Los Gobiernos democráticos y la
integración en Europa
La segunda legislatura de UCD y el fin del
gobierno de Suárez (1979-1981)
Tras aprobarse la Constitución, las Cortes fueron
disueltas y en las nuevas elecciones celebradas el 1 de marzo de
1979 volvió a triunfar la UCD de
Suárez. No ocurrió así en las
elecciones municipales, las primeras democráticas desde la II
República, celebradas poco después. La izquierda conquistó los
principales ayuntamientos mediante la alianza del PSOE y el PCE.
Pese a esta alianza, Felipe González forzó un
giro político e ideológico en el PSOE tras la celebración de su XXVIII Congreso.
El PSOE abandonó el marxismo como ideología oficial y se configuró
como un partido de izquierda moderada que podía aspirar al poder en
unas próximas elecciones.
El año 1979 se inició un proceso de deterioro
político que culminará con el golpe de estado frustrado en 1981.
Diversos factores explican esta crisis política:
-
La brutal campaña terrorista de ETA que causó
77 muertos en 1979 y 95 en 1980. Esos fueron los dos años más
letales de la banda.
-
El consiguiente desasosiego en los círculos
militares de extrema derecha que
iniciaron contactos para la
preparación de un golpe.
-
El fin del consenso con el inicio por parte del
PSOE de una dura campaña de oposición.
-
La aprobación de los Estatutos de Autonomía del
País Vasco y Cataluña a fines de 1979 y las consiguientes
elecciones autonómicas que dieron mayoría a las fuerzas
nacionalistas. Convergència y Unió de Jordi Pujol y el PNV.
-
La crisis interna de UCD. Las disensiones y
críticas internas en un partido que había nacido de forma
artificial fueron minando poco a poco la posición de Suárez, a
menudo enfrentado con miembros de su propio partido.
Todos estos factores precipitaron la dimisión de
Suárez el 29 de enero de 1981. Calvo Sotelo, dirigente de UCD, fue
designado candidato a la presidencia. Tras no obtener mayoría
suficiente en una primera votación, se fijó para el día 23 de
febrero la segunda votación para su investidura.
El golpe de estado del 23-F
Mientras se celebraba la votación de investidura
un grupo de guardias civiles dirigidos por el teniente coronel
Tejero entraron en las Cortes secuestrando al poder legislativo y
ejecutivo. El capitán general de Valencia, Jaime Milans del
Bosch, decretaba el estado de guerra y publicaba un bando que
recordaba los del verano de 1936. El segundo jefe del Estado Mayor
del Ejército, Alfonso Armada, era otro de los principales
golpistas.
El golpe no contó, sin embargo, con el apoyo
unitario del ejército. La labor de algunos militares como el capitán
general de Madrid, Quintana Lacaci, posteriormente asesinado por
ETA, fue clave para abortar el golpe. El momento decisivo llegó en
la madrugada cuando el rey se dirigió a los ciudadanos, explicando
las órdenes que había transmitido a los altos cargos militares de
sumisión al orden constitucional.
El último gobierno de UCD: Calvo Sotelo
(1981-1982)
Calvo Sotelo gobernó sólo un año y medio en un
período marcado por la descomposición de su propio partido, la
aprobación de la Ley del Divorcio con una fenomenal oposición de la
Iglesia y el escándalo del envenenamiento masivo por aceite de colza
desnaturalizado.
En mayo de 1982, con la oposición de los partidos
de izquierda, España ingresó en la Organización del Atlántico Norte
(OTAN). El PSOE prometió un referéndum popular sobre esta adhesión
si ganaba las elecciones.
En octubre de 1982, Calvo Sotelo convocó
elecciones. El PSOE consiguió un triunfo arrollador con más de 10
millones de votos y mayoría absoluta en el Congreso de los
Diputados. El proyecto de "cambio" de Felipe González había
arrollado a una UCD que casi desapareció en las elecciones y fue
sustituida por la Alianza Popular de Manuel Fraga como el principal
partido de la derecha.
Los gobiernos socialistas de Felipe González
(1982-1996)
En la primera legislatura socialista (1982-1986),
el gobierno de González tuvo que hacer frente a una difícil
situación económica. El gabinete socialista aprobó un estricto plan
de estabilización económica que implicó un proceso de reconversión
industrial que llevó al cierre de muchas industrias obsoletas. Estas
medidas provocaron el desconcierto entre las centrales sindicales,
pero permitieron sanear la economía y prepararla para la
recuperación.
El gobierno socialista tuvo que hacer frente a
una dura campaña terrorista de ETA, con más de cien muertos durante
la legislatura, y a la vez reformar el Ejército para acabar con el
peligro del golpismo. Esta reforma fue uno de los grandes éxitos del
gabinete.
Otras medidas fueron la aprobación de la reforma
universitaria, la LODE, que establecía la enseñanza gratuita y
obligatoria hasta los dieciséis años, y una despenalización parcial
del aborto.
España finalmente consiguió acceder a la
Comunidad Económica Europea el 1 de enero de 1986. El viejo anhelo
de integración en Europa se convirtió en realidad.
Como contrapartida, Felipe González cambió
radicalmente su discurso sobre la OTAN. La negativa al ingreso en la
alianza militar occidental se tornó en apoyo. González mantuvo su
promesa de convocar un referéndum y pidió el voto afirmativo a la
permanencia en la OTAN. El triunfo de la postura defendida por
González posiblemente marcó su cenit como líder político.
