Elementos de cambio en la etapa final del franquismo. La oposición al régimen. Evolución de las mentalidades. La cultura.


La oposición al régimen franquista

La oposición en la posguerra

Los dirigentes republicanos huidos del país en 1939 mantuvieron un gobierno de la República. Sus esperanzas estaban depositadas en que la derrota de Hitler supondría la intervención de las tropas aliadas y el fin de la dictadura de Franco. Todas estas esperanzas vinieron a su fin cuando España ingresó en la ONU en 1955.

Según las tropas franquistas fueron ocupando las diferentes regiones del país muchos combatientes republicanos, huyendo de la represión, se "echaron al monte" formando grupos de guerrilleros, los maquis.

maquis La dura represión y el final de las esperanzas de una intervención exterior llevaron a que en 1948 el PCE renunciara a la lucha armada y llamará a los guerrilleros a huir del país.


La represión de la guerra y la posguerra desmanteló los cuadros políticos y sindicales de la izquierda. Las primeras huelgas en 1946-1947 fueron duramente reprimidas y la oposición continuó silenciada.

Las primeras protestas sociales y la crisis universitaria de 1956

En 1951, el boicot a los tranvías de Barcelona por la subida de tarifas constituyó la primera protesta de masas en la historia del franquismo.

En la universidad, las tensiones fueron creciendo en demanda de más libertad en las cátedras y en las aulas. El malestar universitario culminó en los incidentes de la Universidad Complutense de Madrid en 1956 con enfrentamientos entre los estudiantes y los falangistas del SEU. Estos incidentes, que provocaron la dimisión del ministro de Educación Ruiz-Giménez, mostraron la aparición de una nueva generación, formada esencialmente por los hijos de los vencedores, que iniciaba su oposición a la dictadura.

Fines de los sesenta y principios de los setenta: la oposición se intensifica

Los cambios sociales y la proximidad de la muerte del dictador facilitaron la extensión de las actividades de oposición a la dictadura. Diversos movimientos de protesta confluyeron en el período final del franquismo:

El movimiento obrero, organizado esencialmente en torno a CC.OO. y alentado por el PCE, pasó de las reivindicaciones laborales a la concienciación política antifranquista.

Los movimientos nacionalistas se reforzaron en diversas capas sociales de Cataluña. En el País Vasco, junto a un cada vez más influyente PNV, ETA fue acrecentado su protagonismo con sus acciones terroristas.

estudiantesParticipando en la medida de la posible de un contexto internacional marcado por la protesta juvenil, el movimiento estudiantil se extendió y las protestas estudiantiles alcanzaron una importante repercusión social.

El Concilio Vaticano II favoreció la extensión de movimientos católicos de base críticos con el franquismo que colaboraban con los partidos de oposición y el movimiento obrero. Incluso, sectores influyentes de la Iglesia Católica mostraron una creciente lejanía respecto a la dictadura.

En definitiva, sin poder derrumbar al régimen franquista, los movimientos de oposición consiguieron crear una amplia red social de contestación a la dictadura que aflorará tras la muerte de Franco y que fue clave para la transición a la democracia. 

La represión fue la única respuesta de la dictadura. La policía política, la Brigada Político-Social, no dudaba en aplicar la tortura en las comisarías. Los opositores al régimen pasaron a ser juzgados por  un tribunal especialmente creado para ejecutar la represión, el Tribunal de Orden Público.

En ese contexto tuvo lugar el primer atentado de ETA. La respuesta fue una represión indiscriminada que, de hecho, provocó el aumento del apoyo social a la banda terrorista. Un momento clave fue la celebración en 1970 del denominado Juicio de Burgos ante una corte militar. Nueve etarras fueron condenados a muerte lo que desencadenó protestas internacionales y en el país. La presión internacional llevó a que finalmente  las condenas fueron conmutadas. La brutalidad del franquismo provocó que muchos entre la opinión liberal y de izquierdas no se dieran cuenta del real significado del terrorismo nacionalista de ETA.

Mientras tanto, la oposición sindical aumentó de forma considerable. La repercusión de la crisis económica mundial de 1973 ("crisis del petróleo") alentó las protestas obreras, cada vez más cargadas de reinvindicaciones políticas contre la dictadura. La organización sindical más poderosa, Comisiones Obreras, creció de forma notable en los últimos años del franquismo. Este sindicato clandestina estaba fuertemente influenciado por el Partido Comunista de España.

Los últimos años de la dictadura 1969-1975

La vida del dictador terminó en un contexto complejo y en el que la oposición obrera y estudiantil desafió de forma creciente al régimen.

La avanzada edad del dictador y la creciente presión de la oposición llevaron a la formación de dos tendencias dentro del régimen. Por una lado, los que se empezaron a llamar "aperturistas", estos, sin cuestionar la figura de Franco, defendieron la necesidad de aplicar pequeñas reformas en un sentido democrático y parlamentario. Por otro lado, lo que se vino a denominar el "bunker". Aquí se agruparon los sectores más extremistas y violentos, contrarios a cualquier cambio.

