1.3. Economía

La Segunda Guerra Mundial tuvo para los EEUU un coste económico diez veces superior al de la Primera. Sin embargo, la economía norteamericana salió reforzada del conflicto. Por un lado, puso fin a la recesión de los treinta. Por otro, revitalizó la industria y estimuló el progreso técnico-científico en campos innovadores (aeronáutica, electrónica y energía atómica). Finalmente, otras economías (europea occidental, japonesa y soviética) sufrieron grandes daños que crearon necesidades de reconstrucción. La expansión de la economía de guerra motivó la emigración masiva hacia los grandes centros industriales del norte y del oeste. En esos movimientos migratorios tomó parte destacadamente la población negra del sur agrícola y pobre, cuyas estructuras socioeconómicas comenzaron a cambiar a raíz de ello.

Así, en 1950, el PIB norteamericano equivalía a más del 27% del mundial, mientras que, en 1913, no llegaba al 9%. El PIB per capita de los norteamericanos era bastante más alto que el de los habitantes de los países beligerantes. EEUU salió de la Segunda Guerra Mundial convertido en el indiscutible líder económico mundial. Sin embargo, el resto del mundo capitalista más desarrollado pronto logró recuperarse e incluso acortar distancias respecto a EEUU. Las décadas de los cincuenta, sesenta y comienzos de los setenta constituyen la “Edad de Oro” de la economía capitalista.

Los años 1950-1973 contrastan llamativamente con el período de entreguerras: la economía mundial creció a una tasa tres veces superior y ningún continente quedó al margen del mismo. El crecimiento de Europa Occidental y, en particular, de sus países meridionales más atrasados, así como el de Japón, fue especialmente intensos. Por comparación EEUU creció poco, pero partía de un nivel mucho más alto hacia 1950 y todavía a comienzos de la década de 1970 tenía un PIB per capita casi un 50% mayor al de Europa Occidental y Japón. El papel de EEUU en la reconstrucción europea, primero, y, algo más tarde en la japonesa, resultó decisivo. En la destrozada Europa de posguerra, el  Plan Marshall, el más conocido, pero no el único, de los instrumentos de la ayuda norteamericana, contribuyó a: 1) resolver problemas urgentes; 2) crear las condiciones que hicieron posible el relanzamiento económico posterior.

Probablemente de más importancia para el crecimiento económico generalizado de la “Edad de oro” fue el papel líder de los EEUU en la creación de un marco general de cooperación económica internacional que difirió sustancialmente del poco cooperativo juego al que los ganadores de la Primera Guerra Mundial se entregaron. La esencia del conjunto de instituciones y reglas conocido como Sistema de Bretton Woods se diseñó en la conferencia internacional –asistieron representantes de más de cuarenta países- celebrada en 1944 en la localidad norteamericana del mismo nombre.

De Bretton Woods surgieron el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD) Mundial (BM) y el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT). Estas instituciones carecían de precedentes y reflejan la preocupación por la cooperación económica internacional de los dirigentes políticos y económicos del momento. Su contribución al crecimiento con estabilidad durante la “Edad de Oro” fue muy importante. El BIRD concedió préstamos a largo plazo para la reconstrucción posbélica –el primero por nada menos que 250 millones de dólares se le concedió a Francia- y el desarrollo económico de los países más pobres. El FMI se ha ocupado de sostener un sistema monetario internacional. El GATT ha impulsado el comercio internacional mediante la reducción del proteccionismo.

Una poderosa influencia keynesiana tuvo también la política económica dominante en el mundo desarrollado durante la “Edad de oro”. La política económica, más en Europa que en EEUU, complementó el objetivo tradicional de la estabilidad de precios con el pleno empleo. El Estado creció en tamaño en respuesta al aumento de sus funciones: regulación de la economía (Hacienda, inspecciones bancarias, transporte aéreo, etc.) y oferta de servicios públicos y de protección frente a la adversidad (seguro de desempleo, pensiones, etc.). En EEUU su proporción respecto al PIB pasó del 21,4% en 1950 al 31,1% en 1973. Los sindicatos, que en EEUU siempre tuvieron menos inclinaciones revolucionarias que en Europa, gozaban de un reconocimiento que fue acompañado de un pacto implícito: mejoras en los niveles de vida de los trabajadores a cambio de subidas salariales moderadas y de reinversión de beneficios por parte de los empresarios para asegurar que el crecimiento no se interrumpiese.

La “Edad de oro” de la economía norteamericana e internacional finalizó abruptamente a comienzos de los años setenta. En 1973, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presentándolo como represalia por el apoyo occidental a Israel en la guerra del Yom Kippur, decidió incrementar el hasta entonces durante décadas estable y bajo precio del petróleo (2-3 dólares por barril). Los grandes perjudicados no fueron los EEUU, que contaban con un cierto grado de independencia energética, sino Europa Occidental, Japón y los países menos desarrollados.

A la crisis energética vino a sumarse la del sistema de Bretton Woods. El déficit comercial norteamericano y el abandono de la convertibilidad en oro del dólar introdujeron inestabilidad en el sistema monetario internacional. El desempleo y la inflación se instalaron permanentemente en el escenario económico.

Un gran aumento adicional del precio del petróleo en 1979 agudizo los problemas. Un nuevo término económico se hizo popular: stagflation (estancamiento con inflación). En 1979-1981, los incrementos del IPC superaron el 10%, lo que, desde 1950, sólo había ocurrido en 1974. Para combatir la inflación, se adoptó una política monetaria restrictiva que acabó venciéndola, pero al precio de un aumento del desempleo, que llegó a casi el 10% en 1982-1983, y de un crecimiento del PIB per cápita negativo (-1%) en 1980-1982. A partir de 1983, la economía norteamericana recuperaría la senda del crecimiento. Para entonces, el keynesianismo había sido desplazado por la “regeanomia”, la política económica aplicada por el presidente Reagan: una curiosa combinación de recortes en los impuestos, especialmente para las rentas más altas, desregulación de los mercados y aumento del gasto en defensa junto a control de otras partidas de gasto público.

   La nueva sociedad                        

Autor: Rafael Dobado González                                 

 

Introducción

Los Estados Unidos:
la gran potencia mundial

Los Estados Unidos:
la nueva sociedad

Los Estados Unidos:
la economía

Europa: de la catástrofe de 1945 a la reunificación del continente

El proceso de unidad europeo (1945-1992)

De la CEE a la Unión Europea

Europa: la economía

Japón: de Hiroshima a segunda potencia mundial

Japón: la economía

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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