1. Los Estados Unidos: la gran potencia occidental


Estados Unidos salió de la segunda guerra mundial como la indiscutible gran potencia mundial. El esfuerzo bélico había sacado a su economía de la depresión y sus rivales en el concierto económico global, Europa y Japón, habían salido destrozadas del conflicto. Solo la URSS de Stalin, que muy pronto arrebató a EEUU el monopolio nuclear, ensombrecía la preponderancia americana.

1.1. La evolución de la democracia americana

Hasta los años setenta, el legado de Franklin D. Roosevelt y el New Deal determinaron los grandes rasgos de la política interior norteamericana. En mayor o menor medida, las fuerzas políticas estaban de acuerdo en mantener las grandes transformaciones de los años treinta:

  • Un gran incremento en el papel y el poder del estado.

  • Un papel significativo de los sindicatos en la marcha de la economía.

  • Un compromiso con el estado de bienestar (welfare state), aunque en una versión más reducida que la de su equivalente europeo, como lo prueba el que Estados Unidos siga en el siglo XXI sin tener un sistema sanitario universal.

  • Una aceptación a regañadientes de la necesidad de resolver los problemas de las minorías.

La influencia de estas políticas se confirmó con la elección de los presidentes demócratas Harry Truman (1945-1952), John F. Kennedy (1960-1963) y Lyndon B. Johnson (1963-1968). Incluso durante el período en el que gobernó el republicano Dwight Eisenhower (1952-1960) no hubo ningún cambio esencial en la política general. El consenso era tan general que el propio Eisenhower afirmó en 1954 “Si algún partido político intenta abolir la Seguridad Social y eliminar las leyes laborales (…), ese partido desaparecerá de nuestra historia política”.

Fueron años de prosperidad económica y grandes cambios sociales. La sociedad se terciarizó y, en 1979, el 47% de la población trabajaba en el sector de servicios. Las ciudades se extendieron y muchos norteamericanos se fueron a vivir a las zonas suburbanas, conformando un mundo de casas con jardín y enormes centros comerciales (malls). El automóvil se convirtió en el bien esencial para unas familias que se rodearon de múltiples electrodomésticos de todo tipo.

La opulencia económica de gran parte de la población no impidió las tensiones sociales y políticas. La bomba atómica soviética y la victoria comunista en China propiciaron la extensión de una sensación de pánico ante la posibilidad de infiltración de elementos comunistas en puestos clave de la sociedad norteamericana (Red Scare). Este miedo fue impulsado por políticos demagogos como el senador Joseph McCarthy quien lanzó una verdadera “caza de brujas” contra cualquier persona de ideas izquierdistas o, en algún caso, meramente liberales. McCarthy dio finalmente un paso en falso al tratar de incriminar a altos oficiales del ejército y, en 1954, el Congreso censuró su actividad al frente del Comité de Actividades Antiamericanas.

Una vez superada esta amenaza para el sistema norteamericano de libertades, el centro de atención de la política norteamericana se desplazó a la situación de las minorías raciales y la población más pobre que había quedado fuera de la opulencia general. El Partido Demócrata llevó la iniciativa en esta cuestión. El impulso reformista interrumpido por el asesinato del presidente Kennedy en 1963, se vio reforzado con su sucesor, Johnson quién lanzó el programa de la Gran Sociedad (Great Society). Johnson declaró la “guerra a la pobreza” y aprobó diversas leyes de apoyo a los sectores más desfavorecidas (asistencia sanitaria para los jubilados, alimentos para los necesitados, casas sociales, reformas educativas…).

El problema social siempre se ha entremezclado con la cuestión racial en Estados Unidos. La población negra protagonizó desde los años cincuenta una larga serie de protestas para acabar con su marginación legal y la segregación racial en la educación y la vida cotidiana. En 1954, el Tribunal Supremo dio un paso histórico y falló contra la segregación en el sistema educativo. Hasta ese momento, los niños negros y blancos acudían a diferentes escuelas. Un año después, un pastor protestante, Martin Luther King, se dio a conocer al encabezar un boicot contra la separación de las razas en los autobuses de Montgomery, Alabama. En agosto de 1963, King dirigió una masiva manifestación en Washington en la que pronunció su célebre discurso “Tengo un sueño” (I have a dream), en el que hizo un vibrante alegato contra la desigualdad racial en su país.

Finalmente, el movimiento por los derechos civiles triunfó cuando el presidente Johnson se decidió a actuar legalmente. En 1964, se aprobó la Ley de Derechos Civiles, que puso fin a la segregación y discriminación en los centros de trabajo y en las instalaciones públicas, y en 1965, la Ley de Derecho de Voto que eliminó los obstáculos a los que se enfrentaba la población negra para ejercer el voto en los estados del sur.

