2.3. Economía

La Segunda Guerra Mundial acarreó unas desastrosas consecuencias económicas para Europa. Así, en 1945, en algunos países (Austria, Francia, Alemania, Italia u Holanda) el PIB había caído por debajo del nivel anterior a la Primera Guerra Mundial. En los de recuperación más tardía (Austria y Alemania), el PIB no se situó a la altura de preguerra hasta comienzos de la década de 1950.

No obstante, la economía europea experimento un gran crecimiento durante las décadas de 1950, 1960 y comienzos de 1970. El PIB per capita medio de Europa Occidental se elevó desde 4.600 a 11.500 dólares internacionales de 1990: una tasa de crecimiento medio anual algo superior a 4% o cinco veces mayor que la de 1913-1950. En ese último año, el PIB per capita europeo occidental no llegaba al 50% de norteamericano. En 1973, había convergido hasta alcanzar casi el 70%. La convergencia económica también se produjo a escala intracontinental europea. Así, las diferencias entre la Europa noroccidental y la Península Ibérica disminuyeron sustancialmente: en 1950, el PIB per capita de la segunda no llegaba a la mitad del de la primera, mientras que, en 1973, se había elevado hasta los dos tercios.

En los orígenes de la recuperación europea se encuentra el hecho de que la guerra no pudo destruir las buenas instituciones –leyes, costumbres, comportamientos, etc.- o los conocimientos técnicos y científicos acumulados, así como la capacidad empresarial, profesional y laboral de los supervivientes. Pese a la terrible destrucción física y humana sufrida, Europa contaba todavía con un potencial de crecimiento muy superior al de la mayor parte del resto del mundo. Además, resultó decisiva la ayuda norteamericana. Ésta tuvo una primera fase en 1945-1947.

Su importancia ha quedado ensombrecida por el
Plan Marshall, pero movilizó un volumen de recursos superior. El Plan Marshall duró entre 1948 y 1951 y su monto ascendió a una cifra equivalente a 100.000 millones de dólares de 2003, esto es, aproximadamente el PIB actual de un país de tamaño mediano. En valor absoluto, el mayor receptor de fondos fue Gran Bretaña, con casi un 25% del total, seguida de Francia, con algo más del 20%. Relativamente, los principales beneficiarios fueron Grecia y Austria, que recibieron fondos cuya cuantía superó al 27 y al 20%, respectivamente, de su PIB en 1950. La ayuda norteamericana siguió alcanzando magnitudes significativas aunque decrecientes hasta 1955.

Las circunstancias económicas imperantes en la “Edad de oro”, ofrecían grandes oportunidades a los países más pobres que quisieran aprovecharlas y estuvieran en condiciones de hacerlo. Esas ventajas se obtenían principalmente a través de la apertura al comercio internacional (liberalizando los intercambios de bienes y servicios), de la acogida favorable a la inversión extranjera (instalación de multinacionales) y de la incorporación de tecnología más avanzada procedente del exterior. La economía europea se benefició de nuevas formas de organizar la producción y el consumo en masa y de innovaciones tecnológicas surgidas al otro lado del Atlántico. El fenómeno afectó primero a las economías europeas más desarrolladas y alcanzó tal intensidad que se ha descrito como “americanización” de Europa.

El proceso de integración económica europeo iniciado con la CECA, al “globalizar" al continente, ha favorecido el crecimiento de los países participantes en él y la reducción de diferencias entre ellos. Por otra parte, durante este período tuvo lugar también una clara ampliación de las capas sociales beneficiadas por el crecimiento económico gracias a mejoras en la alimentación, el vestido y la vivienda. Un gran impacto en la vida cotidiana tuvo la generalización de los electrodomésticos, especialmente para las mujeres. Muy llamativos han sido los avances experimentados en educación y salud. A ello ha contribuido destacadamente el sector público, que, en Europa Occidental, se caracteriza por sus grandes dimensiones: más del 40% del PIB en no pocos países europeos, mientras que en EEUU rondaba el 31% y en Japón no llegaba al 23%.

Europa resultó especialmente afectada por el extraordinario encarecimiento del petróleo en 1973. Se inició una duradera e intensa crisis: el crecimiento económico se estancó, llegando en algunos años a ser negativo –algo desconocido desde la crisis de los treinta- y vino acompañado de altas tasas de inflación y de desempleo. Ante esta combinación de problemas sin precedentes tardó en encontrar la respuesta. Sólo Alemania aplicó la política que resultaba inevitable: aceptó la realidad del empobrecimiento general causado por el aumento de un producto fundamental de la economía contemporánea y forzó a que los agentes económicos y sociales (familias, empresas, sindicatos y administraciones públicas) ajustaran sus ingresos a la baja.

Las nuevas subidas del precio del crudo a partir de 1979 provocaron otra intensa recesión de la economía mundial. Esta vez las políticas económicas en Europa Occidental fueron más eficaces y coordinadas. A mediados de la década de 1980, la economía europea recuperaba la senda del crecimiento. En este contexto más optimista tienen lugar algunos avances importantes en el proceso de integración económica europea.

  De la CEE a la Unión Europea

Autor: Rafael Dobado González

 

Introducción

Los Estados Unidos:
la gran potencia mundial

Los Estados Unidos:
la nueva sociedad

Los Estados Unidos:
la economía

Europa: de la catástrofe de 1945 a la reunificación del continente

El proceso de unidad europeo (1945-1992)

De la CEE a la Unión Europea

Europa: la economía

Japón: de Hiroshima a segunda potencia mundial

Japón: la economía

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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