Carlos III (1759-1788), hijo de
Felipe V y
hermanastro de
Fernando VI, antes de ser rey de España desempeñó el
cargo de Rey de Nápoles de 1735 y 1759.
Su reinado se caracterizó por la aplicación de las reformas del despotismo
ilustrado:
El siglo XVIII fue un período de recuperación económica. Esta fue desigual,
mayor en la periferia que en el centro peninsular. En ese contexto de
crecimiento económico, con el
Conde de Aranda
(1769) y
Floridablanca
(1787) se llevaron a cabo los primeros censos con la finalidad de
conocer las potencialidades económicas y fiscales.
Entre los ilustrados se extendió la conciencia de la necesidad de
emprender reformas en la agricultura, ocupación que ocupaba a la mayoría de la
población y que estaba muy atrasada. Para ello se crearon asociaciones como
las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País y los ministros de
Carlos III prepararon diversos planes de reforma como el Memorial Ajustado
de
Campomanes y el Informe sobre la Ley Agraria de
Jovellanos.
Todos estos proyectos y documentos del período denunciaban
las enormes propiedades amortizadas (mayorazgos de la nobleza o
manos muertas de la Iglesia) y afirmaban que el acceso del
campesinado a la propiedad de la tierra era una condición necesaria para
el progreso del país. Por primera ves, se empezaba a hablar de la
desamortización. Sin embargo, la negativa rotunda del Clero y la Nobleza,
incluso hubo procesos de la Inquisición a ministros ilustrados com el Conde de
Aranda, llevó a la paralización de las reformas.
Las únicas medidas que se llevaron a cabo fueron el reparto de tierras
comunales en Extremadura, la repoblación (fallida) de Sierra Morena bajo el
gobierno de Olavide, la reducción de los derechos de la Mesta y algunas obras
de regadío (Canal Imperial de Aragón, Canal de Castilla…)
Los ministros ilustrados aprobaron medidas para fomentar el desarrollo de la
Industria. Se rompió el monopolio de los gremios en 1772; se
establecieron, con escaso éxito económico, las Reales Fábricas, con
apoyo del estado (armas, astilleros, vidrio, tapices…) Las industrias textiles
privadas catalanas (“indianas”) fueron más competitivas que las empresas
estatales.
Con respecto al comercio se adoptaron medidas conducentes a integrar el
comercio nacional, como la mejora de las vías comunicación o la supresión de
las aduanas interiores. Un decreto de 1778 estableció la liberalización del
comercio con América, acabándose con el secular monopolio de la Casa de
Contratación. Sin embargo, se manutvo la política comercial proteccionista con
respecto a las demás potencias.
En el terreno financiero, se estableció el Banco de San Carlos,
antecedente del futuro Banco de España. En este período, aparece la peseta,
aunque no será la moneda oficial del país hasta 1868.
Teniendo en cuenta la dinámica política se pueden distinguir dos períodos en
los gobiernos de
Carlos III:
1759-1766 Gobiernos de Esquilache y Grimaldi. Los intentos de
introducción de reformas encontraron una viva reacción que culminó en el
Motín de Esquilache
en 1766. Esta revuelta que estalló contra el decreto
que obligaba a cambiar capas y sombreros tiene razones complejas. Podemos
hablar de un motín popular “nacionalista”, contra el ministro italiano,
manejado por el clero (jesuitas) y la nobleza para frenar las reformas. Los
Jesuitas, acusados de fomentar el motín, fueron expulsados en 1767.
1766-1788 Gobiernos del
Conde de Aranda,
Floridablanca y
Campomanes. Este período está dominado por los grandes ministros
ilustrados que ensayaron diversas reformas económicas que finalmente no se
llevaron a cabo por la oposición del clero y la nobleza.
