La Unión Europea: el proceso de integración y la ciudadanía europea
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La Convención del Futuro de Europa abre el debate sobre quién manda en la UE
Giscard d'Estaing advierte del peligro de 'desmembramiento' si el foro fracasa

CARLOS YÁRNOZ - Bruselas

EL PAIS | Internacional - 03-03-2002


Medio siglo después de su nacimiento, y a las puertas de su gran ampliación al Este, la Unión Europea afronta el reto de una reforma radical. Pero el arranque, el pasado jueves, de los trabajos de la Convención sobre el Futuro de Europa ha desatado ya el debate sobre quién debe mandar en la UE y cómo hay que repartir el poder. Las posiciones son tan encontradas que será difícil lograr el consenso que busca el presidente de la convención, Giscard d'Estaing. Si ese foro fracasa, la Unión 'se vería ante la amenaza de su desmembramiento', como ha avisado ex presidente francés.

El reto es doble. Las reglas para tomar decisiones, concebidas para un reducido grupo de socios, ya no servirán en una Unión con 25 Estados. Además, los socios deben aclarar si quieren o no avanzar más hacia la unión política tras lograr las principales metas de la unión económica. En ambos casos, apunta Íñigo Méndez de Vigo, miembro del Presidium de la Convención, se trata de dilucidar 'un nuevo reparto de poder' al responder a la pregunta de '¿quién hace qué en Europa?', tantas veces repetida estas semanas.

Los métodos para tomar decisiones, con el abuso de los Estados del derecho al veto, 'se han hecho tan complejos que la opinión pública no los entiende', como acusó el jueves Giscard. Tras la ampliación, prevista para 2004, 'el sistema será inmanejable', insiste el presidente de la Comisión, Romano Prodi.

El problema afecta al Consejo de la UE, donde están representados los Estados, y a la Comisión. Por boca de su ministro de Exteriores, Jack Straw, Londres ha propuesto formar un 'directorio' de países, los grandes, que se encargarían de llevar las riendas de la UE, una idea no mal recibida en París o Berlín, pero que asusta a los pequeños. 'Nos quedaríamos marginados', protestó el primer ministro finlandés, Paavo Lipponen. El vicepresidente español Rodrigo Rato asegura que no hay más directorio que el de los países de la zona euro, pero fuentes oficiales españolas no rechazan la fórmula siempre que Madrid figure en ese núcleo duro.

Desde Berlín, Roma, Londres, e incluso París, se ha dejado clara la intención de los grandes de aprovechar el proceso abierto por la Convención para recuperar competencias en manos de la Comisión, especialmente las que maneja el poderoso comisario Mario Monti, que cada año impone multas de miles de millones de euros a los Estados o prohíbe grandes fusiones al aplicar las estrictas reglas comunitarias de la libre competencia. En pleno periodo preelectoral, el canciller alemán, Gerhard Schröder, ataca a Bruselas en esa línea para reforzar sus posiciones, mientras la Comisión ha llevado esta semana al Tribunal de la UE a los Quince por abuso de poder.

Mientras, algunos dirigentes parecen haber cambiado sus papeles. Así, Prodi se ha mostrado dispuesto a ceder competencias a los Estados, en un gesto duramente criticado en su propia casa. José María Aznar, cuya posición sobre el futuro de la UE sigue siendo indescifrable, defiende que es la Unión la que debe absorber más competencias de los Estados, obligado a abandonar ese doble discurso de pedir mayor integración europea contra el terrorismo, por ejemplo, sin apoyar tanto otras iniciativas para avanzar hacia una política exterior común o de defensa.

Pero la principal incógnita que debe resolver en un año la Convención, y en último término, los Estados en 2004, consiste en decidir cómo será la UE en 2010 o 2020, qué papel jugará en el mundo, cuál será el nivel de soberanía que tendrán los Estados, o si los europeos tendrán una Constitución, un Gobierno económico o un presidente de Comisión elegido directamente junto a otro presidente de la Unión designado por los Estados.

'No vamos a crear los Estados Unidos de Europa', avisa Jean-Luc Dehaene, vicepresidente de la Convención. 'La noción de los Estados Unidos de Europa es más seductora que la de Federación de Estados-nación', rectifica ahora el ministro francés Pierre Moscovici, que hace unos meses hubiera sido acusado en Francia de traición a la patria. Giscard afirma que centrará la discusión entre 'el modelo federal' defendido por Berlín y la 'federación de Estados nacionales' tradicionalmente sostenida por París.

La batalla durará dos años y sus protagonistas negocian ya las alianzas. Los que prefieren ahondar casi en exclusiva en las ventajas económicas de la Unión, como Blair, Aznar, el italiano Silvio Berlusconi o los nórdicos, ya han enseñado algunas cartas comunes. Enfrente, Giscard y la mayoría de los 12 miembros del Presidium, como buena parte de los líderes socialdemócratas europeos, apuestan por una Europa más fuerte y unida, con voz propia en el mundo, convertida en 'un amplio espacio de libertad y oportunidades' en el que por fin puedan 'reconciliarse la historia y la geografía', en palabras del ex presidente francés.

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Profesor de Geografía e Historia
I.E.S. Parque de Lisboa 
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