2. El fin de los regímenes comunistas y la desintegración de la URSS

Cuando Mijaíl Gorbachov accedió al liderazgo en la URSS, en marzo de 1985, había una consciencia general de que el país no podía seguir en una situación que había pasado del estancamiento al declive. Había que hacer algo y Gorbachov se lanzó a un ambicioso programa de reformas que pronto se vino a conocer con el término ruso de Perestroika (reestructuración).

En muy pocos años, Gorbachov introdujo cambios muy atrevidos:

  • Reformas parciales tendentes a introducir elementos de la economía de mercado y a integrar más plenamente la economía soviética en la internacional. Entre ellas, cabe destacar: abandono de la planificación central; concesión a las empresas de mayor capacidad decisoria acerca de los niveles de producción y de autonomía financiera; autorización de la propiedad cooperativa fuera del sector agrario; bienvenida a la inversión extranjera en forma de empresas mixtas; flexibilización de las regulaciones del comercio exterior.

  • Instauración de la Glasnost (transparencia), que permitió mayor libertad de expresión en los medios de comunicación.

  • Reforma del sistema electoral que devino en el acceso de algunos disidentes, como Andrei Sájarov, al parlamento soviético.

Todas estas reformas, aunque atrevidas, fueron concebidas por Gorbachov como medidas para reformar el sistema comunista, nunca como una ruptura radical con el régimen instaurado por Lenin en 1917. En contra de sus deseos, Gorbachov, atrapado entre los conservadores que añoraban los tiempos de Breznev y los reformistas que le pedían más cambios, desencadenó un proceso que muy pronto se le fue de las manos.

El punto clave fue la composición multinacional del estado soviético. A partir de 1988 se desarrollaron fuertes movimientos nacionalistas en las diferentes repúblicas que conformaban la URSS. Las demandas iban desde una cierta autonomía cultural hasta la pura y simple independencia.

Mientras tanto, en las “democracias populares” las reformas de Gorbachov y su promesa de no intervenir militarmente en ningún caso desencadenaron un vasto movimiento democrático. La pionera fue Polonia, donde en 1988 se instauró el primer gobierno no comunista desde la segunda guerra mundial. En 1989, en un espectáculo que dejó atónito al mundo, las dictaduras comunistas en la Europa central y oriental cayeron una tras otra. El momento clave, que se convirtió en el símbolo del fin del bloque soviético, fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

La huída de los “estados-satélite” del bloque soviético y las crecientes demandas nacionalistas en la URSS –en 1990 Lituania proclamó su independencia- movilizaron a las fuerzas conservadoras partidarias de la vuelta a la ortodoxia comunista. Al mismo tiempo, las fuerzas liberales, que pedían a Gorbachov más y más rápidas reformas, consiguieron un importante triunfo al ser elegido presidente de la República Socialista Soviética de Rusia, Borís Yeltsin, el principal líder reformista.

Ante la impotencia de Gorbachov, el choque definitivo no se hizo esperar. En agosto de 1991, las fuerzas conservadoras del partido, el KGB y el ejército dieron un golpe de estado e hicieron prisionero a Gorbachov en su residencia veraniega del Mar Negro. Sin embargo, la falta de unidad en el ejército y las acciones de protesta popular en Moscú lideradas por Borís Yeltsin hicieron fracasar la intentona golpista.

El golpe militar frustrado precipitó la prohibición del Partido Comunista de la Unión Soviética, el instrumento político que había aglutinado a la URSS durante décadas, y fue la señal de alarma que precipitó la huida precipitada de todas las repúblicas de una Unión Soviética que ya no interesaba a nadie.

El 8 de diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia acordaron la denominada Declaración de Belovezhskaya Pusha: las tres repúblicas eslavas abandonaban la URSS. El 21 de diciembre, en un encuentro celebrado Almá Atá, ocho de los doce repúblicas restantes de la URSS (Estonia, Letonia, Lituania y Moldavia habían optado por la independencia pura y simple) siguieron el ejemplo de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Impotente y abandonado por casi todos, Gorbachov dimitió como Presidente de la URSS el día 25 de diciembre de 1991. La bandera roja soviética fue arriada en el Kremlin de Moscú. Había acabado un experimento histórico que había marcado la historia del siglo XX.

 

Introducción

La URSS y las democracias populares (1945-1953)

La URSS de Jruschov a Gorbachov (1953-1991)

Las “democracias populares” (1953-1989)

El fin del comunismo soviético

La revolución comunista en China

La China comunista de Mao

China tras Mao:
potencia emergente

Otros regímenes comunistas

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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