3. La heterogeneidad de la economía mundial contemporánea


En esta sección nos ocuparemos de la evolución de las diferentes áreas económicas del mundo desde finales de la “Edad de oro”. Comprobaremos que los resultados, aunque globalmente positivos, no han sido iguales para todos. Si, dado el alto nivel de partida, era esperable que las economías desarrolladas crecieran más lentamente que durante la “Edad de oro”, los resultados de economías emergentes, como China e India, han superado las expectativas más favorables. Sorprendentes, aunque, desgraciadamente, por la razón contraria, han sido los escasos logros económicos, aunque no necesariamente en campos como la salud y la educación, de otros muchos países del globo, particularmente en África.


3.1. Tendencias económicas de las tres últimas décadas: ganadores y perdedores, absolutos y relativos

La configuración económica del mundo ha experimentado algunas transformaciones importantes. Tal vez la principal de ellas sea la emergencia de algunas economías (China, India, Brasil, México, etc.) que han pasado de desempeñar un papel subsidiario a convertirse en protagonistas activos de un mundo globalizado. Aunque la predicción económica es un ejercicio arriesgado que conviene practicar con gran cautela, todo parece indicar que la “multipolarización” de la economía internacional seguirá su curso.

Durante la segunda fase de la globalización contemporánea, el tamaño relativo de las economías de países y áreas del mundo ha variado. En algún caso significativamente.

Si bien unos y otras ganan absolutamente, como corresponde a un mundo en crecimiento económico, sólo lo hacen proporcionalmente, y mucho, algunos países asiáticos (Corea del Sur, China e India, por este orden). También, aunque en mucha menor medida, México y Brasil. No así América Latina, que experimenta un muy pequeño retroceso. Algo mayor es el de África. En ambos casos, la globalización no ha tenido para ellos resultados comparables, ni de lejos, a los de Asia. De hecho, pese al crecimiento demográfico, no han podido aprovechar sus ventajas para ver, como sería deseable, aumentar su peso en la economía mundial. Era esperable que las economías que partían de niveles bajos hubieran crecido más rápidamente que las que eran de nivel alto o medio de desarrollo en 1973. Sin embargo, no así en todos los casos.

Aunque algunas economías europeas (Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y España) siguen figurando entre las diez mayores del mundo, el tamaño relativo de Europa Occidental ha disminuido apreciablemente (-20%). Especialmente llamativa es la caída de la antigua URSS como consecuencia de su desmembración y del colapso económico que siguió a su peculiar transición a la economía de mercado. Mientras que el peso económico de EEUU apenas se altera gracias a su crecimiento –alto en relación al de los restantes países desarrollados- en los últimos años. Australia y el mundo árabe apenas cambian al alza, si bien, por lo que respecta al último grupo de países, la explicación se encuentra en los precios del petróleo, por lo que las ganancias se reparten muy desigualmente dentro de él.

El panorama del crecimiento económico internacional se altera algo, no mucho, cuando atendemos a los resultados en términos per capita. Aquí conviene distinguir, lo que no siempre se hace, entre ganadores y perdedores absoluta y relativamente. Con los datos disponibles, la mayor parte de la humanidad ha crecido económicamente entre 1973 y 2001. Algo bien distinto es que el crecimiento haya sido suficiente para sacar a todo el mundo de la pobreza o que el mundo se haya vuelto más igualitario.

Un alto nivel de bienestar material, igual o mayor al que disfrutamos, por ejemplo, en España no ha dejado de ser patrimonio de una minoría de la humanidad. Los niveles más elevados de riqueza, o de desarrollo humano (IDH) siguen correspondiendo a los países occidentales (Norteamérica, Europa y Australia) y a Japón. Los más pobres continúan localizados en las restantes partes del mundo (Àfrica, Asia, América Latina y Oceanía). Pocos cambios, pues, a este respecto. Ahora bien, algunos países, que concentran buena parte de la población mundial, han conseguido pasar de la pobreza, extrema o no, a niveles medios o medios-bajos de riqueza. Y ésta sí es una importante novedad.

Probablemente, diste de ser casual que, salvo contadas excepciones, la riqueza tiene una distribución espacial que no parece ajena a la geografía. Casi todos los países de renta alta o media-alta se encuentran fuera de las zonas tropicales. Y viceversa. Este hecho podría deberse a la influencia acumulada a lo largo de los siglos de la menor insalubridad y las mejores condiciones agrarias de las zonas templadas del planeta. También se observa que los países sin salida fácil al mar y, por tanto, al comercio marítimo suelen tener menores niveles de renta. Esta aparentemente poderosa influencia geográfica en el nivel de desarrollo no tiene por qué ser eterna –en su contra actúa el progreso técnico-científico en la medicina, la agricultura, el transporte y las comunicaciones- pero puede que tampoco desaparezca a corto o medio plazo.

