Desde el Tratado de Niza a
la Constitución Europea (2001-2004)


De Niza a Laeken

En el mismo momento en el que se llegaba al acuerdo político sobre el Tratado de Niza, en diciembre del año 2000, el Consejo Europeo, consciente de las limitaciones del texto acordado en la ciudad francesa, concluyó un acuerdo sobre la revisión de los Tratados. Se trataba de continuar el proceso de adaptación de las instituciones a la nueva Unión que surgiría de la ampliación y de hacer que el nuevo tratado surgiera de un amplio debate en el que participara el mayor número de ciudadanos y agentes sociales.

Así, el Consejo Europeo aprobó una Declaración sobre el futuro de la Unión que se publicó como un anexo al Tratado de Niza.

Esa declaración marcaba los cuatro grandes temas sobre los que debía encauzarse el debate y la reflexión:

  • El establecimiento de una delimitación de competencias más precisa entre la Unión y los estados miembros, partiendo del principio de subsidariedad.

  • El status que se debía conferir a la Carta de Derechos Fundamentales proclamada en Niza.

  • La simplificación de los tratados, haciéndolos más claros y comprensibles para la ciudadanía.

  • El papel de los parlamentos nacionales en la construcción europea.

El año 2001 presenció la firma del Tratado de Niza en febrero. Este acontecimiento quedo, sin embargo, completamente oscurecido por los acontecimientos del 11 de septiembre en Nueva York. El brutal atentado terrorista contra el World Trade Center neoyorkino transformó de forma radical  el escenario internacional.

¿Cuál fue la reacción europea ante el ataque brutal a su aliado norteamericano? En principio, la solidaridad fue unánime y absoluta. Desgraciadamente, cada país buscó su propia forma de relacionarse con el gigante norteamericano golpeado. Cuando la administración Bush reaccionó al golpe recibido y comenzó a tomar decisiones claramente unilaterales, la aparente unidad europea se disolvió como un azucarillo. La PESC seguía siendo un proyecto de futuro.

Sin embargo, tal como es su costumbre, la Unión reaccionó ante la crisis marchando hacia adelante. En diciembre del 2001 el Consejo de la Unión reunido en Laeken adoptó una Declaración sobre el futuro de la Unión Europea, conocida como la Declaración de Laeken, que suposo un valiente paso adelante.

El Castillo de Laeken en Bélgica

Se aprobaba así una vieja reclamación de los círculos europeístas, la redacción de una Constitución de la Unión. Se trataba de dotar a la UE de un texto que la hiciera más democrática,  más transparente, más eficaz y más unida. En unos tiempos de grandes convulsiones mundiales, los líderes de la Unión optaron por dar una paso más adelante en el proceso de integración.

La Convención Europea y la ampliación de la Unión Europea

Para redactar la Constitución se acordaron dos pasos:

  • Se creó la Convención Europea, integrada por un centenar de representantes del Parlamento Europeo, los Gobiernos, la Comisión y los Parlamentos nacionales (también en el caso de los 12 países candidatos), que estaría presidida por el ex presidente francés Giscard D'Estaing. Esta Convención debería de elaborar un proyecto de Constitución.

  • La última palabra sobre las reformas que se debieran adoptar la tendría una Conferencia Intergubernamental (CIG) que debía de celebrarse entre el 2003 y el 2004. 

La Europa que acababa de estrenar el Euro el 1 de enero del 2002 se enfrentaba a un ambicioso desafío.

La Convención abrió sus puertas en febrero del 2002 y sus trabajos se prolongaron hasta julio del 2003. Tras arduos trabajos y largos debates, el foro presidido por el ex presidente francés presentó un proyecto de Tratado constitucional europeo. Las principales pegas las puso el gobierno español descontento con el nuevo reparto de poder acordado. El gobierno de Madrid se negó a perder la posición ventajosa en el Consejo de la UE que había conseguido en el Tratado de Niza.

Reunión de la Convención Europea

Durante las reuniones de la Convención, la Unión culminó su más ambiciosa apuesta, la adhesión de un gran número de antiguos estados de la Europa comunista. En la cumbre de Copenhague en diciembre del 2002, los 15 aceptaron convertirse en los 25. Diez nuevos países: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre se convertirían en miembros de pleno derecho de la Unión el 1 de mayo del 2004.

La solemne declaración firmada por los 25  e incorporada al Tratado de Adhesión que se firmó el 16 de abril del 2004 en Atenas afirmaba:

"Nuestra meta es una sola Europa (...) Es nuestra voluntad común hacer de Europa un continente de democracia, libertad, paz y progreso (...) La UE seguirá esforzándose por evitar nuevas líneas divisorias en Europa y por fomentar la estabilidad y la prosperidad dentro de nuestras fronteras de la Unión y más allá de ellas. Anhelamos trabajar juntos en nuestro empeño conjunto por alcanzar ese objetivo".

El difícil acuerdo sobre la Constitución

Antes de la histórica ceremonia de Atenas, la Conferencia Intergubernamental (CIG), compuesta por los estados miembros y los que estaban a punto de adherirse, inició sus trabajos el 4 de octubre del 2003 bajo la presidencia italiana de la Unión.

Inauguración de la CIG en octubre del 2003

Muy pronto surgió el mismo problema que ya había aparecido en la Convención. El gobierno español, secundado por el polaco, se resistió a perder la cuota de poder alcanzada en Niza. La nueva propuesta de la Convención, negociada y renegociada entre los gobiernos, alejaba al gobierno de Madrid de la influencia de los "grandes": Alemania, por delante de todos, Francia, el Reino Unido e Italia.

El impasse lo vino a romper la brutal aparición del terrorismo islámico en Madrid el 11 de marzo del 2004.

Ante la amenaza común los países europeos reaccionaron limando sus diferencias y acelerando el proceso de integración. A ello vino a ayudar la victoria socialista en las elecciones españolas celebradas el 14 de marzo, sólo tres días tras la tragedia madrileña. El nuevo líder español, Rodríguez Zapatero aportaba un talante más dialogante y proeuropeo, y más alejado de Washington, que su predecesor Aznar.

Los fastos de la "reunificación europea" con la entrada de los diez nuevos países miembros de la Unión reforzaron aún más el impulso en búsqueda de un acuerdo sobre la futura Constitución.

Por otro lado, un factor negativo, la baja participación en las elecciones europeas de junio, sirvió de acicate para que los políticos europeos pusieran fin a sus continuas negociaciones y llegaran a un acuerdo.

Finalmente, el 19 de junio del 2004, tras tensas y largas negociaciones, los líderes europeos alcanzaron el consenso sobre una nueva Constitución Europa para 455 millones de habitantes de 25 diferentes países.

El 30 de octubre, en la misma sala del Capitolio romano donde se firmó el Tratado de Roma en 1957, los líderes europeos firmaron solemnemente la primera Constitución Europea de la historia. Se iniciaba el largo y complejo proceso de su ratificación.