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Alemania y Francia pactan la supresión
del veto en la política exterior de la UE
La propuesta de presidencia europea estable de París y Berlín divide a los
comunitarios
CARLOS YÁRNOZ - Bruselas
EL PAÍS | Internacional - 16-01-2003
El pacto entre París y Berlín para rediseñar la Unión Europea puso ayer de
manifiesto que el eje franco-alemán, esencial para la construcción europea, se
ha revitalizado con gran energía cuando más lo necesita la UE, volcada en un
profundo proceso de renovación por estar a las puertas de la mayor ampliación
del club a 25 Estados a partir de 2004. Un punto clave de la propuesta
consiste en poner fin a la práctica del veto en los asuntos de política
exterior común de la Unión. Sólo las cuestiones que afecten a la seguridad y
la defensa se adoptarán por unanimidad y, por tanto, con derecho a veto. "En
materia de política exterior y de seguridad común, las decisiones se tomarán,
en general, por mayoría cualificada", se indica en el apartado 5º de la
propuesta relativo a "La Acción Exterior de la Unión". El pacto alcanzado el
pasado martes en París entre Jacques Chirac y Gerhard Schröder, perfilado
definitivamente anoche en las capitales de ambos países, rompe así con uno de
los puntos más sensibles hoy en la construcción europea debido a las distintas
sensibilidades que unos y otros países tienen ante los principales
acontecimientos o crisis internacionales.
El recurso al veto ha hecho imposible, por ejemplo, que la UE haya logrado en
numerosas ocasiones posiciones comunes ante graves problemas como la crisis de
Oriente Próximo. Sólo las cuestiones de seguridad y defensa quedan al margen.
En las demás, "si un Estado miembro invoca un interés nacional para oponerse a
una decisión, el ministro europeo de Asuntos Exteriores será invitado a buscar
con él una solución; si no se alcanza un acuerdo, el presidente del Consejo
Europeo hará lo propio; si no encontrara una solución, el Consejo Europeo
asumirá la cuestión teniendo en cuenta una decisión por mayoría cualificada".
Intentan evitar así Chirac y Schröder que la Política Exterior y de Seguridad
Común (PESC) quede absolutamente paralizada y estancada cuando en 2004 la
Unión haya 25 Estados, cada uno de los cuales con intereses tan divergentes
como pueden tener Malta, Reino Unido, Eslovaquia o Francia. Por eso, la
iniciativa fue acogida favorablemente en el Consejo de la Unión y entre los
colaboradores del actual alto representante de la Unión, Javier Solana.
Con menos entusiasmo, sin embargo, se acogió en el Consejo la propuesta
franco-alemana para fusionar en un solo cargo el del alto representante y el
de comisario de Asuntos Exteriores, actualmente el británico Chris Patten. El
nuevo puesto tendría su sede en el Consejo, pero gozaría igualmente de "un
estatuto especial" en la Comisión. Solana y Patten ya han rechazado
reiteradamente esa fórmula. Solana preferiría un solo puesto, pero con sede
única en el Consejo. Sin embargo, y con la fórmula franco-alemana, ese
ministro de Exteriores de la Unión se vería laminado si la representación
exterior de la UE corresponde al futuro presidente de la UE.
Londres, que ayer saludó la iniciativa global franco-alemana, pondrá
probablemente problemas a la iniciativa para acabar con el veto en política
exterior y, sin duda, será ése uno de los principales asuntos a debatir en la
pospuesta cumbre franco-británica que se celebrará el próximo día 4.
Pero es la creación de la figura de un presidente estable del Consejo Europeo
(los máximos líderes europeos) la iniciativa que ayer levantó más polémica.
"Como la Comisión el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo debe ser dotado de
una presidencia estable", reza el documento franco-alemán que hoy estará ya
depositado en la Convención sobre el futuro de Europa. "En una Europa
ampliada, es indispensable dar una continuidad, una estabilidad y una
visibilidad a la dirección del Consejo Europeo".
"El Consejo Europeo", añade, "elegirá su presidente por mayoría cualificada
por una duración de cinco años o de dos años y medio renovables". La fórmula
no sólo no satisface a los países pequeños, que siempre la han rechazado, sino
tampoco a la Comisión Europea. El Ejecutivo europeo cree que perderá poder,
sobre todo su presidente, ante otro presidente europeo de mayor nivel. Según
el pacto franco-alemán, el presidente del Consejo Europeo tendrá como
funciones la de "presidir y moderar" las reuniones periódicas de los líderes y
"representar a la Unión en la escena internacional durante los encuentros de
los jefes de Estado o de Gobierno".
Romano Prodi, presidente hoy de la Comisión, ya advirtió el pasado 8 de
noviembre en una entrevista con EL PAÍS al hablar de un posible presidente de
la Unión: "Tener un poder compartido entre dos polos originará una parálisis
en la Unión. Es una idea contraria al espíritu de la UE, a la eficacia, a una
Unión fuerte". Por eso, ayer sus portavoces se apresuraron a decir que
Bruselas ve "problemas potenciales en el hecho de tener dos centros de poder".
La Comisión y el propio Prodi sí han recibido plena satisfacción en el pacto
franco-alemán en el apartado relativo a la elección del presidente del
Ejecutivo comunitario. Chirac y Schröder sostienen ahora que debe ser elegido
directamente por el Parlamento, aunque ratificado por mayoría en el Consejo.
Ha sido el principal precio pagado por París a cambio de que Berlín aceptara
la idea del presidente del Consejo Europeo. Aunque el candidato a presidir la
Comisión sería propuesto por los líderes europeos de acuerdo con los
resultados de las elecciones a la Eurocámara, ésta lo elegiría directamente y
respondería directamente ante ella y ante el Consejo.
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