En el mismo suelo que fue la escena de las misiones apostólicas de Alá en pro
de la humanidad, en la tierra de Palestina, vio la luz el pueblo árabe
palestino. Allí creció y se desarrolló, y allí creó su singular modo de
existencia humana y nacional basada en una relación orgánica, indisoluble y
continua entre el pueblo, la tierra y la historia.
Con épica
tenacidad, en ese mismo lugar y a lo largo del tiempo, el pueblo de Palestina
forjó su identidad nacional (...)
De una
generación a la siguiente, el pueblo árabe palestino no ha cejado en su
valiente defensa de la patria, y las sucesivas rebeliones de nuestro pueblo
han sido la encarnación heroica de su deseo de alcanzar la independencia
nacional.
En momentos
en que el mundo moderno estaba moldeando su nuevo sistema de valores, el
equilibrio de poderes existente en el ámbito local e internacional excluyó a
los palestinos del destino común, y una vez mas quedó demostrado que el
proceso de la historia no evoluciona solo impulsado por la justicia.
Por ello,
los grandes daños causados al pueblo palestino se vieron agravados cuando se
estableció una distinción deplorable: un pueblo privado de su independencia y
cuya patria fue sometida a un nuevo tipo de ocupación extranjera fue víctima
del intento de lograr que tuviera aceptación general la falacia de que
Palestina es «una tierra sin pueblo». Pese a este falseamiento de la historia,
la comunidad internacional, en el artículo 22 del Pacto de la Sociedad de las
Naciones de 1919, y en el Tratado de Lausana de 1923, reconoció que el pueblo
árabe palestino no era distinto de otros pueblos árabes que habían tomado
parte del Estado otomano y era un pueblo libre e independiente.
Pese a la
injusticia histórica que se cometió contra el pueblo árabe palestino que fue
desplazado y privado del derecho a la libre determinación como resultado de la
aprobación de la Resolución 181 (11) de la Asamblea General, de 1947, por la
cual se dividió a Palestina en un Estado árabe y un Estado judío, esa
resolución, que sigue no obstante disponiendo que la legitimidad
internacional, depende de que se garantice al pueblo árabe palestino el
derecho a la soberanía y la independencia nacional.
La ocupación
del territorio palestino y de algunas partes de otros territorios árabes por
las fuerzas israelíes, el desarraigo de la mayoría de los palestinos,
desplazados de sus hogares por medio de la intimidación organizada, y la
sujeción de la población restante a la ocupación, la opresión y la destrucción
de los rasgos distintivos de su vida nacional, constituyen una flagrante
violación de los principios de legitimidad y de la Carta de las Naciones
Unidas y las resoluciones que reconocen los derechos nacionales del pueblo
palestino, incluido el derecho de retorno y el derecho a la libre de
terminación, la independencia y la soberanía en el territorio de su patria.
En el
corazón de esa patria y en sus alrededores, en sus lugares de exilio cercanos
y distantes, el pueblo árabe palestino no ha perdido su inquebrantable fe en
su derecho a regresar ni la firme creencia en su derecho a la independencia.
La ocupación, las matanzas y los desplazamientos no han logrado despojar a los
palestinos de su conciencia y su identidad, ya que su épica lucha ha
continuado y su carácter nacional se ha seguido formando a medida que se
intensificaba la lucha.
La voluntad
nacional ha establecido su estructura política, que es la Organización de
Liberación de Palestina, única representante legítima del pueblo palestino,
reconocida por la comunidad internacional y representada en las Naciones
Unidas y sus instituciones (…)
El gran
levantamiento popular que sigue creciendo en magnitud en los territorios
ocupados, junto con la firmeza legendaria de la población de los campamentos
dentro y fuera de la patria, han hecho que la humanidad cobre conciencia de la
verdadera naturaleza de la cuestión palestina y de los derechos nacionales de
los palestinos y haya alcanzado una comprensión cabal y madura del problema;
todo ello ha puesto término definitivamente a toda una época de falsedades e
indiferencia y ha hostigado la mentalidad oficial israelí que se muestra tan
propensa a apelar a argumentos basa dos en la mitología y recurrir a la
intimidación en su denegación de la existencia de Palestina.
Con el
levantamiento, con la escalada de la lucha revolucionaria y con la experiencia
revolucionaria que se acumula dondequiera se libra esa lucha, la coyuntura
palestina llega a un momento sumamente crucial en su historia. El pueblo árabe
palestino afirma una vez más sus derechos inalienables y su exigencia de
ejercer esos derechos en tierra palestina.
