La sociedad (1902-1931)
La población
La población española creció de forma lenta pero continua en el primer tercio
del siglo pasando de 18,6 en 1900 a 23,5 millones de habitantes en 1930. La caída de la tasa de mortalidad,
basada en las
mejoras sanitarias, fue la razón de este incremento demográfico.
Sin embargo, la elevada mortalidad infantil, una de las más
elevadas de Europa, era prueba del atraso relativo del país. La mayor catástrofe sanitaria
fue la epidemia de gripe de 1918-1919, que causó la muerte a 230.000 personas,
de un total de ocho millones de enfermos. Conocida en el mundo como la "Gripe
Española" causó más muertos en todo el planeta que la Segunda Guerra Mundial.
Junto a la emigración interior del campo a las ciudades,
que llevó a una creciente urbanización del país con el cincuenta por ciento de la población
urbana en 1930, destaca la emigración exterior, con más de un millón de
españoles que partieron para América Latina (Cuba, Argentina...). El auge de
la emigración tuvo lugar antes de la I Guerra Mundial.
La evolución social entre 1900 y 1930
La sociedad española siguió siendo a lo largo de este
período una sociedad marcada por grandes diferencias
de riqueza entre los diversos grupos sociales.
Los grupos
ligados a la industria y a las finanzas tuvieron un peso creciente en los
clases altas. Muchos nuevos burgueses, enriquecidos con los fabulosos negocios
propiciados por la Gran Guerra, se fueron integrando en la vieja oligarquía
dominante.
En un fenómeno ligado al proceso de urbanización, las clases medias experimentan un
aumento significativo
en este primer tercio del siglo XX. Estas clases medias, a veces golpeadas por
dificultades económicas, fueron girando hacia posturas políticas de oposición
al régimen de la Restauración, ligándose a los grupos republicanos o
nacionalistas en Cataluña y el País Vasco.
Dos fenómenos destacan en lo referente a las clases
populares: el crecimiento numérico de la clase obrera, cada vez más organizada
en torno a los sindicatos CNT y UGT, y la pervivencia de una amplia masa de
jornaleros sin tierra en el sur del país, en una situación social desesperada
que les llevará hacia posturas políticas cada vez más radicales.
El movimiento obrero
Los socialistas, PSOE y UGT, se implantaron esencialmente
en Asturias, País
Vasco, Madrid y zonas del campo andaluz. Mientras los anarquistas y su
sindicato la CNT asentaron su predominio en Cataluña, Aragón, Levante y
Andalucía.
El PSOE, al igual que los demás partidos socialistas
europeos, vivió una importante crisis a partir del triunfo de la revolución
soviética en Rusia en 1917. Finalmente, la mayor parte del partido se negó a
adherirse a la Internacional Comunista propugnada por Lenin. Un pequeño grupo
se escindió y fundó en 1921 el Partido Comunista de España (PCE). Los
comunistas eran un grupo muy minoritario en 1930.
Los anarquistas también vivieron fuertes tensiones entre
los partidarios de la lucha pacífica y la facción más extremista y
revolucionaria. Estos últimos formaron en 1927 la Federación Anarquista
Ibérica (FAI), que tendría gran influencia en la Segunda República.
Los sindicatos católicos, minoritarios, se desarrollaron
especialmente en las regiones del norte, donde predominaba el minifundio y de
la pequeña propiedad campesina. En 1917 se agruparon en la Confederación
Nacional Católico-Agraria.
La evolución económica