El Acta
Única (1986)
El
Acta Única Europea, aprobada en 1986 y en vigor desde el 1 de enero de
1987, supuso la primera modificación de los tratados fundacionales de
las Comunidades Europeas, es decir, el Tratado de Paris de 1951 creando
la CECA, y los Tratados de Roma instituyendo la CEE y el EURATOM.
Jacques
Delors, presidente de la
Comisión, resumió de la siguiente manera los
principales objetivos del Acta Única:
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Jacques
Delors, presidente de la Comisión Europea (1985-1995) |
"El
Acta Única es, en una frase, la obligación de realizar
simultáneamente el gran mercado sin fronteras, más la cohesión
económica y social, una política europea de investigación y
tecnología, el reforzamiento del Sistema Monetario Europeo, el
comienzo de un espacio social europeo y de acciones significativas en
materia de medio ambiente".
Estas
son las principales novedades que introdujo el Acta Única:
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En
el terreno institucional, consagra la existencia del Consejo
Europeo, es decir, la reunión periódica de Jefes de Estado y
de Gobierno, como el organismo donde tienen lugar las grandes
negociaciones políticas entre los estados miembros y se toman las
grandes decisiones estratégicas. El Parlamento
Europeo vio también ligeramente reforzados sus poderes.
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La
principal medida quedaba recogida en el el siguiente artículo:
"la comunidad adoptará medidas encaminadas al progresivo
establecimiento del mercado único durante un período que
concluirá el 31 de Diciembre de 1992 ... (lo que significará) un
área sin fronteras en el que el libre movimiento de bienes,
personas, servicios y capital esté asegurado". Esta ambiciosa
aspiración, concretada en 282 medidas concretas, fue ampliamente
alcanzada en el plazo previsto. El mercado común se hacía un
completa realidad.
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Se
arbitraron medidas para coordinar la política monetaria de los
estados miembros, preparándose el camino hacia el objetivo de la
Unión económica y monetaria.
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Por
último, el Acta Única aprobó diversas iniciativas para promover
una integración en el terreno de los derechos sociales (salud y
seguridad de los trabajadores), la
investigación y tecnología, y el medio ambiente.
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Para
conseguir el objetivo de una mayor cohesión económica y social
entre los diversos países y regiones de la Comunidad se acordó la
reforma y el apoyo financiero a los denominados Fondos
estructurales (Fondo Europeo de
Orientación y Garantía Agrícolas (FEOGA), Fondo Social Europeo
(FSE) y
del Fondo Europeo de Desarrollo
Regional (FEDER), ya creado en el Tratado de Roma.
El camino
hacia el Tratado de la Unión Europea (1986-1992)
El
Acta Única Europea supuso un importante impulso en el proceso de
integración. El protagonista había sido el presidente de la Comisión Jacques
Delors. Este socialista francés no solo promovió la Unión
económica y monetaria, como elemento clave en el proceso de
integración, sino que, para equilibrar los avances de la unidad
comercial que beneficiaban directamente a los empresarios, propuso la
aprobación de una Carta Social
que garantizara unos niveles mínimos sociales a todos los trabajadores
europeos.
Toda
la política de Delors resultaba totalmente contraria a las posturas de
la "premier" británica Margaret
Thatcher. La líder conservadora británica había protagonizado,
junto al Presidente norteamericano Ronald Reagan, lo que se ha
denominado la "revolución neoliberal": menor intervención
del estado en la economía y en la protección social, desregulación de
los sectores económicos, disminución del poder de los sindicatos,
reducción de impuestos... Además, ya desde la primera mitad de los
ochenta, la "Dama de Hierro" había destacado por su política
contraria a los avances en la integración europea y a la creación de
un poder europeo, batallando por conseguir reducir la aportación
británica al presupuesto comunitario.
