El desarrollo de la guerra
civil
La descomposición política tras el golpe y
la represión
El golpe y el estallido de la guerra provocaron la destrucción de
las estructuras estatales de la II República.
En el bando nacional el poder quedó en manos de un grupo de generales, que, siguiendo las propuestas
de Mola, establecieron un estado autoritario y militarizado.
En el bando republicano el gobierno de la República perdió el control
de la situación y
el poder real quedó en manos de comités obreros organizados por
partidos y sindicatos que no estaban sometidos a ningún tipo de
poder centralizado.
En los primeros momentos de la guerra hubo una
enorme represión en ambos bandos. Las ejecuciones y los asesinatos
se extendieron como una pesadilla por todo el país.
La represión en la zona nacional se dirigió esencialmente
contra los militantes obreros y
campesinos, aunque algunos intelectuales, como Federico García Lorca,
fueron también víctimas del horror. La represión estuvo bastante
organizada
y controlada por las autoridades militares. Este hecho no impidió
que pistoleros falangistas descontrolados protagonizaran excesos
de todo tipo.
En la zona republicana los grupos que sufrieron
la violencia fueron esencialmente los sacerdotes y las clases
adineradas. Jose Antonio Primo de Rivera, prisionero en Alicante
al estallar la guerra, fue juzgado y ejecutado.
Tras el caos inicial en el que se produjeron graves excesos, el
gobierno fue controlando
poco a poco la situación y
la represión se atenuó.
El avance nacionalista durante los primeros
meses de la guerra
Un elemento clave para comprender la victoria final de los
nacionales fue el "puente aéreo" organizado con
aviones alemanes e italianos que permitió el rápido traslado del Ejército de África a la
península.
Los legionarios y regulares, fuerzas
profesionales que superaban con facilidad a las desorganizadas
milicias obreras y campesinas, iniciaron un rápido avance hacia Madrid.
En el camino, el general Yagüe que mandaba las columnas decidió
desviarse hacia Badajoz. La ciudad cayó y se inició una
brutal represión que escandalizó al mundo y produjo un gran número de víctimas.
Las tropas continuaron su avance hacia Madrid y
antes de alcanzar Madrid, Franco decidió desviar de nuevo las
tropas para liberar a la guarnición asediada en el Alcázar de Toledo.
La "liberación del Alcázar" fue un gran triunfo propagandístico para
Franco.
Mientras,
Mola tomó Irún y San Sebastián aislando al País Vasco de la frontera con Francia.
La Batalla de Madrid
El
18 de octubre de 1936 las fuerzas nacionalistas dirigidas por
Varela llegaron a las afueras de Madrid. En noviembre de 1936
se
inició la Batalla de Madrid. El 4 de noviembre de 1936
ocuparon Alcorcón, Leganés, Getafe y Cuatro Vientos. La caída de
la capital en manos de las tropas rebeldes parecía inminente.
Ante la superioridad militar de las fuerzas nacionales, partidos y
sindicatos obreros alentaron la movilización del pueblo madrileño para
defender su ciudad. El grito de "¡No Pasarán!" se hizo celebre en
todo el mundo.
La moral de la población madrileña aumentó con
la llegada de refuerzos exteriores. Las Brigadas Internacionales,
cuerpo de voluntarios organizados esencialmente por los
comunistas; tanques y aviones rusos,
la columna del anarquista Durruti ... llegaron para ayudar en la
defensa de la capital.
La ciudad fue sometida a bombardeos aéreos por aviones
Junker alemanes y se produjeron duros combates en la Casa de Campo,
la Ciudad Universitaria y el Puente de los Franceses. Las tropas
republicanas consiguieron resistir y, finalmente, Franco ordenó el fin del asalto frontal a la
ciudad.
Las Batallas del Jarama y Guadalajara. La
toma de Málaga
Tras fracasar en su intento de atacar frontalmente a Madrid,
Franco intentó cercar a la capital. Este intento dio lugar
a la batalla del Jarama, una de las más
encarnizadas de la guerra, y la batalla de Guadalajara,
donde las tropas italianas enviadas por Mussolini fueron
derrotadas.
Mientras las tropas franquistas tomaban
Málaga y de nuevo se producía una dura represión.
El fracaso ante Madrid hizo que Franco
optara por una nueva estrategia: ya no busco acortar el
conflicto, sino que fue atacando las zonas más débiles de los
republicanos.
La Campaña del Norte
De la primavera al otoño de 1937, las tropas nacionales conquistaron
la zona norte republicana que había quedado aislada del resto del
país. Uno tras otro, el País Vasco,
Cantabria y Asturias fueron cayendo en manos de
Franco.
Durante esta campaña tuvo lugar el célebre
bombardeo de Guernica. La Legíon Cóndor, grupo
aéreo alemán enviado por Hitler, bombardeó una ciudad sin interés
militar y la arrasó. Este acto, que luego en la segunda guerra
mundial se convirtió en rutinario, provocó un escándalo mundial e
inspiró a Pablo Picasso en su célebre cuadro.
Durante la campaña vasca, Mola, el único general que podía competir con Franco en el liderazgo
del bando nacional, murió en accidente de avión.
Tratando de distraer fuerzas nacionalistas de
la campaña del norte, los republicanos organizaron la ofensiva
de Belchite en Aragón. El fracaso fue total y finalmente las
tropas franquistas tomaron todo el norte del país.
La conquista del norte tuvo graves consecuencias para la República.
No sólo perdieron las minas de
carbón y hierro de la zona, sino que, en adelante, los franquistas
pudieron concentrar
todas sus tropas en la zona sur.
De Teruel a la batalla del Ebro

En diciembre de 1937, tuvo lugar una ofensiva republicana en Teruel.
Las condiciones climáticas marcaron una ofensiva que finalmente
fracasó. Tras asegurar el dominio de Teruel, Franco
lanzó una ataque general en Aragón. El éxito fue
fulgurante y el 15 de abril de 1938 las tropas nacionales llegaron a
Vinaroz en el Mediterráneo. La
zona republicana quedó partida en dos.
La última gran ofensiva republicana dio lugar a la
Batalla del Ebro en julio
de 1938. Con más de 100.000 muertos, esta fue la más cruenta de las batallas de la guerra civil
y agotó definitivamente la moral y las reservas republicanas.
El final de la guerra
La antesala del fin de la guerra fue la ofensiva nacionalista contra Cataluña.
Tras tomar Barcelona, las
tropas franquistas llegaron a la frontera francesa en febrero de 1939.
Antes se había producido un enorme y patético éxodo de población.
Más de 500.000 personas huyeron a Francia, donde fueron
hacinadas en campos de concentración.
Ante la inminente derrota, las divisiones internas
se hicieron aún más profundas en el bando republicano. El gobierno
de Negrín, con el apoyo de los comunistas y parte de los
socialistas, proponía la resistencia a ultranza. El
objetivo era que el conflicto español quedara integrada en la
inminente guerra europea y mundial que todo el mundo veía venir.
De esa manera, la República española encontraría aliados que le
permitirían cambiar el signo de la guerra.
Contra esta posición, y defendiendo la
negociación de la derrota con Franco, el coronel
Casado dio un golpe contra el gobierno de Negrín.
Pese a las propuestas de negociación de Casado, Franco exigió la
rendición incondicional. El 28 de marzo, las tropas franquistas
entraron en Madrid y el 1 de Abril de 1939 terminaba la sangrienta guerra.
Una larga dictadura vino a sustituir al ensayo democrático de la
segunda república.
La sublevación militar
Evolución política de las dos zonas durante la guerra civil
