Las posturas divergentes de los vencedores en la Conferencia de París (1919)

Memorandum de Lloyd George,

Desde todos los puntos de vista, me parece que debemos esforzarnos por establecer un acuerdo de paz como si fuéramos árbitros imparciales, olvidándonos de las pasiones de la guerra. Este acuerdo deberá tener tres objetivos: ante todo, hacer justicia a los Aliados, teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos de guerra; seguidamente, el acuerdo debe ser de tal manera que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda firmarlo estimando que podrá cumplir las obligaciones que hay suscrito; por último, este acuerdo no deberá tener ninguna cláusula cuya naturaleza pueda provocar nuevas guerras, y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, porque será para las gentes razonables una solución igualitaria del problema europeo.

El Presidente Wilson dirigiéndose a Clemenceau en el Consejo de los Cuatro

Espero que Vd. esté de acuerdo, en principio, con el Sr. Lloyd George en la moderación que es necesario mostrar con Alemania. No queremos ni podríamos destruirla: nuestro mayor error sería darle razones poderosas para que quisiera un día tomarse la revancha. Cláusulas excesivas sembrarían la semilla segura de la guerra (...) Es necesario que evitemos dar a nuestros enemigos la impresión de injusticia. No temo para el futuro las guerras preparadas por complots secretos de los gobiernos, sino más bien los conflictos creados por el descontento de las poblaciones. Si nos hacemos a nosotros mismos culpables de injusticia, ese descontento es inevitable.

El jefe de gobierno francés, Georges Clemenceau, dirigiéndose al Consejo de los Cuatro

Tomo acta de las palabras y de las excelentes intenciones del Presidente Wilson. Él elimina el sentimiento y el recuerdo: es ahí donde tengo una observación que hacer respecto a lo que acaba de decir. El presidente de EE.UU. desconoce el fondo de la naturaleza humana. El hecho de la guerra no puede ser olvidado. América no ha visto esta guerra de cerca durante los tres primeros años; nosotros, durante ese tiempo, perdimos un millón y medio de hombres. No nos queda mano de obra. Nuestros amigos ingleses, que han perdido menos que nosotros, pero lo bastante para haber también sufrido mucho, me comprenderán.

Las pruebas que hemos debido pasar han creado un sentimiento profundo sobre las reparaciones que nos son debidas; y no se trata sólo de reparaciones materiales: la necesidad de reparaciones morales no es menos fuerte (...)

Buscáis hacer justicia a los alemanes. No penséis que ellos nos van a perdonar, buscarán la ocasión de la revancha, nada destruirá la rabia de aquellos que han querido establecer su dominación en el mundo y que se han creído tan cerca de conseguirlo.

 

Las reparaciones de guerra de Alemania y la opinión de Keynes

“Si lo que nos proponemos es que, por lo menos durante una generación Alemania no pueda adquirir siquiera una mediana prosperidad; si creemos que todos nuestros recientes aliados son ángeles puros y todos nuestros recientes enemigos, alemanes, austriacos, húngaros y los demás son hijos de del demonio; si deseamos que, año tras año, Alemania sea empobrecida y sus hijos se mueran de hambre y enfermen, y que esté rodeada de enemigos (...) Si tal modo de estimar a las naciones y las relaciones de unas con otras fuera adoptado por las democracias de la Europa occidental, entonces, ¡que el Cielo nos salve a todos¡ Si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará.”

J. M. Keynes. Las consecuencias económicas de la paz. 1919.

 

La hiperinflación en Alemania (1923)

 “Pedí la cuenta. Cuando la trajeron, estaba cuidadosamente detallada y sumaba 790.650.000.000 de marcos. Muy serviciales, habían calculado al cambio especial de 31 dólares con 63. (…)

- ¿De dónde ha sacado este Kurs?  (Tipo de cambio del marco respecto al dólar.) Usted sabe muy bien que a las dos eran veintiséis mil millones.

- ¡Pero ahora son las dos de la madrugada, Herr Baron! Tenemos que defendernos…

- ¿E inventan por ello un nuevo Kurs? ¿El Kurs nocturno del Adlon? (…)

- Herr Baron, tenemos que defendernos –dijo el gerente.

- ¿Cómo sabremos cuál será el Kurs cuando depositemos el dinero mañana por la mañana –pregunto el cajero. Era un joven pálido, colérico, de piel enfermiza y gafas de cristales gruesos. Vestía un traje raído. Parecía cansado.

- ¡Usted está cobrando en dólares, ¡hombre! –dijo Christoph en tono de plaza de armas. ¡Mañana por la mañana valdrán más!”

Arthur R. G. Solmssen, “Una princesa en Berlín”, Tusquets, 1982, pp. 26-327.

 

 

 

          Textos sobre:

La primera guerra mundial

La revolución soviética

La economía de entreguerras

El fascismo y el nacionalsocialismo

La segunda guerra mundial

La guerra fría y la política de bloques

Asia, África y América Latina

El mundo comunista

El mundo capitalista

La globalización

El tránsito al nuevo milenio

El tránsito al nuevo milenio

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


Google
Search WWW Search www.historiasiglo20.org

2010 © Juan Carlos Ocaña

Este sitio web está alojado en el
Instituto de Tecnologías Educativas