrio
demográfico entre ambos países. España obtuvo 27 votos, igual que
Polonia cuando ingrese. Los demás países obtienen votos
progresivamente menores hasta alcanzar los 3 votos que obtiene Malta.
Se establece un sistema complicado de
mayorías y minorías que permite tres vías distintas para bloquear
cualquier decisión del Consejo:
Cuando la Unión tenga 27
miembros el total de votos en el Consejo
será de 345. Se fija el
umbral de la mayoría cualificada en 255 y se establece una
minoría de bloqueo en 88 votos. Estos significa que tres países
"grandes" y uno "pequeño" podrán siempre
bloquear cualquier decisión.
Nunca se podrá aprobar una
propuesta por mayoría cualificada cuando haya una mayoría simple
de Estados que se oponga.
Por último, se establece lo que
se ha denominado "cláusula de verificación
demográfica": para conseguir una mayoría se necesita que
los estados que apoyen la propuesta reúnan, al menos, el 62% del
total de la población de la Unión. Esta es la compleja fórmula
hallada para dar mayor peso a Alemania, el país más poblado de
la Unión con 82 millones de habitantes. El gobierno de Berlín,
con el apoyo de otros dos países "grandes", podrá
bloquear cualquier decisión. Los demás "grandes"
necesitan el concurso de los cuatro países "grandes"
para ejercer el bloqueo.
El Parlamento Europeo se compondrá
de 732 escaños, en lugar de los 626 actuales. Alemania contará con
99 diputados, 72 los otros "grandes", y España y Polonia
tendrán 50. Los escaños en el Parlamento
han servido para compensar
las disparidades en el reparto de votos en el Consejo.
En el 2005, los países que
actualmente tienen dos comisarios (Alemania, Francia, Reino Unido,
Italia y España) pasarán a tener uno. Cuando la Unión tenga 27
miembros, se tendrá que decidir "por unanimidad" el número
definitivo de comisarios que deberá ser inferior a 27. Se diseñará
un un sistema de rotación "igualitaria", de manera que la
composición de la Comisión
reflejo de forma satisfactoria el peso
demográfico de los miembros y las diversas zonas geográficas
europeas. En este tema, uno de los grandes terrenos de batalla entre
"grandes" y "pequeños", no se ha podido alcanzar
una solución definitiva aunque se han diseñada las grandes líneas
del futuro acuerdo.
Se refuerzan los poderes del
Presidente de la Comisión, que, en adelante, será designado por
mayoría cualificada, no por unanimidad como ahora, y cuyo
nombramiento deberá ser sometido a la aprobación del Parlamento Europeo.
Aumenta el número de temas, unos
cuarenta, esencialmente de carácter técnico, en los que las
decisiones se toman por mayoría cualificada. Sin embargo, en aspectos
"sensibles" para diversos países se mantiene el derecho de
veto. Es el caso de los asuntos sociales y de cohesión para España,
los asuntos de fiscalidad para el Reino Unido, el tema de asilo e
inmigración en el caso alemán, o las cuestiones de libertad
comercial en el terreno cultural y audiovisual para Francia.
Se abre la posibilidad de que algunos
países decidan ir más deprisa en asuntos relacionados con la
integración. Es lo que se ha venido a denominar la "Europa de
dos velocidades". Sin embargo, se ponen límites a esta
capacidad:
Al menos deben ser 8 países
miembros los que opten por iniciar una "cooperación
reforzada".
Quedan excluidas de este
mecanismo las políticas comunitarias, las cuestiones relacionadas
con el Tratado de Schengen,
lo que afecte negativamente al mercado interior y los asuntos de
defensa y fabricación de armamento.
Estos son, entre otros, los principales acuerdos de la
Cumbre de Niza. A instancias de Alemania, los quince países miembros han
acordado convocar una nueva conferencia para el año 2004 en la que se
trataría de ir más allá de lo conseguido en Niza. Aspectos como
delimitar de forma precisa las competencias de la Unión y de los estados
miembros, abordar el estatuto legal de la Carta de Derechos Fundamentales
proclamada por los Quince al inicio de la cumbre de Niza, el papel de los
Parlamentos nacionales en la construcción europea o la simplificación y
clarificación de la compleja maraña legislativa en que se han convertido
los Tratados son los principales objetivos de esa nueva cumbre.
En 26 de febrero del 2001, los líderes europeos,
reunidos de nuevo en la capital de la Costa Azul, procedieron a la firma
del Tratado de Niza.
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Irlandeses
contrarios al Tratado de Niza |
El presidente francés, Jacques Chirac, y presidente en
ejercicio de la Unión Europea durante ese semestre, el primer ministro
sueco Goran Persson, hicieron declaraciones en las que insistieron en
negar la afirmación de que "el espíritu europeo no sopló en
Niza". Para ambos, el tratado es suficiente y realista y abre el paso
a la incorporación de nuevos países a partir del 2002.
El ministro de asuntos exteriores
alemán Joscka Fischer ha puesto de nuevo en el tapete el asunto de fondo:
la necesidad de elaborar una Constitución Europea que sistematice,
clarifique e impulse el proceso de integración.
Los
problemas de la ratificación
El alejamiento existente entre la dinámica
institucional hacia una mayor unidad europea y la opinión popular ha
vuelto a ponerse de manifiesto y, en este caso, de forma sorpresiva.
Pese a la campaña en favor de todos los partidos
políticos importantes, los irlandeses rechazaron en referéndum ratificar
el Tratado de Niza en junio del 2001.
Con una escasa participación electoral, el 53.87% de
los irlandeses rechazaron el Tratado de Niza. El resultado de este
referéndum abre interrogantes sobre el proceso de ampliación, aunque el
gobierno de Dublín se apresuró a prometer una renegociación y en un
segunda referéndum que podría abrir paso a cláusulas excepcionales para
Irlanda.
El éxito de la campaña en contra desarrollada por los
Verdes y varios grupos de izquierdas y Organizaciones No Gubernamentales
ha vuelto a demostrar la creciente desconfianza de los ciudadanos europeos
por el déficit democrático de la UE.