De la CEE a la Unión Europea

El principal problema político con el que arrancó la CEE fue el que un país de la importancia del Reino Unido se mantuviera al margen. En aquel momento, los británicos se hallaban, y aún hoy muchos de ellos continúan, muy alejados del objetivo de unidad política europea.

Sin embargo, se dieron cuenta pronto de su error. Mientras la CEE protagonizaba un crecimiento económico espectacular en los años 60, con tasas de crecimiento claramente superiores a las norteamericanas, Gran Bretaña continuaba con su largo declive económico. Esta evidencia llevó a que el Reino Unido solicitará dos veces, en 1963 y 1967, su ingreso en la Comunidad. Las dos veces su demanda fue rechazada por el veto del general De Gaulle, el presidente francés. El líder galo veía a Gran Bretaña más como un apéndice norteamericano que como un país con vocación plenamente europea.

La dimisión de De Gaulle en 1969 abrió la puerta a la adhesión británica. Venciendo la oposición de partes importantes de la opinión pública británica, claramente "antieuropeas", las negociaciones terminaron con éxito en 1972. En 1973, tres nuevos países ingresaron en la CEE: el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda. Nacía la "Europa de los Nueve".

La caída de las dictaduras militares en Grecia (1974), Portugal (1974) y España, con la muerte de Franco en 1975, permitió la adhesión de estos países meridionales. Grecia, en 1981, y España y Portugal, en 1986, se convirtieron en nuevos miembros de la CEE. La Comunidad se ampliaba hacia la Europa mediterránea y España conseguía hacer realidad una antigua aspiración.

En la segunda mitad de los ochenta, el proceso de integración recibió un importante impulso político, protagonizado en gran medida por Jacques Delors, socialista francés, que había sido elegido presidente de la Comisión Europea en 1985.

El primer paso lo constituyó la aprobación en 1986 del Acta Única Europea. En esta Acta se acordaron dos medidas esenciales: la plena constitución de “un área sin fronteras en el que el libre movimiento de bienes, personas, servicios y capital esté asegurado", objetivo alcanzado antes de 1992; y el fomento de diversos fondos comunitarios que ayudaran a los países y regiones más pobres.

La política de Delors colisionó frontalmente con las posturas de la primera ministra británica Margaret Thatcher. La líder conservadora británica siempre destacó por su oposición a cualquier avance en la integración europea.

El debate Delors-Thatcher quedó superado por la realidad histórica: el derrumbamiento de los sistemas comunistas en los países de Europa central y oriental -las antiguas "democracias populares"- en 1989; el fin de la Unión Soviética en 1991; y, ese mismo año, la guerra que marcó la desintegración de Yugoslavia.

La primera consecuencia del derrumbamiento del bloque comunista fue la reunificación de Alemania en octubre de 1990. Tras la anexión de la RDA, la República Federal Alemana con casi 80 millones de habitantes y el 30% del PNB de la CEE, se convertía en la primera potencia europea, con un poderío económico claramente superior al de Francia o Gran Bretaña.

En ese momento histórico confluyeron tres circunstancias que posibilitaron un nuevo empujón al proceso de integración europeo.

  • La mejor forma de evitar suspicacias ante una nueva Alemania hegemónica en Europa era “anclar” a la potencia germana aún más en Europa. El presidente francés, François Mitterand, y el canciller alemán, Helmut Kohl, decidieron impulsar un nuevo tratado.
  • El "vacío de poder" que se creó en la Europa central y oriental con la caída del comunismo y el derrumbamiento de la URSS, dejaron a la CEE como la gran organización europea que garantizaba estabilidad de un continente convulso. Así lo vieron las nuevas democracias surgidas de la caída del comunismo que se precipitaron a iniciar negociaciones para la adhesión a la Comunidad.
  • La inestabilidad financiera y monetaria que caracterizó el período. El "crash" bursátil de 1987 y la inestabilidad que afectó a diversas divisas europeas que fueron forzadas a la devaluación (libra esterlina, lira, peseta…) decidieron a  los líderes políticos europeos a dar un paso decisivo en el camino hacia una moneda común europea.

Tras casi tres años de debates, en muchos casos circunscritos a las altas esferas políticas y sin la transparencia que la opinión pública europea demandaba, finalmente el Consejo Europeo celebrado en Maastricht en diciembre de 1991, aprobaba el Tratado de la Unión Europea, popularmente conocido como Tratado de Maastricht.  Estas fueron sus principales novedades:

  • Instituyó oficialmente el nombre de "Unión Europea" que en adelante sustituyó al de Comunidad Europea.
  • Inició, aunque de forma tímida, una política común en política exterior, seguridad, justicia y asuntos de interior.  
  • Creó la Ciudadanía europea, aunque unos derechos aún muy reducidos.
  • Se acordó la Unión Económica y Monetaria (UEM). Se adoptó la decisión de crear una moneda única, que recibirá el nombre de EURO, para el 1 de noviembre de 1999.  

El Tratado de Maastricht entró en vigor el 2 de Noviembre de 1993. En el Tratado se preveía su propia revisión, especialmente en todo lo referido a la reforma de las instituciones a la vista de las sucesivas ampliaciones que se preveían de la Unión.

  El nacimiento de la CEE                                                                                          La economía

 

Introducción

Los Estados Unidos:
la gran potencia mundial

Los Estados Unidos:
la nueva sociedad

Los Estados Unidos:
la economía

Europa: de la catástrofe de 1945 a la reunificación del continente

El proceso de unidad europeo (1945-1992)

De la CEE a la Unión Europea

Europa: la economía

Japón: de Hiroshima a segunda potencia mundial

Japón: la economía

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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