7.1. Los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura

Para el zarismo, industrializar Rusia había sido un objetivo deseable y a favor del cual no dejaron de hacerse esfuerzos que obtuvieron algunos logros. En la visión de los dirigentes comunistas, influidos por el pensamiento marxista, la industrialización revestía una mayor importancia. Les iba en ello la supervivencia de un régimen que se enfrentaba a la hostilidad internacional y que no renunciaba a extender el comunismo al resto del mundo. Pero resultaba que la economía soviética seguía siendo mayoritariamente agrícola, campesina y rural.

En 1927-1928, una profunda crisis agrícola –los campesinos vendieron al Estado una cantidad muy pequeña de alimentos- fue aprovechada por Stalin para poner fin a una NEP que no permitía el avance de la industrialización con la rapidez deseada por el sector dominante del partido bolchevique y de la que probablemente siempre desconfió. Se inicia así una nueva fase de la historia económica de la URSS: la industrialización acelerada mediante la planificación central.

En esencia, el giro de la política económica soviética se plasmó en la elaboración por parte del organismo central de planificación (Gosplan) del Primer Plan Quinquenal (1928-1932). El Plan establecía las prioridades económicas del Estado, a cuya consecución se sometían las decisiones de empresas e individuos. La prioridad máxima no fue otra que el rápido crecimiento de la industria productora de bienes de capital (carbón, petróleo, hidroelectricidad, hierro, acero, maquinaria, etc.) y, en menor medida, de armamento. Este objetivo se basó en una pieza clave: la colectivización forzada de las explotaciones agrarias. Mediante el recurso sistemático a la violencia, la propiedad privada, a la que se hizo responsable de los problemas de abastecimiento, desapareció del sector agrario soviético y fue sustituida por grandes granjas estatales. Los campesinos se vieron forzados a integrarse en ellas o a emigrar a las ciudades y a lo centros industriales emergentes. La colectivización forzosa vino acompañada de la desaparición física, del internamiento en campos de trabajo y del exilio interior de millones de personas. Además, la desarticulación del sistema agrario de la NEP contribuyó decisivamente a la hambruna de 1933, a causa de la cual fallecieron millones de ciudadanos soviéticos. El sector agrario soviético se resintió durante décadas de los defectos intrínsecos al colectivismo y de la baja prioridad asignada por los planificadores a la producción agrícola y ganadera.

El crecimiento de la industria pesada y su redistribución espacial hacia el este resultó, sin embargo, muy rápido. La creación de unidades productivas de enormes dimensiones frecuentemente sacrificó la eficiencia económica en aras de la consecución de las ambiciosas cifras de producción fijadas en el Plan. Mucho menos brillantes fueron los resultados de la industria de bienes de consumo duradero (vivienda) o no (calzado, vestido, etc.). El desequilibrio entre la industria pesada y la ligera y el sector agrario es coherente con el objetivo último del Plan. Éste consistió básicamente en una gigantesca transferencia de recursos desde el consumo de la población a la inversión. El consumo per capita de la población soviética era, especialmente en el caso del campesinado, todavía menor en 1940 que en 1928. Se favorecía así el avance acelerado de una industrialización volcada en la producción de bienes de capital y armamento. Los negativos efectos de este modelo de crecimiento económico sobre el bienestar de la población fueron compensados parcialmente con el aumento del gasto social (educación, sanidad, etc.).

El Segundo Plan Quinquenal (1933-1937) estableció objetivos más realistas. La maduración de las inversiones llevadas a cabo en los años precedentes permitió un crecimiento económico espectacular. En 1935 se abolieron las cartillas de racionamiento. A partir de 1934, el empeoramiento del clima político internacional (ocupación japonesa de Manchuria en 1931 y ascenso al poder de Hitler en Alemania en 1933) se tradujo en una gran expansión de la industria armamentística. La imposición de la industrialización acelerada por Stalin exigió la depuración del aparato económico bolchevique. Las “purgas” de Stalin afectaron a buena parte de los cuadros económicos y directivos empresariales. A la finalización del Segundo Plan Quinquenal, unos 2,7 millones de personas se encontraban en los diferentes campos de trabajo forzado bajo control del Gulag. Se estima que su contribución, seguramente infravalorada, equivalía al 1,2% del producto industrial.
 

La dictadura de Stalin                                                   El estalinismo: una dictadura totalitaria

Autor: Rafael Dobado González

 

Introducción

La autocracia zarista

La revolución de marzo de 1917

La revolución bolchevique de
noviembre de 1917

La guerra civil y el comunismo de guerra

El nuevo estado soviético

La sucesión de Lenin

La dictadura de Stalin

Los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura

El estalinismo: una dictadura totalitaria

Una sociedad modelada por el terror

Conclusión

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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