Tras el estallido de la crisis económica, el presidente norteamericano Hoover,
convencido por los expertos económicos de que un factor decisivo de la crisis
había sido el complejo problema de los pagos de reparaciones y deudas de
guerra, propuso posponer por el plazo de un año el pago de todas las deudas
intergubernamentales. Los gobiernos europeos consideraron esta moratoria como
el reconocimiento norteamericano de que las deudas interaliadas y las
reparaciones debían proseguir o terminar juntas.
En la Conferencia de Lausana, celebrada en el verano de 1932,
representantes de Alemania y las potencias de la Entente, a excepción de
EE.UU., propusieron un acuerdo sobre el tema de las reparaciones y las deudas
interaliadas. La propuesta fracasó por la negativa del Congreso norteamericano
a ninguna "reducción o cancelación de las deudas de las potencias extranjeras
para con los EE.UU."
En teoría esto significaba volver al Plan Young, sin embargo, la realidad
fue que Alemania dejó de pagar las reparaciones, y Gran Bretaña y los países
que tenían deudas con EE.UU. continuaron con unos pagos reducidos, que se
interrumpieron cuando el Congreso norteamericano se negó a aceptarlos. Sólo
Finlandia saldó el conjunto de sus deudas internacionales con EE.UU.