En virtud
del derecho natural, histórico y legal del pueblo árabe palestino a su patria,
Palestína, y de los sacrificios que han hecho sucesivas generaciones para
defender la libertad y la independencia de esa patria. De conformidad con las
resoluciones de las Conferencias Arabes en la Cumbre y sobre la base de la
legitimidad internacional que se ha consagrado en las resoluciones de las
Naciones Unidas de 1947, y mediante el ejercicio por el pueblo árabe palestino
de su derecho a la libre determinación, la independencia política y la
soberanía en su territorio:
El Consejo
Nacional de Palestina declara, en nombre de Alá y del pueblo Arabe palestino,
la creación del Estado de Palestina en nuestro territorio palestino, cuya
capital es Jerusalén.
El Estado de
Palestina será para los palestinos, dondequiera estén, para que en él
desarrollen su identidad nacional cultural y en él disfruten de la plena
igualdad de derechos. Sus creencias religiosas y políticas y su dignidad
humana serán protegidas en ese Estado por un sistema parlamentario democrático
basado en la libertad de opinión, la libertad de formar partidos, el respeto
de la mayoría por los derechos de las minorías y el respeto de las minorías
por las decisiones de la mayoría, basado así mismo en la justicia social y la
igualdad, la no discriminación en los derechos civiles por motivos de raza,
religión o color, o entre hombres y mujeres, en virtud de una constitución que
garantice el imperio de la ley un poder judicial independiente, y sobre la
base de una auténtica fidelidad al antiquísimo patrimonio espiritual y
cultural de Palestina en lo que respecta a la tolerancia mutua, la
coexistencia y la concordia entre las religiones.
El Estado de
Palestina será un Estado Árabe y será parte integrante de la nación árabe, de
su patrimonio y civilización y participará en sus actuales esfuerzos
tendientes al logro de los objetivos de la liberación, el desarrollo, la
democracia y la unidad. Al afirmar su adhesión al Pacto de la Liga de los
Estados Arabes y su interés por fortalecer la acción Arabe conjunta, pide a
los miembros de la nación Arabe que le presten asistencia para consolidar el
proceso de su creación, mediante la movilización de sus capacidades y la
intensificación de los esfuerzos encaminados a poner fin a la ocupación
israelí.
El Estado de
Palestina declara su adhesión a los propósitos y principios de las Naciones
Unidas, a la Declaración Universal de Derechos Humanos y a la política y los
principios de la no alineación.
El Estado de
Palestina, al declarar que es un Estado amante de la paz, dedicado a los
principios de la coexistencia pacífica, se esforzará, junto con todos los
demás Estados y pueblos, por lograr una paz duradera basada en la justicia y
el respeto de los derechos, en virtud de la cual se pueda desarrollar el
potencial humano para la actividad constructiva, en que la competencia mutua
se centre en innovaciones que sustentan la vida y el futuro no inspire temor,
ya que el futuro sólo será de los que hayan obrado con justicia o hayan
corregido sus errores.
En el
contexto de su lucha por llevar la paz a una tierra de paz y amor, el Estado
de Palestina pide a las Naciones Unidas que tienen una responsabilidad
especial respecto del pueblo árabe palestino y su patria así como a los
pueblos y Estados del mundo que aman la paz y valoran la libertad, que le
ayuden a lograr sus objetivos, a poner fin a las dificultades de su pueblo y a
velar por la seguridad y protección de ese pueblo y tratar de poner fin a la
ocupación israelí del territorio de Palestina.
A ese
respecto, el Estado de Palestina declara asimismo que cree en la solución de
los problemas internacionales y regionales por medios pacíficos de conformidad
con la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones aprobadas por la
Organización y que, sin perjuicio de su derecho natural a defenderse, rechaza
la amenaza o el uso de la fuerza, la violencia y la intimidación contra la
integridad de su territorio y su independencia política o las de cualquier
otro Estado.
En este día
trascendental, el decimoquinto día de noviembre de 1988, en que nos hallamos
en el umbral de una nueva era, rendimos homenaje con deferencia y humildad a
las almas de nuestros mártires y los mártires de la nación árabe cuya sangre
derramada ha hecho despuntar este auspicioso día y que han sacrificado su vida
para que la patria pueda vivir. (...)
15 de
Noviembre de 1988