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Los orígenes del conflicto yugoslavo


Manifestantes nacionalistas serbios
portando imágenes de Slobodan Milosevic

 


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Textos
Inicios del siglo XX | Primera Guerra Mundial | Entreguerras 1919-1939 | Segunda Guerra Mundial | La Guerra Fría | El Fin de la Guerra Fría


La intervención de los Doce, aunque no tenga un éxito total, no habrá sido en vano. Croatas, eslovenos y serbios tendrán tres meses para conciliar sus puntos de vista sobre el futuro de Yugoslavia. También los occidentales tendrán tres meses para armonizar su postura sobre «el polvorín de los Balcanes».

A mi entender, sus dudas —por no decir divisiones— frente a la pugna entre Bel grado y las dos repúblicas independentistas de la federación se basa en un malentendido.

Varios países de la Comunidad Europea, temiendo un contagio del separatismo en su propio suelo, se han mostrado obstinadamente aferrados a la fórmula de la unidad yugoslava y han considerado a croatas y eslovenos como unos aguafiestas asimilables a terroristas. No se ha tenido en cuenta que Yugoslavia no es un Estado nación comparable a los occidentales, con una unidad consagrada por la historia, y una legitimidad, por estructuras gubernamentales eficaces.

En efecto, creada tras la guerra de 1914, Yugoslavia —en parte formada por un conglomerado de restos de la monarquía austro-húngara y del imperio turco— es una formación multinacional reciente que jamás ha conseguido unir democráticamente a sus partes y que sólo se ha podido sostener gracias a la dictadura real y después a la comunista. El conflicto actual no es un conflicto entre un Gobierno federal de reconocida legitimidad y unos nacionalismos separatistas, extremistas e irresponsables, sino que ha surgido entre unos dirigentes nacional-comunistas serbios que controlan el Ejército y la policía federales —de hecho serbios—, decididos a someter a unos eslovenos y unos croatas que se han otorgado Gobiernos democráticos, se orientan hacia Europa y que, para continuar participando en el Estado, proponen su transformación en una confederación.

No se puede ignorar que ha sido la negativa de los serbios de Belgrado la que ha decidido a las dos repúblicas a dar el paso hacia un status de independencia. Así, el conflicto actual es, como demostraremos, ideológico, nacional, político y económico. (...)

Para entender mejor la situación actual, debemos retroceder al pasado. De todos los países de la Europa central y suroriental, Yugoslavia, una vez considerada modelo de socialismo independiente y relativamente liberal, ha sido la más gravemente afectada por la crisis general del sistema comunista. Y ello porque a la crisis económica y social se añaden tensiones de orden nacional (...)

En el origen del conflicto se encuentran divergencias económicas. Estaba en juego el control de los fondos de desarrollo gestionados por Belgrado y teóricamente destinados a nivelar las grandes desigualdades existentes entre el norte y el sur (...)

Por otra parte, los serbios —la nacionalidad más numerosa— se sentían en desventaja tras la aplicación de la última Constitución de Tito, la de 1974, cuyas medidas de des centralización habían dispersado a gran número de serbios en las otras repúblicas (...)

La frustración de los serbios era hábilmente explotada por el joven y fogoso dirigente comunista servio Milosevic, que veía en ella un instrumento eficaz para la salvación del régimen comunista (...)

Durante varios meses, la crisis se fue incubando. El boicoteo por parte de los dirigentes serbios a la elección como presidente de la federación del delegado de Croacia, Stipe Mesic, llevó al paroxismo el desacuerdo entre las repúblicas.

El jefe del Gobierno federal, Ante Markovic, un croata de sensibilidad unitaria y que tuvo el mérito de estrangular la hiperinflación de 1990, intentó una mediación a través de un proyecto que, conservando el status federal del país para los asuntos extranjeros, las finanzas y la defensa, proponía una ampliación de las competencias de las repúblicas. Sus tentativas fracasaron por la intransigencia de unos y otros. Las repúblicas eslovena y croata respondieron poniendo en marcha su intención ya anunciada de proclamar su soberanía, manteniendo su propuesta de creación de una confederación de Estados soberanos (...)

Los principales incidentes violentos estallaron en los dos enclaves serbios de Croacia, donde la población, armada por los nacionalistas de Belgrado, se declaró independiente del poder de Zagreb, expulsando a los policías croatas y poniendo barricadas en la carretera turística que lleva al Adriático. Acto seguido el Ejército sacó sus carros blindados y sus helicópteros de los cuarteles de Eslovenia para hacer entrar en razón a los independentistas (...)

Recordemos que fue en ese momento cuando los Doce decidieron intervenir. Era una buena ocasión para reparar la molesta impresión de impotencia dada por Europa durante la guerra del Golfo. Esta vez se trataba de arreglar un asunto europeo (...)

F. Fejtó
EL PAÍS
10 de julio de 1991.