Para aliviar al senil Franco de las tareas cotidianas de gobierno, en 1973, Carrero Blanco, un militar partidario de la línea dura, fue nombrado presidente del gobierno. Carlos Arias Navarro fue nombrado ministro de Gobernación.

El nuevo gobierno se estrenó con la organización el 20 de diciembre de ese mismo año de un juicio, el Proceso 1001, contra dirigentes del sindicato clandestino Comisiones Obreras. Entre ellos su principal líder, el comunista Marcelino Camacho.

Ese mismo día, ETA consiguió dar el golpe más importante de su historia, Carrero Blanco fue asesinado en Madrid. La muerte de su principal colaborador fue un duro golpe para un Franco cada vez más próximo a su final. 

El enfrentamiento con la Iglesia llegó a extremos que hubieran sido inconcebibles unos años antes. Ante la amenaza de expulsar de España a Añoveros, obispo de Bilbao que había publicado una pastoral defendiendo la identidad cultural y lingüística del pueblo vasco, el Vaticano contestó con la advertencia de que tal expulsión significaría la ruptura del Concordato y la excomunión de quien lo llevara a cabo.

En septiembre de 1975, tras un juicio militar, fueron condenados a muerte y ejecutados cinco militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico - organización terrorista creada dos años antes) y de ETA. De nuevo, hubo grandes protestas internacionales.

El rey marroquí Hassan II organizó la Marcha Verde, reclamando el Sahara occidental español. En el momento en que se iniciaba la agonía de Franco, el gobierno cedió y,  violando el mandato de la ONU, España cedió su antigua colonia a Marruecos y Mauritania.

Finalmente, tras tres meses y medio de enfermedad,  Franco murió el 20 de noviembre de 1975.

Evolución de las mentalidades. La cultura.

La dictadura trató de implantar sobre un país muy complejo la mentalidad nacional-católica en la que fundamentó su ideología. Las posturas conservadoras extremas en la referente a la sociedad y las costumbres, se acompasaron con la exaltación nacionalista. Mientras tanto, una realidad marcada por la pobreza y la corrupción contrastaba con lo que el régimen trataba de implantar.

En los años cuarenta y cincuenta, la labor de la propaganda y de un sistema educativo controlado por la Iglesia consiguieron imbuir hasta cierto punto esta mentalidad.

Sin embargo, el desarrollo económico de los sesenta y la llegada masiva del turismo cambiaron la sociedad en la que se basaba la mentalidad nacional-católico. De forma bastante rápida, la sociedad, especialmente las nuevas generaciones, abrazaron una forma de ver el mundo más abierta, tolerante y liberal.

La disonancia entre lo proclamaba el régimen y lo que pensaba un número creciente de españoles era cada vez más evidente. Así, cuando falleció el dictador, la sociedad se adaptó rápidamente a un sistema democrático que correspondía mucho más con la mentalidad predominante.

El triunfo del franquismo supuso el fin de lo que se vino en denominar la Edad de Plata de la cultura española. El país, con la mayor parte de sus intelectuales relevantes en el exilio o en el silencio, se convirtió en un páramo cultural.

El régimen utilizó todos los medios para controlar la cultura y utilizarla como un arma de propaganda. La cultura católica y tradicional, la continua referencia al imperio, la victoria en la guerra civil se convirtieron en temas obsesivos reflejados en todas las manifestaciones artísticas: arquitectura, pintura, cine…

La educación, una vez depurados todos los maestros y profesores republicanos, quedó en manos de la Iglesia Católica y de la ideología falangista. La censura eclesiástica se estableció sobre espectáculos, prensa y libros. Durante los años cuarenta y cincuenta la cultura oficial se apartó de las corrientes predominantes en la cultura occidental, intentando vanamente establecer una España nacional-católica.

A pesar de todo, a finales de los años cincuenta y durante los sesenta, el férreo control fue relajándose. Algunos intelectuales empezaron poco a poco a cuestionar la cultura oficial. Figuras como Laín Entralgo, Ridruejo o López Aranguren, procedentes del falangismo, empezaron a alejarse del régimen. Otros como Julián Marías o Tierno Galván, que habían estado en el bando republicano, comenzaron a desarrollar una labor de oposición en las universidades. En algunos casos, tuvieron que optar por marcharse del país.

Algunas publicaciones periódicas como Revista de Occidente o Cuadernos para el Diálogo intentaron superar la uniformidad ideológica que pretendía el régimen franquista.

En los años sesenta, el relajamiento de la censura permitió la publicación de obras de autores prohibidos hasta ese momento como Ramón J. Sender, Max Aub o Antonio Machado. Y un amplio grupo de autores publicaron obras que desmitificaban la visión de los vencedores de la Guerra Civil: Miguel Delibes, Buero Vallejo, Torrente Ballester, Camilo José Cela, Blas Otero o Gabriel Celaya.

Paralelamente, las artes se fueron adaptando a las corrientes predominantes en el mundo occidental, alejándose del modelo de primer franquismo. Arquitectos como Fisac o Sáez de Oiza, pintores como Antonio López o los grupos El Paso o Crónica, y escultures como Chillida, Oteiza y Julio López muestran la vuelta de la cultura española a la modernidad.

La consolidación del régimen franquista