Las invasiones bárbaras.
El reino visigodo: instituciones y cultura


El final del Imperio romano se vio marcada por grandes movimientos migratorios de pueblos en su mayor parte germánicos, conocidos como "bárbaros" por los romanos, en los territorios del occidente del Imperio.

Estas migraciones, a menudo realizadas por la violencia, supusieron verdaderos invasiones que precipitaron el fin del Imperio. Iniciadas en el siglo III, tuvieron su momento culmen en el siglo V.

Los suevos, vándalos y alanos fueron los primeros pueblos que penetraron en la península ibérica en el 411. Los tiempos que siguieron fueron muy confusos. Aunque Hispania siguió siendo nominalmente una provincia romana, los pueblos invasores se asentaron en diversas zonas de la península. los suevos en la Gallaecia, los vándalos en la Bética y los alanos dispersos por la Lusitania y la Cartaginensis.

La reacción del Imperio mostraba su debilidad. Encargó a los visigodos, pueblo germánico asentado en el sur de Francia mediante un pacto con Roma, penetrar en la península y expulsar a los invasores. Así lo hicieron con alanos y vándalos.

Al caer el Imperio romano de Occidente, los visigodos establecieron su propia reino con capital en Tolosa, la actual Toulouse, en el sur de Francia. El reino se extendía por el sur de Francia y gran parte de Hispania. Finalmente, bajo el empujo de otro pueblo germánico, los francos, los visigodos terminaron por establecerse plenamente en la península ibérica.

Tras una larga migración, los visigodos establecieron su reino en la Península durante el siglo VI, situando su capital en Toledo por su estratégica localización central.

Leovigildo, entre los años 569 y 586, fue auténtico artífice de la unidad política de la península bajo el dominio de los visigodos. Dos pasos posteriores fueron clave en el proceso de integración entre la población visigoda y los hispanorromanos:

  • Conversión al cristianismo de rey Recaredo y el pueblo visigodo en el III Concilio de Toledo (589).
  • Publicación por Recesvinto del Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo en el 654. Este nuevo código de leyes puso a todos los habitantes del reino, visigodos e hispano-romanos, bajo las mismas leyes.

La organización politica de los visigodos se sustentaba en el derecho germánico. La institución fundamental de gobierno era la Asamblea de los hombres libres, en la que residía el poder del reino, que era conferido a un rey (monarquía electiva).

Los reyes visigodos intentaron modificar la organización germánica e incorporar el absolutismo romano a su gobierno. Pese a estos intentos, nunca lograron establecer una monarquía estable, con un poder real fuerte y basada en el derecho de herencia. La inestabilidad política consecuente fue clave para entender el derrumbamiento del reino visigodo en el 711 tras la invasión musulmana.

Los monarcas conservaron una comitiva de clientes que los acompañaban, jurándoles fidelidad y recibiendo protección y sustento.

Los poderes del rey eran amplios: juez supremo, jefe del ejército, legislador, encargado de la guerra y de la paz…

En la práctica, el rey gobernaba con la ayuda del Officium Palatinum, en el que intervenían dos órganos de gestión: el Aula Regia o Consejo del Rey y los Concilios de Toledo, que colaboraron con los reyes en tareas legislativas y asuntos de gobierno.

Formaban parte del Officium personajes de alto rango que, con el título de Comes, estaban al frente de diferentes servicios: Comes del Tesoro Regio, Comes de administración de las tierras de la Corona, Comes de recaudación de impuestos, Comes de los gastos del monarca y de su casa.

También participaban los grandes funcionarios territoriales y militares: Duces provinciales (delegados del rey), Comites civitates (jueces de las ciudades) y Gardingos (jefes militares).