3.3 China e India


La Republica Popular China cuenta con una extensión de 9,6 millones de km2 (6% de la superficie emergida mundial), que le convierten en el cuarto país más extenso. Y su población, 1.300 millones de habitantes en 2005, en el más poblado. Un PIB de más de 2,5 billones de dólares en 2006 hace de su economía la quinta de mayor dimensión. Sólo por detrás de las de la Unión Europea, EEUU, Japón y Alemania . Su PIB per capita en PPA rondaba, en 2005, los 7.500 dólares, esto es, un nivel medio. Pero es que su crecimiento en las últimas décadas constituye un record histórico: 8,5% anual entre 1975 y 2004. Nunca una economía había crecido a tal ritmo durante tanto tiempo.

China es ya no sólo una potencia política sino también económica. Y todo parece indicar que, si bien el crecimiento tenderá progresivamente a descender, el protagonismo chino en la economía internacional será aun mayor en el futuro. Especialmente competitiva resulta su producción industrial, que comienza a dar muestras de ser capaz de producir no sólo bienes industriales de baja calidad y poco precio.

En el origen del éxito chino se encuentran las reformas, inicialmente tímidas y posteriormente más ambiciosas, emprendidas tras la Revolución Cultural, que permitieron transitar del socialismo al capitalismo sin incurrir en los grandes costes económicos y sociales que ha soportado la URSS. La economía china destaca como exportadora de productos industriales a bajo precio.

China ha sido el principal beneficiario de la segunda fase de la globalización contemporánea., aunque sus resultados se han distribuido de manera desigual en términos sociales -las diferencias de renta y riqueza interindividual han crecido sustancialmente- y espaciales – también las de la costa pacífica frente al interior y la de las zonas rurales frente a las urbanas).

Las reformas que permitieron a India sumarse al tren del crecimiento económico rápido de otros países asiáticos se iniciaron a comienzos de los años noventa, cunado se abandonan las ideas socializantes que influyeron en tantos países que accedieron a la Independencia después de la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, la tasa de crecimiento hindú era sinónimo de incapacidad para adentrarse por la senda del progreso económico. Las reformas han seguido pautas bien conocidas: reducción de los controles gubernamentales sobre el sector privado, privatización de empresas públicas, liberalización del comercio exterior y apertura a las inversiones extranjeras. Las reformas han permitido a India beneficiarse también, aunque algo más tarde y en menor medida, de las ventajas de la globalización. En su caso, destaca la capacidad para crear un sector de servicios internacionalmente competitivo en las ramas más vinculadas a la informática y las comunicaciones. A ello contribuye decisivamente la disponibilidad de un abundante mano de obra barata pero bien instruida y que domina el inglés.

Pese a sus indudables logros recientes y su potencial futuro, India aún tiene un largo camino que recorrer para dotar a su economía de buenas infraestructuras y para reducir las desigualdades y la pobreza. Su producto per capita no llega a 4.000 dólares en PPA, es decir, algo más que la mitad del chino.

 Los países desarrollados                                                         La persistencia del subdesarrollo

Autor: Rafael Dobado González

 

Introducción

La globalización a lo largo del siglo XX: la economía

La segunda globalización y sus resultados

La demografía: el crecimiento de la población

La transición demográfica a escala mundial

Los cambios en la distribución espacial

La  economía actual: tendencias económicas de las tres últimas décadas

Los países desarrollados

China e India

La persistencia del subdesarrollo

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


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