En estos años acabó por diseñarse el mapa
autonómico español con la aprobación de los diversos estatutos de
autonomía.
En 1986, el PSOE volvió a ganar las elecciones
por mayoría absoluta propiciando la crisis entre sus contrincantes.
Fraga repitió resultados lo que propició una larga crisis en su
partido y el PCE se coaligó con diversas fuerzas menores
configurando Izquierda Unida.
La segunda legislatura socialista (1986-1989)
estuvo marcada por un fuerte desarrollo económico que duraría hasta
1992. Este crecimiento se concretó una ambiciosa política de
inversiones públicas en infraestructuras favorecida por la
transferencia de fondos procedentes de la CEE. Los servicios
educativos, sanitarios y de pensiones crecieron de forma notable,
siendo sufragados por un sistema fiscal relativamente progresivo.
Por primera vez se podía hablar de un Estado del Bienestar en
España.
El crecimiento económico y las medidas
liberalizadoras del gobierno trajeron un aumento de las diferencias
de riqueza entre los diversos grupos sociales. Los sindicatos CC.OO.
y UGT organizaron una huelga general el 14 de diciembre de 1988. El
país se paralizó y Felipe González tuvo que negociar la retirada
parcial de su programa liberalizador.
En 1989, el PSOE volvió a ganar por mayoría
absoluta que una fuerte reducción de votos. En esta tercera
legislatura del PSOE (1989-1993), España celebró en 1992 dos
acontecimientos internacionales, los Juegos Olímpicos de Barcelona y
la Expo de Sevilla que mostraron una imagen de país moderno muy
diferente a la España de la dictadura de Franco.
Sin embargo, la recesión mundial iniciada
principios de los noventa golpeó duramente a nuestro país. La crisis
económica, agravada por la incorrecta política económica del
gobierno, disparó la inflación y el paro llegó a la dramática cifra
de tres millones de desempleados.
La crisis económica fue la antesala del estallido
de escándalos de corrupción (hermano de Alfonso Guerra y FILESA) que
afectaron al gobierno socialista. A ellos se vino a unir el
escándalo de los GAL, grupo armado formado por policías y
mercenarios que con la complicidad de cargos del gobierno llevó a
cabo la "guerra sucia" contra ETA.
En las elecciones de 1993, el PSOE volvió a
vencer aunque esta vez sin mayoría absoluta por lo que necesita el
apoyo parlamentario de Convergència i Unió de Pujol. Las fuerzas de
derecha se habían reorganizado en el Partido Popular que era
dirigido desde 1989 por Jose María Aznar. Se iniciaba así la
cuarta legislatura con Felipe González en el gobierno del país
(1993-1996).
Las dificultades económicas, los escándalos y la
dura campaña de la oposición llevaron a que, tras negarle Pujol el
apoyo para aprobar los presupuestos, Felipe González convocara
elecciones en 1996.
El gobierno del PP (1996-2000)
Jose María Aznar no consiguió la mayoría absoluta
y se vio obligado a pactar con las minorías nacionalistas para
acceder a la presidencia del gobierno. El giro hacia la derecha se
vio corroborado con las victorias del PP en las elecciones
autonómicas y municipales. El ciclo socialista bajo el liderazgo de
Felipe González había tocado su fin.
Aznar centró sus esfuerzos en implementar una
política económica ortodoxa que redujera el déficit público y
reactivara la actividad económica privada. El gran objetivo era
cumplir los denominados criterios de convergencia (inflación, deuda,
déficit...) establecidos en el Tratado de Maastricht de 1991 y que
una vez alcanzados permitirían a España unirse a la nueva divisa
europea, el Euro.
La política económica fue un éxito. La actividad
económica se reactivó, el paro descendió de manera notable y el
saneamiento de la economía llevaría a que España participara en el
nacimiento del Euro en 1999.
El terrorismo de ETA llegó a su expresión más
sangrienta en verano de 1997 con el asesinato del concejal del PP en
el ayuntamiento vasco de Ermua, Miguel Ángel Blanco. La crueldad de
la banda terrorista y la labor de los colectivos que llevaban años
enfrentándose a la violencia en el País Vasco desencadenó una
importante reacción popular que vino a denominarse el "espíritu de Ermua".
El gobierno de Aznar, con el apoyo de la
oposición socialista, se lanzó decididamente a una política de
dureza con ETA y con el entorno nacionalista. La reacción en el
campo albertzale fue el Pacto de Lizarra-Estella de 1998, un
acuerdo
de todas las fuerzas nacionalistas, desde el PNV a ETA, para avanzar
hacia la independencia. Unos días después ETA declaró una tregua
indefinida y sin condiciones.
Los contactos entre el gobierno de Aznar y el
grupo terrorista no dieron ningún resultado y un año después ETA
volvió a la actividad armada. El presidente Aznar, que había sido
víctima de un atentado frustrado en 1995, reforzó su política de
enfrentamiento con el nacionalismo vasco en todas sus tendencias.
Las elecciones convocadas en el año 2000 marcaron
el momento de apogeo del PP y Aznar. El nuevo siglo se inició con
una mayoría absoluta del PP en las Cortes.