1.2. Europa

La caída del bloque soviético permitió la democratización de las antiguas “democracias populares” y la ruptura de URSS posibilitó el acceso a la independencia de los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania. Estos países solicitaron inmediatamente su ingreso en las dos grandes instituciones occidentales: la Unión Europea y la OTAN. Se trataba de buscar seguridad económica y militar ante la incierta evolución de una Rusia sumida en la crisis. A lo largo de los últimos años, con mayores o menores dificultades, en estos países se han establecido sistemas democráticos y se ha culminado la transición a la economía de mercado.

El sistema comunista yugoslavo había tenido una evolución singular que le diferenció de los países-satélite de Moscú. El fin del comunismo fue también aquí diferente. Yugoslavia estaba compuesta por pueblos diferenciados (eslovenos, croatas, serbios, bosnios musulmanes, macedonios, montenegrinos, albaneses…) que la dictadura de Tito había mantenido unidos. Al iniciarse la crisis del sistema instaurado en 1945, el nacionalismo se convirtió en la gran fuerza movilizadora de una población agobiada por la crisis económica. El líder serbio Slobodan Milosevic emprendió un proyecto hegemónico, al que eslovenos y croatas respondieron con la declaración de independencia. De 1991 a 1995, la guerra y la “limpieza étnica” (la eliminación violenta de un grupo étnico en un territorio) ensangrentaron las tierras de Eslovenia, Croacia, Serbia y, muy especialmente, Bosnia. La guerra concluyó en 1995 con los Acuerdos de Dayton y tropas de la OTAN, entre las que se encuentran efectivos españoles, mantienen la paz en Bosnia. Estas tropas fueron sustituidas en 2004 por fuerzas militares de los países de la Unión Europea.

La tragedia yugoslava continuó en la provincia serbia de Kosovo. Poblada mayoritariamente por población albanesa, el gobierno de Milosevic llevó a cabo una política de represión que expulsó a miles de kosovares del país y escandalizó a la opinión pública internacional. Finalmente, en 1999, la OTAN inició una campaña militar contra Serbia que concluyó con la invasión de Kosovo y su práctica segregación de Serbia.

Para integrar a los países liberados del régimen comunista, la Unión Europea ha vivido dos ampliaciones en 2004, cuando se integraron tres antiguas repúblicas soviéticas (Estonia, Letonia y Lituania), cuatro antiguos satélites de la URSS (Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia), una antigua república yugoslava (Eslovenia) y dos islas mediterráneas (Chipre y Malta) y en 2007, con el ingreso de Rumania y Bulgaria.

El proceso de integración no solo ha avanzado integrando más países. Un paso decisivo ha sido la puesta en circulación del euro, la moneda europea, en 2002. Trece miembros de la UE utilizaban la nueva divisa en 2007.

La Unión Europea, sin embargo, ha vivido un importante revés tras firmarse en 2004 un nuevo tratado por que se establecía una Constitución Europea. Dos países, Francia y Holanda, han rechazado en referéndum ratificar el nuevo tratado y el proceso de integración ha quedado paralizado.

Uno de los motivos del no francés y holandés a la constitución europea lo encontramos en el malestar de sectores de la población ante la creciente inmigración en los países más ricos de la UE. Europa está recibiendo en los últimos años un gran número de inmigrantes procedentes de África, Asia y América Latina. El crecimiento económico de la región, la caída de la natalidad que afecta a nuestro continente desde hace décadas y las dificultades en sus regiones de origen explican un flujo que alcanzado en España proporciones espectaculares. Baste decir que en el período 2000-2005, nuestro país ha sido el segundo receptor de inmigrantes del mundo, tras Estados Unidos. Los problemas derivados de la integración de esta población, agravados por la participación de inmigrantes musulmanes en las redes del terrorismo yihadista, son, posiblemente, el mayor desafío al que tendrá que hacer frente nuestro continente en el futuro.

En lo referente al terrorismo estrictamente europeo, el siglo XXI ha empezado con una gran noticia. Tras años de violencia en Irlanda del Norte, el proceso de paz iniciado en 1998 con el “Acuerdo del Viernes Santo” (Good Friday Agreement) ha concluido con éxito en mayo de 2007, cuando Ian Paisley, del sector protestante más radical, y el antiguo dirigente del IRA, Martin McGuinness, han pasado a dirigir el gobierno de una región pacificada. Desgraciadamente, aunque muy debilitada, ETA sigue siendo el único movimiento terrorista europeo que sigue asesinando en el siglo XXI.

  EEUU                                                                                                                                 Rusia

 

Introducción

Los cambios políticos en los grandes centros de poder mundial: EEUU

Europa

Rusia: la evolución autoritaria

Asia: China, India y Japón

Las dificultades de la normalización democrática: América Latina.

La inestabilidad permanente: África

Los conflictos internacionales en los inicios del siglo XX: la amenaza yihadista

Los grandes focos de tensión: Oriente Medio, Afganistán e Irán

Asia: el nuevo centro geoestratégico del mundo

Los conflictos por el petróleo en Asia Central

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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