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La "Guerra de los Seis Días"
La opinión de Abba Eban, 1967


Israelíes en el Jerusalén oriental durante la
 guerra árabe-israelí de 1967

 


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Hubo algo de fortuito en las circunstancias que condujeron a la Guerra de los Seis días. Para unos historiadores, el bloqueo del estrecho de Tirán será considerado como la causa esencial. Para otros, lo será la decisión del gobierno sirio de despertar el conflicto dormido, intensificando las acciones terroristas. Todos asignarán un papel importante a la actitud de la Unión Soviética, que empujaba a Egipto a movilizar sus fuerzas para ejercer intolerables presiones en el frente sur.

Lo cierto es que todos estos factores no fueron más que chispas que, por separado, no amenazaban con encender la pólvora. Los acontecimientos históricos tienen siempre un contexto mucho más amplio que el incidente inmediato que parece haberlos provocado.

Las verdaderas causas de la guerra de 1967, como la de los conflictos precedentes, deben buscarse en la sistemática hostilidad de la política árabe hacia Israel. Hacía tanto que el clima de odio persistía, como una hoguera impregnada de combustible, que el incendio sólo era cuestión de un hecho fortuito. Las dos guerras mundiales no fueron provocadas por Sarajevo ni por Danzig, sino por el contexto internacional de la época. Lo mismo que el conflicto árabe-israelí debía surgir, más pronto o más tarde, de la situación general, de esta concentración de salvaje beligerancia, de hostilidad y de rechazo a admitir la existencia de Israel.

El odio se había hecho demasiado fuerte para poder contenerlo. Era alimentado por una concepción falaz que excluía a Israel del Próximo Oriente, tanto en el pasado como en el presente y en el futuro. Era mantenido e incluso atizado por una jactancia arrogante y fanfarrona que las masas árabes tomaron sin duda mucho más en serio que el propio Nasser. En resumen, Próximo Oriente estaba sobrecargado de ideas y de emociones, siempre a punto de estallar. La guerra no la determinó un acontecimiento aislado, sino el sistemático rechazo del mundo árabe a reconocer a Israel su personalidad histórica y su destino soberano.