Tras la llegada al poder de la nueva administración republicana dirigida por
Eisenhower, Washington adoptó unas directrices en política exterior inspiradas
por el nuevo secretario de Estado, Foster Dulles.
Partiendo de dos realidades militares evidentes: la gran superioridad
norteamericana en el terreno atómico y el papel clave de los superbombarderos
agrupados en el Strategic Air Command, lo que se vino en denominar
doctrina de "represalias masivas" se basó en tres principios muy simples:
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En caso de un ataque soviético, los EE.UU. no dudarían en lanzar represalias
masivas utilizando el arma nuclear.
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Respuesta inmediata que no tendría que darse necesariamente en lugar donde se
hubiera producido la agresión.
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No existencia de "santuarios" libres de ataque. Cualquier lugar del bloque
comunista, incluida la URSS, sería susceptible de ser atacado.
Esta política simple y rígida fue también conocida como la política de
brikmanship, del "borde del abismo".
A nivel militar, la nueva doctrina tuvo una inmediata consecuencia: el
desarrollo acelerado de las fuerzas aéreas en detrimento de la Armada y el
Ejército.
Esta nueva política se vio complementada por dos acciones:
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La concreción de diferentes tratados, como la SEATO o el Pacto de Bagdad, que
ligaron a EE.UU. con casi cincuenta países. Se habló de la "pactomanía" de
Dulles.
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El fortalecimiento de los servicios secretos y los aparatos de información, el
FBI y, sobre todo, la CIA, la Agencia Central de Información.