He escrito este libro con el deseo de dirigirme a los pueblos; a los de la
URSS, de Estados Unidos y, de cualquier país (…)
He escrito este libro con la
fe en el sentido común de dichos ciudadanos. Estoy seguro de que ellos, al
igual que nosotros y esto es lo principal, están preocupados por el destino de
nuestro planeta. (...)
Perestroika no es un
tratado científico ni un panfleto propagandístico, aunque las opiniones,
conclusiones y enfoques analíticos que el lector hallará en el libro se basan,
desde luego, en premisas teóricas y valores bien definidos. Más bien consiste
en una colección de pensamientos y reflexiones acerca de la perestroika,
de los problemas que tenemos planteados, de la envergadura de los cambios
necesarios y de la complejidad, responsabilidad y singularidad de nuestra
época (...) Gran parte de él se ocupa del nuevo pensamiento político y de la
filosofía de nuestra política exterior. (...)
Actualmente, la
perestroika se halla en el foco de la vida intelectual de nuestra
sociedad, lo cual es lógico porque influye en el futuro de este país (...)
También los de más países socialistas demuestran un natural y pronunciado
interés en la reestructuración soviética. También ellos están atravesando un
difícil pero sumamente importante período de búsqueda en su evolución, ideando
y experimentando nuevas formas de acelerar el desarrollo económico y social.
El éxito de estos intentos dependen en gran medida de nuestra interacción, de
nuestras preocupaciones y empresas conjuntas (...)
No cabe duda de que la Unión
Soviética está viviendo un período crucial. El Partido Comunista realizó un
análisis crítico de la situación a la que se había llegado a mediados de los
años ochenta y formuló la política de la perestroika o
reestructuración, una política tendente a acelerar el desarrollo económico y
social del país y a re novar todas las esferas de la vida. El pueblo soviético
comprende y acepta esta política: la perestroika ha vivificado el
conjunto de la sociedad (...).
En Estados Unidos, como en
todo Occidente, existen diferentes interpretaciones de la perestroika.
Por ejemplo, se ha dicho que es una medida impuesta por la desastrosa
situación de la economía soviética y que implica un desencanto del socialismo
y una crisis de sus ideales y últimos objetivos. Nada más lejos de la verdad
que este tipo de interpretaciones, sean cuales fueran los motivos de quienes
las mantienen.
Desde luego, la
perestroika se ha visto considerablemente estimulada por nuestra
insatisfacción con el modo en que han ido las cosas en nuestro país en épocas
recientes. Pero el más importante de los elementos que la han inspirado ha
sido la comprensión de que no se estaba utilizando plenamente todo el
potencial del socialismo. Ahora, en el septuagésimo aniversario de la nuestra
Revolución, nos damos cuenta de ello con especial claridad (...)
Quiero advertir desde el
primer momento que la perestroika ha resultado más di fícil de lo que
imaginábamos en un principio. Hemos tenido que modificar muchas de nuestras
evaluaciones. Aun así, con cada paso adelante nos sentimos más convencidos de
que estamos en el buen camino y hacemos las cosas correctamente.
Hay quien afirma que han
sido los ambiciosos objetivos fijados por la perestroika en nuestro
país los que han motivado las propuestas de paz que hemos presentado
recientemente en los foros internacionales. Tal interpretación es demasiado
simple. Es un hecho bien sabido que la Unión Soviética trabaja desde hace
mucho tiempo por la paz y la cooperación, y ha presentado muchas propuestas
que, de haber sido aceptadas, habrían normalizado la situación internacional
(...)
Nuestra nueva forma de
pensar, sin embargo, va aún más lejos. El mundo está viviendo una atmósfera no
sólo de peligro nuclear, sino también de grandes problemas sociales sin
resolver, de nuevas tensiones provocados por la revolución
científico-tecnológica y la agudización de los problemas globales. (...). La
acumulación de armamentos, particularmente los nucleares, hacen cada vez más
probable que estalle una guerra mundial por accidente, casualmente, ya sea por
un fallo técnico o por causa psíquica. En tal caso serían víctimas todos los
seres vivos de la Tierra (...)
En una palabra, nosotros, en
la dirección soviética, hemos llegado a la conclusión y no nos cansaremos de
repetirla, de que es indispensable un nuevo pensamiento político. (...)
¿Cuál es el alcance del
nuevo pensamiento político? En realidad, este abarca toda la problemática
principal de nuestra época (...)
La política tiene que
basarse en realidades. Y la verdad más impresionante del mundo de hoy consiste
en la concentración de un colosal arsenal militar, incluido el nuclear, en
manos de Estados Unido y de la Unión Soviética. Esto impone a nuestros países
una especial responsabilidad ante todo el mundo. Impulsados por esta
conciencia, nos esforzamos sinceramente, por sanear las relaciones
soviético-norteamericanas, y deseamos alcanzar aunque sea el mínimo de
comprensión mutua indispensable para resolver los asuntos de los cuales
dependen los destinos del mundo.
Decimos sinceramente que son
inaceptables las aspiraciones hegemonistas y las pretensiones globalistas
(...)
No tenemos ninguna mala
intención hacia el pueblo norteamericano. Queremos y estamos dispuestos a
colaborar en todos los ámbitos. Pero la colaboración debe basarse en la
igualdad, la compresión y en el avance mutuos.
En ocasiones no sólo nos
defrauda, sino que también nos lleva a serias meditaciones el que nuestro país
sea percibido en Estados Unidos como un agresor, como «el imperio del mal»
(...).
El tiempo corre y podemos
perderlo. Hay que actuar. La situación no permite esperar el momento ideal: el
diálogo amplio y constructivo es necesario hoy (...).
Estamos lejos de pensar que
sólo nuestro enfoque es el veraz. No tenemos recetas universales, pero estamos
dispuestos a buscar, franca y honestamente, junto con Estados Unidos y los
demás países, las respuestas a todas las interrogantes, aún las más difíciles.
Gorbachov
La Perestroika y la Nueva Mentalidad
1988