Sociedad y mentalidad
La sociedad de la España de la Restauración ha sido caracterizada como una
sociedad dual en la que convivían dos mundos muy diferenciados:
-
Un inmenso interior agrario con formas de vida y subsistencia muy
atrasadas.
-
Unas pocas zonas industrializadas donde se abría poco a poco paso una
sociedad moderna. Estas zonas se ubicaban preferentemente en la
periferia, con la excepción de Madrid.
Entre ambas sociedades había una relación bastante débil. Muchas comarcas del
interior vivían en un gran aislamiento.
En general, nos hallamos ante una sociedad en la que pobreza está muy
extendida. Las bajísimas rentas de la mayor parte de la población impedían el
consumo y el ahorro, dificultando el desarrollo industrial y la modernización
social.
El bloque de poder lo formaba una oligarquía burguesa que formaba el
triángulo de los siderúrgicos vascos, los empresarios textiles
catalanes y los cerealistas castellanos.
La sociedad en el medio agrario.
Durante el período de la Restauración, en el medio rural se podían distinguir
estos grupos sociales:
Una pudiente oligarquía agraria, predominante en las dos Castillas,
Extremadura y Andalucía.
Clases medias bajas, formadas por medianos propietarios, arrendatarios y
aparceros.
Campesinos sin tierra, jornaleros o braceros, que sufren una situación
de paro intermitente y que reciben muy bajos salarios. Con este
proletariado se confunden los pequeños propietarios empobrecidos. Esta amplia
masa de población sufre una situación caracterizada por la alimentación
deficiente, las carencias sanitarias y higiénicas y la falta de una cultura
elemental con unas tasas enormes de analfabetismo.
Esta estructura social permite comprender que periódicamente hubiera
estallidos sociales violentos, duramente reprimidos por las autoridades.
La sociedad en el medio urbano.
El lento desarrollo minero e industrial propició la lenta aparición de una
sociedad más modernizada en determinadas zonas del país.
En el País Vasco con preponderancia de la industria siderúrgica y la
banca más próspera del país.
En Cataluña, cuya industria textil del algodón suponía el 90% de la
oferta industrial española. La burguesía catalana había basado su éxito
económico, además de en su empuje y dinamismo empresarial, en el
proteccionismo del gobierno de la nación que le permitió prosperar sin tener
que hacer frente a la competencia exterior.
Junto a la alta burguesía industrial y financiera, en las ciudades
encontramos una compleja estructura social:
Una heterogénea clase media entre la que, junto a los principales
defensores de las posturas democráticas y republicanas, encontramos una amplia
masa apolítica, apegada a los hábitos tradicionales, con un gran temor a
cualquier tipo de cambio y fuertemente influenciada por la Iglesia.
Entre las clases trabajadoras debemos distinguir una masa mayoritaria
de artesanos, ligados a empleos tradicionales, y un creciente número de
obreros que, poco a poco, comienzan a organizarse política y
sindicalmente.
La educación
Tras el Sexenio Democrático, un período en el que había existido una amplia
libertad de cátedra en las universidades, la Restauración significó el
establecimiento de una rígida censura contra cualquier manifestación
contra la monarquía y el dogma católico. El choque con parte del profesorado
fue inmediato, algunos dimitieron de sus cargos, otros fueron cesados.
Giner de los Ríos, uno de estos catedráticos, fundó la Institución
Libre de Enseñanza en 1876, como centro privado y laico. La Institución,
heredera de los postulados del krausismo, introdujo en España una pedagogía
de vanguardia que buscaba la formación integral del individuo en plena
libertad y mediante el fomento de la curiosidad científica, el antidogmatismo
y la actitud crítica.
La Institución Libre de Enseñanza fue una excepción. Lo que predominó durante
la Restauración fue la enseñanza tradicional, basada en métodos
anticuados y poco críticos, y sometida a la vigilancia de la Iglesia
Católica. Más de 50.000 religiosos y religiosas se dedicaban a la
enseñanza, sobre todo en la educación primaria donde apenas intervenía el
estado.
La enseñanza secundaria se circunscribía a 50 institutos en toda España,
destinados a los hijos de las familias más ricas.
Esta situación del sistema educativo provocó un gran atraso en el
desarrollo científico y la investigación. A la falta de apoyos materiales
de las instituciones públicas y privadas se vino a añadir una mentalidad
atrasada y tradicional en las clases dirigentes del país. Un buen ejemplo fue
la polémica creada ante las teorías de Darwin y su condena por parte de la
Iglesia.