Hace ya largo tiempo que continúa el conflicto militar en Afganistán. Este es
uno de los conflictos regionales más penosos y dolorosos. Ahora, a juzgar por
todo, se crearon determinadas condiciones para su arreglo político. Con este
motivo, la Dirección soviética considera necesario expresar sus
consideraciones y aclarar hasta el fin su postura. (...)
Queriendo
contribuir al rápido y exitoso término de las conversaciones afgano-
paquistaníes de Ginebra, los Gobiernos de la URSS y la República de Afganistán
acordaron establecer la fecha concreta del comienzo de la retirada de las
tropas soviéticas el 15 de mayo de 1988, y terminar la retirada de las mismas
en el transcurso de diez meses. Esta fecha fue establecida partiendo de que la
firma del acuerdo sobre el arreglo tendrá lugar no mas tarde del 15 de marzo
de 1988 y, correspondientemente, todos ellos entrarán en vigor al mismo tiempo
dentro de dos meses. Si la firma del acuerdo tiene lugar antes del 15 de
marzo, correspondientemente comenzará antes también la retirada de las tropas.
(...)
La cuestión
de la retirada de nuestras tropas de Afganistán se planteó ya en el XXVII
Congreso del PCUS. (...)
Con motivo
de lo relacionado con el comienzo de la retirada de las tropas soviéticas hay
necesidad de aclarar nuestra actitud en otro aspecto más: ¿está vinculada la
retirada con que se han coronado los esfuerzos para crear en Afganistán un
Gobierno de coalición, nuevo, es decir, con que la política de reconciliación
nacional ha sido llevada hasta el final? Como nosotros estamos convencidos, no
está ligada.
Una cosa es
la retirada de las tropas soviéticas, en combinación con otros aspectos del
arreglo, incluida la garantía de la no intervención. En esto participan
diversos países Por cierto que, como nos imaginamos, no debe quedar, apartado
del arreglo político también el vecino Irán.
Otra cosa es
la reconciliación nacional y la creación de un Gobierno de coalición. Este es
un asunto afgano puramente interno. Tan sólo lo pueden decidir los mismos
afganos, aunque pertenecientes a campos diversos incluso enfrentados. (..) Los
compromisos de Ginebra cerrarán los caminos de la ayuda foránea a los que
confían en imponer por la fuerza de las armas su voluntad a todo un pueblo.
(...)
Ahora,
respecto a nuestros muchachos, a nuestros combatientes en Afganistán. Han
cumplido y cumplen con honor su deber, revelando en ello abnegación y
heroísmo. Nuestro pueblo respeta profundamente a los que tuvieron que hacer el
servicio militar en Afganistán. El Estado les garantiza la posibilidad
primordial de adquirir una buena instrucción, un trabajo digno e interesante.
Es sagrado
para nosotros el recuerdo de los que como valientes murieron en Afganistán.
Los órganos soviéticos y partidarios están obligados a preocuparse de que las
familias de los caídos, sus familiares y allegados, estén rodeados de
desvelos, aten iones y buenos deseos. Y finalmente, cuando se desenrede el
nudo afgano, esto ejercerá el influjo más profundo también en otros conflictos
regionales. (...)
¿Quién sale
ganando de estos conflictos? Nadie, excepto los mercaderes de armas, diversos
géneros de círculos reaccionarios y expansionistas, acostumbrados a sacar
tajada y enriquecerse en las calamidades y desgracias de los pueblos.
Llevar hasta
el final las cosas del arreglo político en Afganistán será una fuerte ruptura
en la cadena de los conflictos regionales.
Marzo de
1988