Fundada en Moscú el 4 de marzo de 1919, tenía como principal objetivo la
constitución de una unión de partidos comunistas. Se reunieron delegaciones de
37 países. Desde un principio la Internacional Comunista mostró su voluntad de
convertirse en el organismo dirigente de la revolución mundial. Organizada a
imagen y semejanza del Partido Comunista soviético, con el paso del tiempo se
convirtió en un instrumento eficaz de aplicación en el exterior de las
consignas del gobierno de Moscú.
En el congreso celebrado en el año 1921, se aprobó la búsqueda de la unidad
con socialistas, sindicalistas o socialdemócratas. Esta orientación quedó, sin
embargo, interrumpida con el ascenso de Stalin, quien consideraba las teorías
socialdemócratas como el principal enemigo de la clase obrera. La falta de
unidad entre socialistas y comunistas fue uno de los factores que explican el
ascenso de Hitler al poder. La Komintern, que hasta ese momento no había
prestado demasiada atención al fenómeno del fascismo, propició un giro
estratégico destinado a aunar esfuerzos con socialistas y otras fuerzas de
izquierda para frenar el ascenso del fascismo. Esta nueva línea, adoptada en
el último Congreso que celebró la Internacional Comunista, en 1935, se
concretó en los Frentes Populares.
Pese a la nueva línea política, Stalin no dudó en firmar con Hitler el
acuerdo de no agresión germano-soviético de 1939. Tras el estallido de la
guerra y la invasión nazi de la URSS, Stalin decidió, en aras de mejorar las
relaciones con sus aliados occidentales, disolver la Komintern en 1943.