Pedro III el Grande (1276-1285)
lanzó a la Corona aragonesa a una política de autentico
imperialismo
mediterráneo.
Aragón se incorporó tres grandes islas
del Mediterráneo occidental:
Sicilia, Córcega y Cerdeña.
Esta
expansión chocó con los intereses de
la corona francesa y del Papa. Se inicia así un elemento clave de la política
exterior aragonesa, y posteriormente española, que se prolongará durante
varios siglos: la lucha con Francia por la hegemonía en los estados italianos.
Con Jaime II (1291-1327) el
imperialismo catalano-aragonés en el Mediterráneo experimentó un nuevo
impulso. La aventura de los almogávares en el Mediterráneo oriental es la más
célebre expresión de este proceso.
Los
almogávares eran soldados
mercenarios, originarios de tierras de la Corona de Aragón. En la primera
mitad del siglo XIV, recorrieron el mar Mediterráneo ayudando a diversas
campañas aragonesas impulsadas por el expansionismo comercial catalán.
Almogavar significa en árabe 'el que hace algaradas o correrías' del
vocablo 'al-mugawar'.
En el año 1302 embarcaron hacia Bizancio
(la antigua Constantinopla, actual Estambul). El emperador bizantino les había
contratado para luchar contra los turcos. Al frente iba Roger de Flor
(1267-1305), aventurero de origen alemán, con el que obtuvieron grandes
victorias contra los turcos en Asia Menor.
Sin embargo, tras el asesinato de Roger
de Flor en 1305 se dedicaron, como forma de venganza, a la devastación y al
saqueo. Posteriormente se pusieron al servicio del duque de Atenas, pero en
1311 ocuparon dicho condado. Su entrada en la capital ateniense al grito de
"Aragón, Aragón" es el punto culmen de la dominación catalano-aragonesa del
Mare Nostrum. En 1319 crearon el señorío de Neopatria.
Hay que destacar que el coste económico
de estas empresas imperialistas forzó a los reyes de Aragón a pedir ayuda
continuamente a la nobleza y al clero. Este es uno de los factores que
explican que la monarquía aragonesa fuera una ”monarquía pactista”
El último impulso del imperialismo
catalano-aragonés en el mediterráneo llegó con Alfonso V el Magnánimo
(1416-1458) quien anexionó el reino de Nápoles en 1443, en lucha contra
los franceses y las potencias italianas (Venecia, Florencia y el Papa). A
partir de este momento, Alfonso V estableció su corte en Nápoles, convirtió la
ciudad un gran centro humanístico y se dedicó por completo a la política
italiana.
