La Corona de Castilla y Portugal fueron rivales sobre los derechos
de conquista de las islas Canarias. Finalmente, en 1479, Portugal
renunció a las islas por el Tratado de Alcaçovas.
En 1478, los Reyes Católicos ordenaron la conquista de Gran Canaria.
En 1493 fue anexionada la isla de La Palma, y la unión a Castilla
concluyó en 1496 con la conquista de Tenerife.
El
proceso de conquista fue muy similar al que luego se aplicó en
América. Fue llevado a cabo por particulares que firmaban
contratos, capitulaciones, con la Corona.
La población indígena, los
guanches, con un nivel de
desarrollo económico y cultural muy bajo, fueron pronto
exterminados. El contagio de enfermedades procedentes de Europa fue
la clave del desastre demográfico.
Los conquistadores, sobre todo andaluces y extremeños,
esclavizaron a la menguante población indígena, pese a las
prohibiciones legales de los reyes castellanos y el Papa. Ante su
desaparición paulatina, comenzaron a importar esclavos de la costa
africana.
El azúcar se convirtió en la principal fuente de riqueza.
La estructura administrativa se copió de la castellana con un
Capitán General al frente del archipiélago y dos Adelantados en
Tenerife y Gran Canaria.
Cristóbal Colón hizo escala en Gran Canaria, y luego zarpó de la
isla de La Gomera en el viaje de descubrimiento de 1492.
Con respecto a Portugal, los Reyes Católicos utilizaron la
política matrimonial de forma sistemática como un instrumento de
la política exterior:
-
En 1490, casaron a su hija Isabel con el príncipe Alfonso
de Portugal, hijo primogénito del rey Juan II.
-
La muerte de Alfonso en 1491 y la muerte en 1945 del rey
Juan II dejó como heredero al hermano del monarca,
Manuel el Afortunado. En 1497,
Manuel se casó con Isabel,
viuda del anterior rey, Alfonso.
-
Isabel murió en 1498 en el parto de su hijo Miguel, quien
murió dos años más tarde. De nuevo, la diplomacia matrimonial
funcionó y la infanta María, hija
también de los Reyes Católicos, ocupó su lugar como esposa de
Manuel.
Pese a que esta política matrimonial no dio resultado inmediato,
posteriormente en virtud de esta compleja red de relaciones
familiares, Felipe II reclamó con éxito en 1580 el
trono de Portugal, al morir sin descendencia el rey Sebastián.