Las reformas de Johnson, sin embargo, no aplacaron el descontento social. Dos grandes líneas de protesta confluyeron en la segunda mitad de los años sesenta. Por un lado, en los “ghettos” negros de las grandes ciudades la juventud era más receptiva a los líderes nacionalistas radicales negros como Malcolm X que a las prédicas pacifistas de Martin Luther King; por otro, la escalada militar en Vietnam y el consiguiente alistamiento obligatorio engendraron un amplio resentimiento en una juventud que buscaba una nueva forma de vida alejada del modelo de sus padres (música pop, movimiento hippie, libertad sexual, extensión del uso de drogas…)

Ambas corrientes terminaron por desencadenar violencia en el país. En el verano de 1965, estallaron serios disturbios raciales en el distrito de Watts, en Los Angeles. En los años siguientes, los disturbios se extendieron a otras grandes ciudades y llegaron a su apogeo en 1968, tras el asesinato de Martin Luther King. Aunque las grandes manifestaciones contra la guerra del Vietnam buscaron su inspiración en la ideología pacifista: “Make love, not war”, en 1970, cuatro estudiantes murieron en la Universidad de Kent a manos de la Guardia Nacional del estado de Ohio.

Los “años de protesta” cambiaron aspectos esenciales de la sociedad norteamericana, pero, a la vez, desencadenaron una reacción que llevó a que una parte importante de la población abrazara la causa de “la ley y el orden”. Muchos blancos del sur, que tradicionalmente habían votado al Partido Demócrata, cambiaron su opinión política ante el avance social de la población negra. Algunos veían con aprensión la presencia de banderas del Vietcong en las manifestaciones antibelicistas. Otros, en fin, observaban consternados los avances en la emancipación de la mujer, la libertad sexual o el consumo de drogas. Había llegado el momento del conservador Partido Republicano.

Con el presidente Richard Nixon en la Casa Blanca (1968-1974), los republicanos pusieron freno a las reformas de Johnson. Sin embargo, el Tribunal Supremo, en una muestra de la efectiva separación de poderes que ha caracterizado el sistema político estadounidense, tomó importantes decisiones que contrariaron profundamente al nuevo presidente. El caso más sonado fue cuando, en 1973, el tribunal legalizó el aborto, respondiendo a las demandas del movimiento feminista.

Los demócratas, Kennedy y Johnsonn, habían llevado una política reformista en el interior del país que había contrastado con una agresiva política exterior. La crisis de los misiles en Cuba o la guerra de Vietnam son los mejores ejemplos. Nixon hizo lo contrario. Planteó una actitud claramente conservadora en asuntos internos, pero en política exterior adoptó una posición muy pragmática. En 1972, no dudó en viajar a Beijing e iniciar la normalización de relaciones con la China Popular. Al año siguiente, inició negociaciones con Vietnam del Norte que llevaron a la salida de las tropas norteamericanas del país en 1975.

Pese a ser reelegido en 1972, la carrera política de Nixon acabó de forma abrupta dos años después. Tras demostrarse que agentes de la administración habían espiado a la Convención Demócrata en el hotel Watergate en Washington, Nixon se vio forzado a dimitir en agosto de 1974 . Fue el “Escándalo Watergate”.

Estados Unidos se hallaba en uno de los momentos más complejos del siglo XX. A la crisis política y al descontento social se le vino a unir una profunda crisis económica agravada por el alza del precio del petróleo acordado por la OPEP en 1973. El estancamiento económico, la inflación y el paro explican el fracaso del republicano Gerald Ford (1974-1976) y del demócrata Jimmy Carter (1976-1980). La sensación de malestar aumento con la serie de reveses que sufrió la política exterior norteamericana: desde la precipitada salida de Vietnam en 1975 hasta el asalto y la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, tras el triunfo de la revolución de Jomeini en Irán en 1979.

El malestar se saldó con un fuerte giro político a la derecha. Ronald Reagan (1980-1988), representante del ala más derechista del Partido Republicano, ganó de forma abrumadora en las elecciones de 1980. Inició una nueva política económica que ponía en cuestión el consenso en torno al estado del bienestar nacido con el New Deal y lanzó una política de rearme militar que precipitó la perestroika de Gorbachov. Reagan, uno de los presidentes más populares del siglo XX, dejó un país mejor preparado para hacer frente a los nuevos tiempos, aunque más desigual. Fue sustituido por George Bush, padre (1988-1992), también republicano, quien tuvo que hacer frente a una fuerte recesión económica, agravada por el enorme déficit que le legó Reagan. Las dificultades económicas explican que, pese a que Bush contempló como presidente el fin de la URSS, el gran enemigo durante décadas, el presidente republicano fracasara en su intento de ser reelegido en 1992. Los demócratas, con Bill Clinton, retornaron a la Casa Blanca.

                                                        La nueva sociedad

 

Introducción

Los Estados Unidos:
la gran potencia mundial

Los Estados Unidos:
la nueva sociedad

Los Estados Unidos:
la economía

Europa: de la catástrofe de 1945 a la reunificación del continente

El proceso de unidad europeo (1945-1992)

De la CEE a la Unión Europea

Europa: la economía

Japón: de Hiroshima a segunda potencia mundial

Japón: la economía

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


2010 © Juan Carlos Ocaña

Este sitio web está alojado en el
Instituto de Tecnologías Educativas