Los problemas pendientes
La Comisión
presentó en Bruselas el 9 de julio de 1997 la llamada "Agenda
2000". En este documento se recogieron las perspectivas de
evolución de la Unión Europea y de sus políticas cara al siglo XXI, los
problemas derivados de la ampliación hacia el centro y el este de Europa,
y, por último, el marco financiero.
Estos
son los principales problemas que ha tenido que hacer frente la Unión
Europea hasta el año 2000:
-
Reforma
de los Fondos
estructurales, que quedaron centrados en tres objetivos:
regiones por debajo del 75% de la renta media de la UE, regiones que
se enfrentan con perentorias necesidades de reestructuración
económica y social, y otro tipo de regiones no cubiertas en los dos
objetivos anteriores y donde se deben modernizar sus sistemas de
enseñanza, formación y empleo. El primer tipo se llevaba 2/3 del total
presupuestado. Los Fondos
de Cohesión se mantienen de forma similar, centrándose en los
estados cuyo PNB per cápita es inferior al 90%. El gran problema que
quedó planteado para el futuro fue la reforma de estos fondos con el futuro
ingreso de los países del centro y este de Europa, bastante menos
desarrollados que los que actualmente se benefician de los fondos.
-
Reforma
de la PAC,
que seguía absorbiendo un enorme porcentaje del total del presupuesto
comunitario. Esta reforma se encontró con la oposición cerrada de los
campesinos beneficiados.
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La
agricultura europea: una agricultura de calidad |
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La
financiación del presupuesto comunitario era otro de los temas de
debate. Algunos de los países ricos, como Alemania, se quejaban de la
desproporción entre lo que aportaban a la Comunidad (en torno al 28,2%
del total) y lo que recibían vía Fondos
Estructurales y PAC
(aproximadamente el 12,8% del total de las transferencias).
Evidentemente, los países menos ricos se negaron a un reequilibrio de
las aportaciones.
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La
culminación de la Unión Monetaria y
Económica en el 2002.
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El
Euro nació el 1 de enero de 1999 |
La
quinta ampliación de la Unión Europea
El
año 1989 trajo una transformación radical de nuestro continente. La
caída de los sistemas comunistas, la disgregación de la Unión
Soviética, la aparición de nuevos estados, la guerra en Yugoslavia ...
transformaron radicalmente el centro y el oriente de Europa.
La
adhesión a la Comunidad Económica
Europea (Unión Europea desde 1992) fue vista desde un principio por los
nuevos países como el mejor medio para solventar sus dos principales
problemas:
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El
asentamiento de sistemas democráticos, basados en el respeto de los
derechos humanos.
-
La
transición de un sistema comunista planificado a una economía de
mercado. Esta transición, nunca antes realizada en la historia, se
tenía que dar en medio de una profundísima crisis económica.
El
otro gran problema al que se enfrentaban estos países era el de la
seguridad en un contexto de inestabilidad (disgregación de la URSS,
ruptura violenta de Yugoslavia...). Los nuevos gobiernos democráticos vieron a la OTAN,
la alianza militar occidental liderada por EE.UU., como la mejor garantía
para su seguridad. Pese a las protestas y desconfianza de Rusia, la
heredera de la URSS, en 1999, Hungría, Polonia y la República Checa
pasaron a formar parte de esta asociación.
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Carro
de combate serbio en el conflicto de Kosovo |
La
historia volvía a pesar en las grandes decisiones políticas europeas.
Los países de Europa central y oriental utilizaron todo tipo de presiones
sobre EE.UU. para unirse a la OTAN y sobre las potencias europeas,
especialmente Alemania, para iniciar el proceso de adhesión a la UE, y
todo ello fundamentalmente por razones de seguridad: librarse
definitivamente de la influencia rusa.
Es evidente que la ampliación
hacia los países de la Europa central y oriental (PECO), Chipre, Malta y
Turquía representaba para la Unión Europea un empeño histórico y
una enorme oportunidad. La adhesión de nuevos Estados miembros
iba a incrementar el peso específico y la influencia de la Unión en la
escena internacional.
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La
Unión Europea y la ampliación al centro y este de Europa |
El tema de la ampliación
dominó la política europea de los años siguientes. Los países de la
Europa central y oriental, así como Chipre, Malta y Turquía, tenían
situaciones económicas y políticas muy diferentes, lo que coloca a la
Unión Europea ante retos institucionales y políticos sin precedentes.
La primera necesidad que se
planteó a la UE fue la de la reforma de unas instituciones que no podían
ser válidas para la nueva Unión que iba a venir tras la adhesión. Esta
reforma planteaba importantes desencuentros entre los estados miembros: la
composición de la Comisión, el voto ponderado de cada país, los poderes
del Parlamento.
Para solventar esas diferencias se convocó una Conferencia
Intergubernamental (CIG) que debería culminar en una cumbre en Niza a
fines del 2000.
