La España actual: los gobiernos democráticos.
Los desafíos del golpismo y del terrorismo. Cambios políticos, sociales y económicos.
Cultura y mentalidades.


Los Gobiernos democráticos desde 1982

Los gobiernos socialistas de Felipe González (1982-1996)

En la primera legislatura socialista (1982-1986), el gobierno de González tuvo que hacer frente a una difícil situación económica. El gabinete socialista aprobó un estricto plan de estabilización económica que implicó un proceso de reconversión industrial que llevó al cierre de muchas industrias obsoletas. Estas medidas provocaron el desconcierto entre las centrales sindicales, pero permitieron sanear la economía y prepararla para la recuperación.

El gobierno socialista tuvo que hacer frente a una dura campaña terrorista de ETA y a la vez reformar el Ejército para acabar con el peligro del golpismo. Esta reforma fue uno de los grandes éxitos del gabinete.

Otras medidas fueron la aprobación de la reforma universitaria, la LODE, que establecía la enseñanza gratuita y obligatoria hasta los dieciséis años, y una despenalización parcial del aborto.

España finalmente consiguió acceder a la Comunidad Económica Europea el 1 de enero de 1986. El viejo anhelo de integración en Europa se convirtió en realidad.

Como contrapartida, Felipe González cambió radicalmente su discurso sobre la OTAN. La negativa al ingreso en la alianza militar occidental se tornó en apoyo. González mantuvo su promesa de convocar un referéndum y pidió el voto afirmativo a la permanencia en la OTAN. El triunfo de la postura defendida por González posiblemente marcó su cenit como líder político.

En estos años acabó por diseñarse el mapa autonómico español con la aprobación de los diversos estatutos de autonomía.

En 1986, el PSOE volvió a ganar las elecciones por mayoría absoluta propiciando la crisis entre sus contrincantes. Fraga repitió resultados lo que propició una larga crisis en su partido y el PCE se coaligó con diversas fuerzas menores configurando Izquierda Unida.

La segunda legislatura socialista (1986-1989) estuvo marcada por un fuerte desarrollo económico que duraría hasta 1992. Este crecimiento se concretó una ambiciosa política de inversiones públicas en infraestructuras favorecida por la transferencia de fondos procedentes de la CEE. Los servicios educativos, sanitarios y de pensiones crecieron de forma notable, siendo sufragados por un sistema fiscal relativamente progresivo. Por primera vez se podía hablar de un Estado del Bienestar en España.

El crecimiento económico y las medidas liberalizadoras del gobierno trajeron un aumento de las diferencias de riqueza entre los diversos grupos sociales. Los sindicatos CC.OO. y UGT organizaron una huelga general el 14 de diciembre de 1988. El país se paralizó y Felipe González tuvo que negociar la retirada parcial de su programa liberalizador.

En 1989, el PSOE volvió a ganar por mayoría absoluta que una fuerte reducción de votos. En esta tercera legislatura del PSOE (1989-1993), España celebró en 1992 dos acontecimientos internacionales, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla que mostraron una imagen de país moderno muy diferente a la España de la dictadura de Franco.

Sin embargo, la recesión mundial iniciada  principios de los noventa golpeó duramente a nuestro país. La crisis económica, agravada por la incorrecta política económica del gobierno, disparó la inflación y el paro llegó a la dramática cifra de tres millones de desempleados.

La crisis económica fue la antesala del estallido de escándalos de corrupción (hermano de Alfonso Guerra y FILESA) que afectaron al gobierno socialista. A ellos se vino a unir el escándalo de los GAL, que comentamos en el apartado dedicado al terrorismo.

En las elecciones de 1993, el PSOE volvió a vencer aunque esta vez sin mayoría absoluta por lo que necesita el apoyo parlamentario de Convergència i Unió de Pujol. Las fuerzas de derecha se habían reorganizado en el Partido Popular que era dirigido desde 1989 por Jose María Aznar. Se iniciaba así la cuarta legislatura con Felipe González en el gobierno del país (1993-1996).

Las dificultades económicas, los escándalos y la dura campaña de la oposición llevaron a que, tras negarle Pujol el apoyo para aprobar los presupuestos, Felipe González convocara elecciones en 1996.

El gobierno del PP (1996-2000)

Jose María Aznar no consiguió la mayoría absoluta y se vio obligado a pactar con las minorías nacionalistas para acceder a la presidencia del gobierno. El giro hacia la derecha se vio corroborado con las victorias del PP en las elecciones autonómicas y municipales. El ciclo socialista bajo el liderazgo de Felipe González había tocado su fin.

