El islamismo es una doctrina que demanda la adhesión total de los humanos a la
ley sagrada del Islam y rechaza en la medida de lo posible cualquier
influencia exterior. Está imbuido de una profunda hostilidad hacia los no
musulmanes y, muy especialmente, hacia el mundo occidental. Trata, en
definitiva, de convertir el Islam, una religión y una cultura, en una
ideología político-religiosa.
No es conveniente comparar el islamismo con religiones como el cristianismo o
el judaísmo. Lo más acertado es relacionarlo con ideologías políticas
totalitarias como el fascismo o el comunismo. El islamismo busca aproximarse y
controlar el poder del estado para establecer sus políticas dictatoriales y
totalitarias. En ese sentido, es una ideología del siglo XX que ofrece un
proyecto utópico para construir un nuevo estado, una nueva sociedad, un nuevo
ser humano.
El islamismo es muy diferente del Islam tradicional, es una ideología surgida
en el siglo XX y que responde a problemas de una sociedad urbana con problemas
económicos graves propios de su época. Aunque arrastra a mucha población
pobre, sus dirigentes no pertenecen a los estratos más humildes de las
sociedades musulmanas, son más bien reclutados entre clases medias
relativamente prósperas y cultas.
La revolución islámica en Irán en 1979 permitió su acceso al poder político
por primera vez en la historia. Otros países como Sudán y Afganistán
establecieron sistemas similares. Existen importantes movimientos en muchos
países árabes y musulmanes, movimientos que en muchos casos han optado por una
deriva terrorista.
Los casos de Al-Qaeda y los atentados del 11 de
septiembre del 2001 en Estados Unidos y las masacres en los trenes de Madrid
en el 2004 o en el metro de Londres en el 2005 son ejemplos de una crueldad
que no necesitan ser comentados.