1.2. La URSS de Jruschov a Gorbachov (1953-1991)

Tras un corto período de transición, Nikita Jruschov se hizo con el cargo de secretario general del PCUS y, por consiguiente, con el poder en la URSS. El período de Jruschov (1953-1964) se caracterizó por una serie de deshilvanadas reformas que mitigaron los aspectos más brutales de la dictadura soviética.

En la inmediata posguerra, el esfuerzo económico de la URSS se orientó necesariamente a la reconstrucción de un país devastado. A la muerte de Stalin, Jruschov impulsó un programa reformista en el terreno económico. Las reformas afectaron principalmente al sector agrario y pretendían, mediante una suavización de la excesivamente rígida planificación económica estalinista, aumentar la producción de alimentos con la consiguiente mejora del nivel de vida de la población. Para ello se autorizó a los campesinos a aumentar la producción privada, se incrementaron los pagos en dinero a los “koljoses” o granjas colectivas y se invirtió más en el sector agrario. Jruschov lanzó la “Campaña de tierra vírgenes”. Se inició en 1954 y consistió en la puesta en cultivo de una amplia superficie (probablemente más de 300.000 km2) de tierras vírgenes en la región rusa de Altay y en el actual Kazastán mediante la utilización masiva de maquinaria agrícola moderna. Para ello fue necesario poner en marcha una abultada corriente migratoria que alteró sustancialmente la composición étnica de la zona. La primera cosecha fue un éxito espectacular. Sin embargo, las dificultades no tardaron en aparecer: en la década de lo sesenta, el monocultivo triguero repetido acabo erosionando el suelo y lo convirtió en improductivo. Pocos años después de iniciada la campaña, la URSS se veía obligada a efectuar grandes importaciones de grano canadiense a fin de superar el déficit interno. Otras medidas reformistas en la agricultura, como la reorganización del los “koljoses” se saldaron también con fracasos.

En la industria, la principal novedad consistió en el intento de descentralizar la toma de decisiones mediante la creación de Consejos Económico Regionales dotados de cierta autonomía en la planificación económica. A fin de hacer frente a la crisis de la vivienda, se fomentó la construcción residencial de apartamentos prefabricados de reducidas dimensiones que paliaron, pero no resolvieron el problema.

La comunidad internacional fue sorprendida, en 1957, por la demostración de poder técnico y económico representada por el lanzamiento con éxito del primer satélite artificial, el Sputnik 1. La economía soviética dedicó voluminosos recursos a la carrera espacial, un objetivo que no era ajeno a la guerra fría, pues los cohetes que ponían en órbita a los Sputniks servían también como misiles balísticos intercontinentales.

Jruschov impulsó el relanzamiento del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), una organización económica que, bajo el liderazgo de la URSS, se había fundado en 1949 con la finalidad de incrementar las elaciones económicas dentro del bloque socialista.

Jruschov ha pasado a la historia por su política de “desestalinización”. El momento clave tuvo lugar durante el XX Congreso del PCUS en febrero de 1956. Allí, Jruschov pronunció un discurso secreto en el que criticaba la figura de Stalin. El discurso rápidamente se filtró a la opinión pública y en la URSS se abrió un periodo de mayor libertad de expresión marcado por la vuelta a casa de centenares de miles de prisioneros del Gulag (sistema de campos de concentración soviéticos). No obstante, el régimen siguió siendo básicamente el mismo: la dictadura del partido, el sistema de planificación económica centralizada, la represión y la ausencia de libertad siguieron siendo los rasgos definitorios del sistema soviético.

Pese al carácter precario de sus reformas, para muchos miembros de la nomenklatura o elite del Partido Comunista, Jruschov había ido muy lejos. Sus errores en política exterior, especialmente la crisis de los misiles en Cuba, precipitaron su caída. Mientras estaba de vacaciones en 1964, una reunión especial del Politburó del PCUS le destituyó “por su salud deteriorada”.

A Jruschov le sucedió en la secretaría general del PCUS Leonid Breznev, quién dirigió al país durante los largos “años de estancamiento” (1964-1982).

