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La España del siglo XVI:
El modelo político de los Austrias
Los
Habsburgo
o Austrias continuaron y
desarrollaron la organización política heredada de los Reyes Católicos.
Procuraron rodearse de letrados,
funcionarios expertos en leyes que no pertenecía a la alta nobleza. De esta
manera, apartaron a la aristocracia del poder de la Corte, permitiendo que el
poder político quedara centralizado en las manos de los monarcas.
La alta nobleza siguió jugando un papel muy importante, detentaba
los altos cargos del ejército, de la marina y de la diplomacia, pero
siempre subordinada a la corona.
Castilla se convirtió en el centro
del Imperio. Esto ocurrió en mayor medida con Felipe II que con su padre, Carlos
V. En los demás reinos y posesiones se establecieron Virreyes
(Aragón, Indias, Italia) o Gobernadores
(Países Bajos, Milán). Estos cargos fueron ejercidos por altos nobles o miembros
de la familia real.
El Rey estaba asesorado por los
Consejos
(sistema polisinodial). Estos podían ser
sectoriales (Hacienda…) o
territoriales (Castilla, Aragón, Indias, Italia…). Estaban
formados por letrados, nobles y alto clero y tenían un carácter meramente
consultivo. El Rey tenía la última palabra.
Carlos V y Felipe II despacharon los asuntos cotidianamente con consejeros de su
máxima confianza, los Secretarios, que
hacían de intermediarios entre el rey y los Consejos. Algunos, como Antonio
Pérez con Felipe II, alcanzaron una gran influencia.
La administración
territorial mantuvo la estructura heredada de los Reyes Católicos. Los
Corregidores, designados por la corona, tenían el
control de las ciudades. Otros cargos de la burocracia eran los Contadores y
recaudadores de impuestos, y los Alguaciles que hacían funciones de policía.
Las Chancillerías y las Audiencias
se encargaron de la administración de justicia.
En
1561, Felipe II fijó la capital en Madrid.
Diversos factores explican esta decisión: La situación central de la ciudad en
la península o las ventajas ambientales (agua, caza…). Esta decisión provocó el
rápido crecimiento de la Villa y Corte, a la vez que la decadencia de ciudades
como Valladolid o Toledo, que eran anteriormente frecuentemente la sede de la
Corte.

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