Tras una
larga migración integrada en el proceso de las invasiones
germánicas y la caída del Imperio Romano de Occidente, los visigodos
establecieron su
reino en la Península durante el siglo VI, situando su capital
en Toledo por su estratégica localización central.
Leovigildo, entre los años 569 y 586, fue auténtico artífice
de la unidad política de la península bajo el dominio de los
visigodos. Dos pasos posteriores fueron clave en el proceso de
integración entre la población visigoda y los hispanorromanos:
La organización politica de los visigodos se
sustentaba en el derecho germánico. La institución fundamental de
gobierno era la Asamblea de los hombres libres, en la que residía el
poder del reino, que era conferido a un rey (monarquía electiva).
Los reyes visigodos intentaron modificar la
organización germánica e incorporar el absolutismo romano a su
gobierno. Pese a estos intentos, nunca lograron establecer una
monarquía estable, con un poder real fuerte y basada en el derecho
de herencia. La inestabilidad política consecuente fue clave
para entender el derrumbamiento del reino visigodo en el 711 tras la
invasión musulmana.
Los monarcas conservaron una comitiva de
clientes que los acompañaban, jurándoles fidelidad y recibiendo
protección y sustento.
Los poderes del rey eran amplios: juez supremo,
jefe del ejército, legislador, encargado de la guerra y de la paz…
En la práctica, el rey gobernaba con la ayuda del
Officium Palatinum, en el que intervenían dos órganos de
gestión: el Aula Regia o Consejo del Rey y los Concilios
de Toledo, que colaboraron con los reyes en tareas legislativas
y asuntos de gobierno.
Formaban parte del Officium personajes de alto
rango que, con el título de Comes, estaban al frente de
diferentes servicios: Comes del Tesoro Regio, Comes de
administración de las tierras de la Corona, Comes de recaudación de
impuestos, Comes de los gastos del monarca y de su casa.
También participaban los grandes funcionarios
territoriales y militares: Duces provinciales (delegados del
rey), Comites civitates (jueces de las ciudades) y
Gardingos (jefes militares).