Aznar centró sus esfuerzos en implementar una política económica ortodoxa que redujera el déficit público y reactivara la actividad económica privada. El gran objetivo era cumplir los denominados criterios de convergencia (inflación, deuda, déficit...) establecidos en el Tratado de Maastricht de 1991 y que una vez alcanzados permitirían a España unirse a la nueva divisa europea, el Euro.

La política económica fue un éxito. La actividad económica se reactivó, el paro descendió de manera notable y el saneamiento de la economía llevaría a que España participara en el nacimiento del Euro en 1999.

El cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997 suscitó una gran reaccion popular clave para el declive y final derrota de la banda.

 

El gobierno de Aznar, con el apoyo de la oposición socialista, se lanzó decididamente a una política de dureza con ETA y con el entorno nacionalista. La reacción en el campo albertzale fue el Pacto de Lizarra-Estella de 1998, un acuerdo de todas las fuerzas nacionalistas, desde el PNV a ETA, para avanzar hacia la independencia. Unos días después ETA declaró una tregua indefinida y sin condiciones.

Los contactos entre el gobierno de Aznar y el grupo terrorista no dieron ningún resultado y un año después ETA volvió a la actividad armada. El presidente Aznar, que había sido víctima de un atentado frustrado en 1995, reforzó su política de enfrentamiento con el nacionalismo vasco en todas sus tendencias.

Las elecciones convocadas en el año 2000 marcaron el momento de apogeo del PP y Aznar. El nuevo siglo se inició con una mayoría absoluta del PP en las Cortes.

Los desafíos del golpismo y del terrorismo

La nueva democracia española tuvo que enfrentarse desde la transición a un doble desafío. El terrorismo de ETA al que se vino a unir en los primeros momentos el de grupos de extrema izquierda como el GRAPO, y la amenaza de un golpe militar añadida al terrorismo de extrema derecha.

La brutal campaña terrorista de ETA causó 65 muertos en 1978, 86 en 1979 y 93 en 1980. Esos fueron los dos años más letales de la banda. Estaba claro que, aunque nacida en la dictadura, el principal enemigo del terrorismo nacionalista era la democracia española.

El proceso de reformas estuvo siempre amenazado por dos fuerzas opuestas que se alimentaban mutuamente. Por un lado, las fuerzas de extrema derecha, en las que se agrupaban los residuos del franquismo más duro, grupos terroristas como los Guerrilleros de Cristo Rey, diarios del régimen como El Alcázar,  o grupos políticos como Fuerza Nueva dirigida por Blas Piñar. Esta extrema derecha centró sus esfuerzos en alentar un golpe militar que pusiera fin al proceso democrático. Por otro lado, los grupos terroristas nacionalistas como ETA o de extrema izquierda como el GRAPO. Con sus ataques al ejército y las fuerzas policiales alimentaban las posibilidades de un golpe militar.

La situación llegó a su momento de máxima tensión en la semana del 23 al 29 de enero de 1977, cuando una sucesión de hechos violentos estuvo a punto de dar al traste con la transición. Al asesinato de un estudiante en una manifestación pro-amnistía por parte de los "Guerrilleros de Cristo Rey", le siguió el secuestro del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el general Villaescusa, por parte del GRAPO y la matanza de cinco abogados laboralistas del PCE en Atocha por grupos de pistoleros de extrema derecha.

La respuesta popular fue una  gran manifestación de repulsa en Madrid que se desarrolló pacíficamente y que mostró claramente la voluntad general de continuar los cambios de forma pacífica.

De cualquier manera, los ataques terroristas continuaron y la amenaza golpista se acentuó. En 1978 tuvo lugar la denominada Operación Galaxia, complot militar para organizar un golpe de estado para acabar con el sistema democrático. En él estaba implicado Tejero, que tres años después protagonizaría el golpe del 23 de febrero.

El golpe de estado del 23-F

tejeroMientras se celebraba la votación de investidura un grupo de guardias civiles dirigidos por el teniente coronel Tejero entraron en las Cortes secuestrando al poder legislativo y ejecutivo.  El capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, decretaba el estado de guerra y publicaba un bando que recordaba los del verano de 1936. El segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, Alfonso Armada, era otro de los principales golpistas.

El golpe no contó, sin embargo, con el apoyo unitario del ejército. La labor de algunos militares como el capitán general de Madrid, Quintana Lacaci, posteriormente asesinado por ETA, fue clave para abortar el golpe. El momento decisivo llegó en la madrugada cuando el rey se dirigió a los ciudadanos, explicando las órdenes que había transmitido a los altos cargos militares de sumisión al orden constitucional.

