El ataque franco-británico, planeado con anterioridad, se convirtió tras la
ofensiva de Falkenhayn en Verdún en una gran maniobra para aliviar la posición
de la ciudad fortificada de Verdún.
El primer día del ataque, el 1º de julio, el ejército británico sufrió
58.000 bajas, de ellas casi 20.000 muertos. Fue el peor masacre sufrida por
este centenario ejército en toda su historia.
Tras varios meses de batallas, las primeras nevadas de noviembre
precipitaron el fin de la ofensiva. A cambio de escasos avances de no más de
12 kilómetros, los británicos tuvieron 420.000 bajas, los franceses 200.000 y
los alemanes en torno a medio millón.