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Aznar, Giscard d'Estaing y Prodi apuestan por una
Constitución Europea
El presidente de la Comisión advierte contra el poder de los Estados 'más
grandes, más fuertes o más antiguos'
CARLOS YÁRNOZ - Bruselas
EL PAIS | Internacional - 01-03-2002
Mientras 304 millones de europeos enterraban ayer sus viejas monedas, en
Bruselas nacía la plataforma que pone en marcha una revolucionaria
transformación de la Unión Europea. La Convención sobre el Futuro de Europa,
integrada por 105 representantes de 28 Estados, arrancó en un solemne acto
presidido por José María Aznar, presidente de turno de la Unión. Junto a él,
los presidentes de la Convención y de la Comisión, el francés Valery Giscard
d'Estaing y el italiano Romano Prodi, respectivamente, apostaron por una
Constitución Europea. Los tres destacaron los desequilibrios de poder entre la
UE y los Estados.
Fue Giscard quien pronunció el discurso más europeísta, hasta el punto de
que concluyó con un 'Viva Europa', seguido del unánime aplauso de los
asistentes a la reunión celebrada en el Parlamento Europeo. Tras asegurar que
'es difícil de creer' el camino recorrido desde los Jean Monnet, Konrad
Adenauer, Paul-Henri Spaak y Alcide de Gasperi, puso como ejemplo que hace 60
años nadie hubiera soñado ver sentados juntos a británicos, franceses o
alemanes y mucho menos, sólo hace 15 años, hacerlo con rumanos, húngaros o
checos, como ocurrió en Bruselas. La apuesta más clara de Giscard fue la
Constitución europea. 'Si lográramos un amplio consenso sobre una propuesta
única, abriríamos la puerta a una Constitución para Europa'. Acto seguido, y
para no amargar la tarde a británicos o nórdicos, que no asumen tales tesis,
propuso hablar a partir de ahora de 'un Tratado constitucional para Europa'.
Prodi lo dijo sin matices: 'Tenemos que dotarnos de una Constitución que
marque el nacimiento de la Europa política'. También Aznar, con un énfasis
menor, hizo referencia a esa aspiración al referirse en dos ocasiones a la 'constitucionalización'
de la UE respetuosa con las legislaciones de los Estados. 'Es el derecho
comunitario', añadió, 'que la Declaración de Laeken describe como el camino
hacia una Constitución para los ciudadanos europeos'. El presidente de la
Eurocámara, el irlandés Pat Cox, definió la Convención como 'un foro
constitucional' y recordó que el Parlamento ya votó en 2000 a favor de 'una
constitucionalización de los Tratados'.
En lo que hubo menos unanimidad fue en el diagnóstico del actual estado de
la Unión y las fórmulas futuras. Para Giscard, un fracaso de la Convención
contribuirá 'a la actual confusión del proyecto europeo', porque la UE ya
sufre 'un estancamiento' por 'el debilitamiento de la voluntad política' y,
sobre todo, 'por la dificultad de conjugar un fuerte sentimiento de
pertenencia a la UE y el mantenimiento de una identidad nacional', un problema
que puede agravarse con la prevista ampliación. Por el contrario, Aznar
aseguró no compartir 'las opiniones que perciben una crisis existencial en el
proceso de integración'. Prodi aprovechó su turno para meterse en mayores
complicaciones con una de cal y otra de arena. En una implícita alusión a su
pulso frente a los Estados, advirtió que la casa común europea 'no puede
edificarse sobre la ley que marquen unos pocos porque sean más grandes, más
fuertes o más antiguos del club'. Pero también tranquilizó a varios de esos
grandes y fuertes al precisarles que la ambición europea 'no es construir un
superestado'. Aún tranquilizó más a Londres, Berlín o Roma cuando, tirando
piedras a su tejado, afirmó que 'misiones y competencias que hoy corresponden
a la Unión pueden y deben reconsiderarse y devolverse a los Estados miembros'.
La frase debió incomodar bastante a Aznar, porque sólo unos minutos antes el
presidente español había dejado claro que un principio básico de la
integración europea 'es la progresiva asunción, por parte de la Unión, de
políticas que hasta ahora recaían en la exclusiva esfera estatal'.
Fue una vez más Giscard el más equilibrado cuando resumió los puntos
neurálgicos en los que centrará los debates: la organización de las
instituciones europeas; la apuesta por un modelo federal, como defienden
dirigentes alemanes; la vía de la Federación de Estados-nación, defendida
especialmente en París, y la reforma del método de comunitario. Pero las
discrepancias o matizaciones de ayer sólo reflejan las existentes entre los
socios del club y la Convención se crea para encontrar vías asumibles por
todos. Por eso, y porque el proyecto europeo debe volver a ilusionar a los
ciudadanos, Giscard animó a todos a soñar con Europa. Cox también lo hizo
propio citanto al premio Nobel de Literatura irlandés William Butler Yeats:
'He esparcido mis sueños a tus pies; písalos con cuidado, porque son mis
sueños'.
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