Desde el siglo XIII se estaba produciendo una lenta pero
inexorable mutación geográfica desde el Mediterráneo hacia el Atlántico,
debido a numerosos factores, tanto políticos como económicos y tecnológicos.
La fachada marítima de Portugal y la costa atlántica de
Andalucía ocupaban, desde ese punto de vista, una posición estratégica de
primera magnitud. En el transcurso del siglo XV la Corona de Castilla, que
había puesto los pies en las islas Canarias al comenzar dicha centuria, fue
protagonista de una notable expansión por la costa occidental de Africa, ya
fuera para explotar sus pesquerías o para realizar un lucrativo comercio.
En esas actividades participaban, sin duda, los grandes
linajes de la nobleza de Andalucía, como los Guzmán o los Ponce de León, a los
que, además de señores de tierra adentro, se les consideraba como señores de
la mar. Pero, sobre todo, había en la costa atlántica de Andalucía un
abigarrado mundo de mareantes y de pescadores.
Hacia finales del siglo XIII o probablemente antes
debieron realizarse los primeros viajes a las islas Canarias, organizados por
comerciantes, haciéndose más frecuentes a lo largo de la centuria siguiente.
Estos viajes hicieron que las Canarias fueran bien conocidas en la segunda
mitad del siglo XIV.
La
conquista del Archipiélago Canario duró cerca
de un siglo, desde 1402 hasta 1496. Varios factores fueron la causa de que se
alargara tanto, como la falta de medios económicos por parte de los
conquistadores, la fuerte resistencia que ofrecieron algunas islas y
también que las islas no eran tan ricas como muchos europeos suponían y
ante esta evidencia bajaba mucho el afán descubridor.
Puede dividirse en dos fases la conquista de Canarias,
una
primera parte realizada por Jean Bethencourt (normando al servicio
de la corona castellana), quien, a partir de 1402, somete a las islas de
Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, posiblemente también La Gomera, y una
segunda bajo el reinado de los Reyes Católicos, con la conquista de
Gran Canaria, La Palma y Tenerife.
No tiene por ello nada de extraño que fuera precisamente
en ese territorio en donde, años más tarde, encontrara Cristóbal Colón tanto
el aliento como las bases materiales para llevar a cabo su proyecto de viaje a
las Indias cruzando el Atlántico.
Por su parte, los portugueses avanzaron de forma decisiva
en la exploración y la toma de enclaves comerciales en las costas africanas y
el Atlántico. Los archipiélagos de las Azores y la isla de Madeira son
ejemplos de esta expansión que finalmente llevaría a fines del siglo XV a las
expediciones de Bartolomé Diaz, que dio la vuelta al Cabo de Buena Esperanza,
y de Vasco de Gama, quien finalmente conseguirá llegar a la India costeando el
continente africano.