La primera legistatura socialista (1982-1986) tuvo que hacer frente a una dura campaña terrorista de ETA, con más de cien muertos durante la legislatura, y a la vez reformar el Ejército para acabar con el peligro del golpismo. Esta reforma fue uno de los grandes éxitos del gabinete.

Los acuerdos entre España y Francia (1984) permitieron dar un fuerte impulso a la lucha contra ETA. Francia negó en adelante el asilo político a los terroristas que huían al país vecino. España era considerada definitivamente un país democrático. En 1989, el gobierno de Felipe González intentó en Argel una negociación con ETA, que rápidamente fracasó.

El gobierno intentó previamente acabar con el terrorismo de ETA con métodos ilegales. El GAL, grupo terrorista formado por policías y mercenarios que con la complicidad de cargos del gobierno llevó a cabo la"guerra sucia" contra ETA de 1983 a 1987. El conocimiento de estos hechos por la opinión pública en los noventa fue un elemento clave para entender la derrota del PSOE en las elecciones de 1996.

El gobierno de Aznar, con el apoyo de la oposición socialista, se lanzó decididamente a una política de dureza con ETA y con el entorno nacionalista. La reacción en el campo albertzale fue el Pacto de Lizarra-Estella de 1998, un acuerdo de todas las fuerzas nacionalistas, desde el PNV a ETA, para avanzar hacia la independencia. Unos días después ETA declaró una tregua indefinida y sin condiciones.

Los contactos entre el gobierno de Aznar y el grupo terrorista no dieron ningún resultado y un año después ETA volvió a la actividad armada. El presidente Aznar, que había sido víctima de un atentado frustrado en 1995, reforzó su política de enfrentamiento con el nacionalismo vasco en todas sus tendencias.

El terrorismo de ETA llegó a su expresión más sangrienta en verano de 1997 con el asesinato del concejal del PP en el ayuntamiento vasco de Ermua, Miguel Ángel Blanco. La crueldad de la banda terrorista y la labor de los colectivos que llevaban años enfrentándose a la violencia en el País Vasco desencadenó una importante reacción popular que vino a denominarse el "espíritu de Ermua".

Cambios políticos sociales y económicos

Las transformaciones  que ha vivido el país durante el período democrático han sido espectaculares.

Evidentemente, el fin de una dictadura que había durado décadas y el advenimiento de un sistema plenamente democrático ha constituido el gran cambio político. España está viviendo el período democrático más largo de la historia. Además, si exceptuamos la corta e incompleta experiencia de la segunda república (1931-1936), la pluralidad del país se ha reflejado en la constitución y las comunidades autónomas han configurado un estado con un alto grado de descentralización.

La sociedad ha vivido un proceso de cambio nunca visto en tan corto tiempo. En primer lugar, los españoles tiene muchos menos hijos. El descenso drástico de la natalidad iniciado nada más comenzar el período democrático ha llevado a España a ser uno de los países del mundo con menor crecimiento vegetativo. Este cambio unido al desarrollo económico propició otra transformación clave: un país que tradicionalmente había enviado a sus hijos a la emigración, comenzó a recibir inmigrantes de otros países. La inmigración cambió el paisaje humano y cultural de nuestro país. Por último, las mujeres españolas han protagonizado un proceso de liberación sin precedente en nuestro país.

La economía se ha modernizado de forma muy significativa, convirtiéndose en una economía postindustrial en la que 2/3 de la población activa se emplea en el sector terciario. También se internacionalizó, apareciendo empresas de ámbito mundial como Inditex o Banco Santander. En un proceso interrumpido por las crisis económicas, el país avanzó hacia la convergencia con los países de la Unión Europea. Si en 1975, la renta per cápita española equivalía al 79 % de la comunitaria, en el año 2000 se aproximaba al 85%.

La nueva España democrática ha vivido un auge nunca visto en las actividades y, sobre todo, en las infraestructuras culturales.  

La libertad de expresión ha propiciado movimientos culturales que han acabado definitivamente con la España tradicional y católica. Desde los años de la “movida madrileña” de los años ochenta, las nuevas generaciones han optado por unos valores y una cultura mucho más tolerante y abierta. La sociedad se ha secularizado, la mujer ha alcanzado niveles de igualdad nunca vistos y la diversidad de nuestra sociedad ha aflorado a la superficie. La consecución de derechos por parte de los homosexuales es uno de los ejemplos más evidentes.

Durante este período la cultura española ha sido reconocida internacionalmente: Premios Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre y Camilo José Cela;  Premio Pritzker de arquitectura a Rafael Moneo; Óscares a la mejor película de habla no inglesa Garci, Trueba o Almodóvar…

 

  La transición a la democracia

La integración de España en Europa