Hasta comienzos de los años sesenta, un observador bienintencionado podía tener alguna confianza en las proclamas de Jruschov acerca de la victoria final de la economía socialista sobre la capitalista. Ciertamente, la URSS era el principal productor mundial de petróleo, carbón, mineral de hierro y cemento. Ello, en buena medida, gracias a su gran extensión territorial y a su enorme dotación de recursos naturales. Con más de 200 millones de habitantes y, no sin algún esfuerzo, la Unión Soviética mantenía la carrera espacial y armamentística con EEUU. Aunque incurriendo en costes económicos, sociales y ecológicos muy elevados, la planificación había sido capaz de industrializar a la URSS en un plazo relativamente corto y convertirla en una potencia política y militar. Sin embargo, la asignación de recursos mediante la planificación centralizada se reveló incapaz de favorecer la transición hacia una economía más sofisticada y, en particular, de ofrecer satisfacción a las crecientes demandas de bienes y servicios de consumo de la población soviética.

Entre 1946 y 1964, el crecimiento del producto per capita de la URSS fue ligeramente superior al de los países capitalistas europeo-occidentales. También creció bastante más que el de los EEUU, lo cual no debe sorprender dado la gran diferencia entre los niveles de partida: el producto per capita norteamericano era casi tres veces mayor que el de la URSS. Sin embargo, entre 1964 y 1982, la economía soviética no sólo creció menos que la de Europa Occidental sino que apenas superó el crecimiento de los EEUU. Así, a comienzos de los años ochenta, las diferencias económicas entre la URSS y los países capitalistas más desarrollados seguían siendo enormes. Los logros económicos soviéticos se centraban en los sectores más próximos al esfuerzo bélico (energía nuclear y aeroespacial, principalmente) pero su extensión al resto del aparato productivo tropezaba con múltiples obstáculos que el inmovilismo de los “años de estancamiento” no intentó abordar en profundidad.

A comienzos de los años ochenta, los problemas económicos del socialismo resultaban evidentes.

En el terreno político, con Breznev llega al poder la voluntad de la nomenclatura de evitar cualquier tipo de cambio que pudiera causar inestabilidad en el sistema. Se vuelve a la ortodoxia comunista en su plenitud: Stalin vuelve a ser considerado “un destacado líder del partido”, la represión contra los disidentes se recrudece y la libertad de expresión desaparece totalmente.

Dos diarios, Pravda (“Verdad”) e Izvestia (“Noticias”) fueron los agentes de propaganda del partido y del gobierno, respectivamente. En sus artículos se podía leer la “verdad oficial” en la URSS. Una broma cínica se repetía por el país: ni en Pravda hay noticias, ni en Izvestia se puede leer algo que sea verdad.

Dos eminentes intelectuales, el físico Andrei Sájarov, y el escritor Alexandr Solzhenitsyn, ejemplifican la represión de los disidentes en la época de Brezhnev. Sájarov tuvo un papel decisivo en el programa nuclear soviético y Solzhenitsyn fue el autor de “Un día en la vida de Ivan Denisovich” y “Archipiélago Gulag”, obras clave para comprender la represión estalinista. Bajo Breznev, la KGB, el servicio secreto soviético, no dudó en enviar a disidentes que no aceptaban la “verdad oficial” soviética a hospitales psiquiátricos.

Tras un largo período de progresivo deterioro de su salud, Breznev moría en noviembre de 1982. Dejaba una URSS con una economía en franco declive, incapaz de competir con el desafío militar lanzado por el presidente norteamericano Reagan, y con un grupo dirigente formado por ancianos incapaces de emprender las reformas que la URSS necesitaba urgentemente. A Breznev le sustituyó Yuri Andrópov, antiguo jefe de los servicios secretos, que murió en febrero de 1984. A Andrópov fue sucedido por un anciano y gris burócrata, Konstantin Chernenko, que falleció en marzo de 1985.


En esos momentos era ya imposible ocultar la necesidad de profundas reformas en la URSS. Tras la muerte de Chernenko, un “joven” de cincuenta y cuatro años, Mijaíl Gorbachov, fue elegido secretario general del PCUS. Nadie podía anticipar en ese momento la magnitud de los cambios que iba a desencadenar su acción política.

La URSS y las democracias populares                       Las “democracias populares” (1953-1989)

 

Introducción

La URSS y las democracias populares (1945-1953)

La URSS de Jruschov a Gorbachov (1953-1991)

Las “democracias populares” (1953-1989)

El fin del comunismo soviético

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