En 1578 moría el rey Sebastián I de Portugal en la
batalla de Alcazarquivir. El rey carecía de descendencia y varios candidatos aspiraban al trono que detentaba la dinastía
Aviz.
Felipe II,
rey de España ytío del fallecido y descendiente directo del rey
Manuel I de Portugal por línea directa, reclamó sus derechos al trono.
Parte importante de la nobleza y los grandes comerciantes
portugueses favorecía la pretensión española. La unión ibérica podía traer importantes
beneficios políticos y económicos. Las clases populares portuguesas, sin
embargo, no veían con buenos ojos la anexión a España.
Finalmente, Felipe II decidió la invasión de Portugal que
encargó al Duque de Alba. Las tropas castellanas llegaron a Lisboa sin
encontrar apenas resistencia.
Finalmente las Cortes portuguesas reunidas en Tomar proclamaron rey a Felipe II en
1581. El que
sería conocido como Felipe I de Portugal permaneció tres años en
Lisboa.
Para conseguir la
anexión, Felipe
se comprometió a mantener y respetar los fueros, costumbres y privilegios de
los portugueses. También se comprometió a mantener en sus cargos a todos los
funcionarios de la administración central y local. También se comprometió a
mantener a todos los efectivos de las guarniciones y armadas que controlaban
el imperio portugués.
Se creó un Consejo de Portugal y se suprimieron las aduanas
con Castilla.
La anexión significó la unión de dos enormes imperios. Las
posesiones portuguesas en Brasil, África y Asia pasaron al Imperio de Felipe II. Un imperio “en donde nunca se ponía el sol”.