En
un célebre discurso, pronunciado en el Colegio de Europa de Brujas
(Bélgica) el 20 de septiembre de 1988, Margaret
Thatcher concretó su postura "euroescéptica":
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Margaret
Thatcher, Primera Ministra de Gran Bretaña
(1979-1990) |
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"Tratar
de suprimir el concepto de nación y tratar de concentrar el poder en
un organismo europeo sería muy perjudicial (...) No necesitamos
nuevas regulaciones que eleven el coste de la mano de obra y que hagan
al mercado de trabajo menos flexible y competitivo que el de nuestros
proveedores extranjeros (...) En Gran Bretaña lucharemos contra los
intentos de introducir colectivismo y corporativismo a nivel europeo -
aunque la gente quiera hacer en su propio país es asunto suyo"
La
respuesta de Jacques Delors se
produjo un año después en el Colegio de Europa de Bruselas. Ante los
acontecimientos que, ante el asombro general, estaban teniendo lugar en
la Europa central y oriental en ese año clave de 1989, el presidente de
la Comisión llamó a acelerar el proceso de integración europeo:
"La
historia se está acelerando y nosotros debemos hacerlo con
ella..."
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La
Caída del Muro de Berlín
(9 Noviembre 1989) |
El
político francés tenía la ventaja de estar observando en aquel
momento uno de los fenómenos históricos clave del siglo XX: el
derrumbamiento de los sistemas comunistas en los países de Europa
central y oriental -las antiguas "democracias populares"-,
cuyo símbolo fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de
1989, y la crisis de la Unión Soviética que culminaría con la caída
del régimen comunista y la desintegración del propio estado en 1991.
Ese mismo año la ruptura de Yugoslavia trajo de nuevo la guerra al
viejo continente, tras un período de paz que se había prolongado desde
1945.
La
primera consecuencia que trajo para Europa fue la reunificación de
Alemania en octubre de 1990. La República Federal Alemana, con 80
millones de habitantes y el 30% del PNB de la CEE, se convertía
en una potencia que superaba ya claramente a Francia y a Gran Bretaña
en poderío económico.
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La
Unificación de Alemania (3 de octubre de 1990) |
El
presidente francés, François
Mitterand, receloso ante una posible vuelta a una política
hegemónica de Alemania en Europa, decidió apoyar un nuevo impulso al
proceso de integración europeo como medio para "anclar" a
Alemania en Europa. El canciller alemán, Helmut
Kohl, hizo lo propio para vencer la desconfianza con que se veía en
París y Londres a la Alemania reunificada. El impulso hacia una mayor
integración europea fue el único modo de que Alemania empezara a
proyectar su peso político en el escenario internacional sin suscitar
temor y hostilidad.
El
"vacío de poder" que se creó en la Europa central y oriental
con la caída del comunismo y el derrumbamiento de la URSS, hizo que la
CEE se erigiera como una organización que garantizaba estabilidad en
medio de una Europa convulsa. De hecho, las nuevas democracias surgidas
de la caída del comunismo se precipitaron a iniciar negociaciones
para la adhesión a la Comunidad.
Un
último elemento que debemos tener en cuenta es la inestabilidad
financiera y monetaria que caracterizó el período. El "crash"
bursátil de 1987 que afectó a las principales bolsas mundiales y los
problemas del Sistema Monetario Europeo que terminaron por estallar en
1992 (la libra esterlina y la lira italiana tuvieron que salir del SME,
y la peseta y el escudo portugués se vieron forzados a la devaluación)
fueron también factores que intervinieron para impulsar a los
líderes políticos europeos a dar un paso decisivo en la marcha hacia
la unidad europea.
Todos
estos factores confluyeron para dar el gran paso adelante que supuso el
Tratado de la Unión Europea.
En
1989, a instancias de Delors, se
convocó una Conferencia Intergubernamental (CIG)
para tratar la adopción definitiva de la Unión
monetaria y económica. En 1990, se convocó otra CIG para estudiar
constitución de una Unión política.
El
papel del denominado eje franco-alemán fue de nuevo clave. En un
mensaje conjunto, Helmut Kohl y François
Mitterand, afirmaron lo siguiente en 1990:
"...juzgamos
necesario acelerar la construcción política de la Europa de los
Doce. Pensamos que es el momento de transformar el conjunto de las
relaciones entre los Estados miembros en una Unión Europea y dotarla
de los medios de acción necesarios".
Tras
casi tres años de debates, en muchos casos circunscritos a las altas
esferas políticas y sin la transparencia que la opinión pública
europea demandaba, finalmente el Consejo
Europeo celebrado en Maastricht el 9-10 de diciembre de 1991,
aprobaba el Tratado de la Unión Europea, popularmente conocido como
"Tratado de Maastricht". El Tratado fue firmado y entró en
vigor el 7 de febrero de 1992.