Bismarck había construido una compleja red de tratados internacionales cuyo
elemento clave era la
Triple Alianza o Tríplice (1882) que ligaba a Alemania con
Austria-Hungría e Italia. El principal objetivo del canciller alemán era el
mantenimiento de un status quo que él consideraba beneficioso para Alemania.
El delicado edificio diplomático construido por
Bismarck se vino abajo con la
nueva Weltpolitik impulsada por
Guillermo II. Esta nueva actitud de Alemania,
ambiciosa y agresiva, desencadenó un proceso de competencia y desconfianza del
que nacieron dos bloques de potencias:
El primer resultado de la política del nuevo Káiser fue lo que más temió
Bismarck, el fin del aislamiento de Francia: en 1893 se firmó la
Alianza franco-rusa, acuerdo que suponía un compromiso de ayuda militar en caso de
guerra contra Alemania.
En 1905, ante la sorpresa mundial Rusia es derrotada en la
guerra que le
enfrentó contra Japón. Este fracaso hizo que Rusia abandonara sus ambiciones en
el Extremo Oriente y centrase su atención en los Balcanes, lo que llevó
inevitablemente al choque con Austria-Hungría.
Empujadas por la creciente agresividad y ambición colonial de Alemania, Francia
y Gran Bretaña pusieron fin a sus diferencias coloniales y firmaron la
Entente
Cordiale en 1904.
Por último, animadas por Francia y tras resolver sus problemas en Asia Central
(Persia, Afganistán), en 1907 se firmó el
Acuerdo anglo-ruso. Se ponían así las
bases de la denominada
Triple Entente entre Francia, Gran Bretaña y Rusia.
En definitiva, en los años previos al conflicto se había configurado dos grandes
alianzas en torno a las que van a pivotar los bloques enfrentados en la Gran
Guerra: la
Triple Entente y la
Triple Alianza.