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La Unión recupera la esperanza
W. O. - Dublín
EL PAIS | Internacional - 21-10-2002
La victoria del sí a Niza en Irlanda supone el regreso a la normalidad de un
país que siempre estuvo en la vanguardia del europeísmo. Celosos de su
independencia frente a al Reino Unido, los irlandeses apostaron siempre por
Europa, y prueba de ello fue su decisión de entrar en el euro pese a la enorme
influencia que la libra esterlina tiene en su economía.
Irlanda, que ha basado su desarrollo económico en su pertenencia a la UE,
sorprendió a tirios y troyanos cuando en junio de 2001 votó en contra del
Tratado de Niza. '¿Por qué?', gritaron los socios y la Comisión Europea.
'¿Cómo es posible que Irlanda reniegue de un tratado que abre las puertas a la
ampliación a Europa del Este?', se preguntaron.
'Porque el Tratado de Niza consagra el predominio de los grandes países y
acabará con la legendaria neutralidad de Irlanda', proclamaron los defensores
del no. El Gobierno, legitimado para convocar un segundo referéndum por la
bajísima tasa de participación del primero, inferior al 35%, empezó a analizar
las causas del no. Había, en efecto, un temor a la primacía de los países
grandes sobre los pequeños, a que la neutralidad de Irlanda quedara afectada,
pero también a que la ampliación de la UE provocara una invasión de hordas
extranjeras que provocarían el paro y el caos social. El trabajo de la extrema
derecha xenófoba había tenido prédica en el electorado.
Gobierno y oposición, espoleados por la mala conciencia de haberse
desentendido del referéndum de 2001 -porque lo creían ganado y porque se
guardaron el dinero para las generales de este año- se han empleado a fondo
esta vez. El mensaje ha sido que sin Europa peligra el futuro de Irlanda, que
la mitad de su empleo depende de la UE y que un país que tanto ha aprovechado
las ayudas europeas no podía cerrar las puertas a los países del Este. Irlanda
y Europa recuperaron ayer la esperanza en el futuro.
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