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Carta de Hitler a Mussolini anunciándole la invasión de la URSS 21 de junio de 1941
Soldados alemanes en Rusia
Invierno 1941-1942

 


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Textos
Inicios del siglo XX | Primera Guerra Mundial | Entreguerras 1919-1939 | Segunda Guerra Mundial | La Guerra Fría | El Fin de la Guerra Fría

Duce:

Os escribo esta carta en unos momentos en que meses enteros de ansiosas deliberaciones y una continuada y enervante espera terminan merced a la decisión que más me ha costado adoptar en mi vida Después de examinar el último mapa sobre la situación de Rusia y después de sopesar otros muchos informes, creo que no puedo adoptar la responsabilidad de seguir esperando y, por encima de todo, creo que no existe otro medio de evitar este peligro (...), a menos que continúe esperando, lo que de todos modos terminaría por conducir al desastre, si no este año, el próximo a lo sumó.

La situación es la siguiente: Inglaterra ha perdido esta guerra. Con el derecho que asiste a los que se ahogan, se agarra a cualquier clavo ardiendo que, en su fantasía, le parece una tabla de salvación. Sin embargo, algunas de sus esperanzas no dejan de hallarse asistidas por cierta lógica, como es natural. Hasta el presente, la Gran Bretaña siempre ha librado sus guerras contando con la ayuda del Continente. La destrucción de Francia —en realidad la eliminación de todas las posiciones occidentales europeas— atrae continuamente las miradas de los belicistas ingleses al lugar por donde trataron de comenzar la guerra: la Rusia soviética.

Ambas naciones, la Rusia soviética e Inglaterra, se hallan interesadas por igual en la existencia de una Europa arruinada y postrada por una larga guerra. Detrás de estos dos países se alzan los Estados Unidos de América, que los incita mientras observa y espera los acontecimientos. Desde la liquidación de Polonia, se ha hecho evidente la existencia en la Rusia soviética de una tendencia consistente que, si bien de una manera cauta y solapada, señala no obstante un firme regreso a la antigua teoría bolchevique de expansión del Estado soviético. La prolongación de la guerra necesaria para alcanzar esta finalidad se conseguiría teniendo las fuerzas alemanas en el Este, para que el Alto Mando alemán ya no pueda garantizar un ataque en gran escala en el Oeste, en especial por lo que se refiere a la aviación (...).

Si las circunstancias me diesen motivo para utilizar las fuerzas aéreas alemanas contra Inglaterra, existe el peligro de que Rusia comience entonces su estrategia de extorsión en el Sur y en el Norte, a la que tendría que someterme en silencio, sencilla mente porque me hallaría dominado por una sensación de inferioridad aérea. Entonces no sería posible para mí, sobre todo al no contar con el adecuado soporte de las fuerzas aéreas, atacar las fortificaciones rusas con las divisiones estacionadas en el Este. Si no deseo exponerme a este peligro, sería posible que transcurriese todo el año 1941 sin que se produjeran cambios en la situación general. Por el contrajo, Inglaterra cada vez estará menos dispuesta a pedir la paz porque depositará sus esperanzas en el aliado ruso. A decir verdad, estas esperanzas irán en aumento, natural mente, a medida que el ejército ruso vaya estando más preparado. Y detrás de todo esto se encuentra la entrega en masa de material de guerra americano, que la URSS confía obtener en 1942 (...).

Por consiguiente, después de exprimirme constantemente el cerebro, he llegado a la decisión de cortar el nudo antes de que se apriete demasiado. Creo, Duce, que con esto brindo probablemente los mejores posibles a nuestra dirección conjunta de la guerra en el año en curso (...).

Adolf Hitler
21 de junio de 1941