La República como estado laico
Discurso de Manuel Azaña
La revolución política, es decir, la expulsión de la dinastía y la
restauración de las libertades públicas, ha resuelto un problema específico de
importancia capital, ¡quién lo duda!, pero no ha hecho más que plantear y
enunciar aquellos otros problemas que han de transformar el Estado y la
sociedad españoles hasta la raíz. Estos problemas, a mi corto entender, son
principalmente tres: el problema de las autonomías locales, el problema social
en su forma más urgente y aguda, que es la reforma de lo propiedad, y este que
llaman problema religioso, y que es en rigor lo implantación del laicismo del
Estado con todas sus inevitables y rigurosas consecuencias. Ninguno de estos
problemas los ha inventado la República (...). Cada uno de estas cuestiones,
señores diputados, tiene una premisa inexcusable, imborrable en la conciencia
pública, y al venir aquí, al tomar hechura y contextura parlamentaria es
cuando surge el problema político. Yo no me refiero a las dos primeras, me
refiero a eso que llaman problema religioso. La premisa de este problema, hoy
político, la formulo yo de esta manera: España ha dejado de ser católica; el
problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede
adecuado a esta fase nueva e histórica el pueblo español. Yo no puedo admitir,
señores diputados, que a esto se le llame problema religioso. El auténtico
problema religioso no puede exceder de los límites de la conciencia personal,
porque es en la conciencia personal donde se formula y se responde a la
pregunta sobre el misterio de nuestro destino (...).
Diario de sesiones
de los Corles, 13 de octubre de 1931
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