Tomando como indicador la media nacional, la mitad de la humanidad ha doblado su producto per capita entre 1973 y 2001. Dos tercios de ella han experimentado un crecimiento del 50%. Para un 15% de la población mundial, el crecimiento ha sido del 0 al 50%. El 15% restante ha visto como decrecía en términos absolutos. Económicamente, éstos son lo grandes perdedores de las últimas décadas. En 1973, al 50% de la humanidad le correspondía un producto per capita medio que no llegaba a 1.400 dólares internacionales de 1990. Al otro 50%, lo contrario. En 2001, el valor del producto per capita que divide en dos a la humanidad supera los 3.000 dólares, esto es, más del doble que en 1973.

Es posible que una desigual distribución de la renta en el interior de los países –que podría haber empeorado en los últimos tiempos- reduzca el número de beneficiarios respecto a los porcentajes calculados al operar con la media nacional. En cualquier caso, el crecimiento económico, aunque no demasiado o no a todas, ha favorecido a un considerable número de personas en todo el mundo, que tienen hoy unas condiciones materiales de existencia mejores que las existentes hace 30 ó 40 años.

A parte de Guinea Ecuatorial, un caso excepcional por muchas razones (descubrimiento y explotación de grandes yacimientos petrolíferos, pequeña población, distribución muy desigual de la renta, etc.), los grandes ganadores absolutos son cuatro países asiáticos (Corea del Sur, China, Taiwán y Singapur) y uno africano (Bostwana). Todos ellos han multiplicado por 3 o más su producto per capita. Entre los países que al menos lo han duplicado figuran varios asiáticos muy poblados (entre ellos Tailandia, India, Malasia Vietnam, Indonesia y Pakistán), algunos europeos económicamente “periféricos” hasta no hace mucho tiempo (Irlanda, Noruega, España y Portugal) y, sorprendente y afortunadamente, algunos africanos (Cabo Verde, Mauricio, Egipto, Lesotho y Túnez).

Entre los perdedores absolutos, encontramos a países africanos (República Democrática del Congo, Sierra Leona, Angola, Gabón, Togo, Liberia, etc.), excomunistas (Moldavia, Georgia, Ucrania, Azerbaiyán, Rusia, etc.), Corea de Norte y latinoamericanos (Nicaragua, Haití y Venezuela), que son los grandes perjudicados por recientes acontecimientos políticos y económicos (desmembraciones, guerras civiles, transiciones poco exitosas al capitalismo, etc.) de los que han salido muy mal parados.

El panorama de ganadores y perdedores relativos, esto es, el que ofrece, no el crecimiento de su producto per capita entre 1973 y 2001, sino la magnitud del cambio entre ambos años del puesto ocupado en una clasificación mundial de países según el tamaño de su producto per capita respecto a la media mundial, es un poco distinto. A la cabeza de los ganadores figuran básicamente los mismos países, aunque con algunos pequeños cambios de posiciones. Así los grandes ganadores absolutos y relativos vienen a coincidir, aunque no exactamente: por ejemplo, mientras que Irlanda permanece entre los grandes ganadores relativos, España y Portugal abandonan ese grupo. Lo mismo ocurre con los grandes perdedores: los países que más posiciones han perdido en la ordenación mundial por producto proporcional a la media mundial entre 1973 y 2001 son los que han experimentado crecimientos absolutos negativos. Aunque algunos países que no figuraban entre los perdedores absolutos sí están entre los perdedores relativos de alguna importancia. Ése es el caso de Argentina y Nueva Zelanda, países de alto nivel de desarrollo en 1973. Entre los perdedores relativos, aunque por escaso margen, entran también varios países europeos importantes que no son perdedores absolutos: Francia, Gran Bretaña y Alemania. En mayor medida, eso le ocurre a Suecia, que era, en 1973, uno de los países más ricos, y con una distribución de la renta más igualitaria, del mundo. Australia, Estados Unidos y Japón consiguen mantener, al igual que España y otras economías europeas pequeñas (Holanda, Bélgica, Dinamarca, Portugal etc.), ganancias relativas, aunque más bien modestas.

  Los países desarrollados

Autor: Rafael Dobado González

 

Introducción

La globalización a lo largo del siglo XX: la economía

La segunda globalización y sus resultados

La demografía: el crecimiento de la población

La transición demográfica a escala mundial

Los cambios en la distribución espacial

La  economía actual: tendencias económicas de las tres últimas décadas

Los países desarrollados

China e India

La persistencia del subdesarrollo

Textos históricos

Cuestionarios y ejercicios

Historia del mundo
en el siglo XX

Historia de las relaciones
internacionales en el siglo XX

 


Google
Search WWW Search www.historiasiglo20.org

2010 © Juan Carlos Ocaña

Este sitio web está alojado en el
Instituto de Tecnologías Educativas