El gran problema de fondo era
el atraso y las dificultades económicas de estos países, lo que hacía que,
pese a los enormes esfuerzos emprendidos por los PECO, su integración en
la Unión sea una tarea extremadamente delicada, ya que repercutirá en
los diversos fondos y políticas (Fondos Estructurales y de Cohesión, PAC) que
conconformaban la política de la Unión.
Ya desde 1989, la UE aprobó
un programa de ayuda financiera (programa PHARE), y, desde 1991, se
comenzaron a firmar los primeros acuerdos de asociación, denominados Acuerdos
europeos con los países aspirantes a la adhesión.
El Consejo Europeo de
Copenhague de 1993 calificó de legítimas las aspiraciones de los PECO a
integrarse en la Unión Europea. Europa no podía entenderse sin estos
países. Es destacable como allí no se habla de "acceder" a la
UE, sino de "volver a Europa" tras el período comunista.
En
este Consejo se acordaron unos criterios
de adhesión que los aspirantes debían cumplir:
-
existencia de
instituciones estables garantes de la democracia, la primacía del
Derecho, el respeto de las minorías y su protección (criterio
político),
-
contar con una economía
de mercado viable y con la capacidad de hacer frente a la presión de
la competencia y a las fuerzas de mercado en el interior de la Unión
Europea (criterio económico),
-
capacidad de asumir las
obligaciones que se derivan de la adhesión y, en concreto, la de
suscribir los objetivos de la Unión política, económica y monetaria
(criterio de la asimilación del acervo comunitario).
En el
Consejo de Madrid de 1995 comenzaron a aflorar problemas de fondo: ¿Cómo
iba a afectar la ampliación en las políticas comunitarias: PAC, Fondos
estructurales y de cohesión, financiación de la Comunidad? ¿Cuál
sería su repercusión para los países miembros que más se benefician de
esos fondos y políticas, como es el caso de España? La Agenda
2000, aprobada en 1997, fue, en parte, la propuesta de reformas que se
dio a estos interrogantes.
En
otro orden de cosas, en los países más ricos de la Unión se empezó a
temer que, con la libre circulación de personas, tras la adhesión de los
PECO se produjera una verdadera avalancha de inmigrantes. Este miedo ha
propiciado la fortaleza de partidos xenófobos de extrema derecha como el
partido de Haider en Austria.
En
1997, la Comisión Europea, en
la denominada Agenda 2000,
publicó sus dictámenes sobre las solicitudes de adhesión de Bulgaria,
Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, la
República Checa y Rumania. Estos dictámenes se elaboraron partiendo de
los criterios de Copenhague. La Comisión propuso una primera tanda de
ampliación que incluye a cinco países: Eslovenia, Estonia, Hungría,
Polonia y la República Checa. Las negociaciones con Chipre se iniciarán
seis meses después de finalizada la Conferencia intergubernamental. La
situación de los demás países debía volverse a examinar cada año.
Este dictamen lógicamente provocó una gran polémica en los países
excluidos de este grupo de "países avanzados".
Ante las dificultades
económicas de todos estos países, especialmente en el terreno industrial
y medioambiental, la Agenda 2000
estableció ayudas financieras, concretadas posteriormente en el Consejo
europeo de Berlín de 1999, en apoyo al proceso de preadhesión de los
países candidatos. La ayuda de preadhesión que se concederá a los
países candidatos de la Europa central y oriental a partir del año 2000
se cifrará en principio a 21 millardos de euros para el periodo entre los
años 2000 y 2006 y constará de tres grandes capítulos, a saber:
-
programa PHARE: 10,5
millardos de ecus (1,5 millardos de euros al año). Desde 1997 se ha
centrado sobre las dos prioridades esenciales vinculadas a la
adopción del acervo comunitario: la capacidad institucional y
administrativa de los países candidatos (30% del presupuesto) y la
financiación de las inversiones en infraestructuras (70%
-
una ayuda al desarrollo
agrario, el denominado Instrumento Agrícola de Preadhesión (SAPARD),
de 3,5 millardos de euros (500 millones de euros al año);
-
una ayuda denominada
Instrumento Estructural de Preadhesión centrada infraestructuras,
especialmente en los ámbitos del transporte y del medio ambiente.
Además, esta ayuda hará posible que los países en cuestión se
familiaricen con las modalidades de puesta en práctica de los
Fondos
estructurales y de cohesión.
En
1998 se establecieron con los PECO aspirantes a la adhesión las
denominadas Asociaciones para la Adhesión cuyo objetivo es coordinar las
ayudas entregadas y fijar las prioridades para la adaptación a la
legislación comunitaria. Chipre sigue un modelo distinto.
Ese
mismo año se iniciaron las negociaciones de adhesión con Chipre,
Eslovenia, Estonia, Hungría, Polonia y la República Checa.
A esas alturas la adhesión de Turquía, Malta y Chipre no estaba
aún clara. La dos islas mediterráneas superarán sus dificultades y se unirán a
la Comunidad en el 2004. El caso turco, pese a la "luz verde" dada ese mismo
año para la apertura de negociaciones, parece que llevará más tiempo y
dificultades.
