El conflicto hunde sus raíces en una antigua disputa territorial sobre las
márgenes del Shatt al-Arab, río formado por la confluencia del Tigris y el
Éufrates, zona rica en petróleo, y las sospechas de Saddam Hussein sobre las
posibilidades de que el régimen islámico de Teherán alentara la rebelión entre
la importante población chiíta iraquí. Saddam tuvo también en cuenta el
aislamiento internacional del régimen de Jomeini, entonces enfrentado a EE.UU.
(asalto de la embajada y toma de rehenes) y a la URSS.
En septiembre de 1980, las tropas iraquíes lanzaron
un ataque que, pese a conseguir avances en torno a 80-120 kilómetros, no fue
suficiente para doblegar la resistencia de las milicias iraníes formadas por
los Guardianes de la Revolución. En adelante se inició una dura y larga guerra
en la que se utilizó abundante armamento suministrado por países extranjeros.
Iraq recibió amplio apoyo de Arabia Saudí, Kuwait y otros estados árabes (uno
de los rasgos del conflicto era el histórico enfrentamiento entre árabes y
persas) y fue tácitamente apoyado por los EE.UU. y la URSS. Mientras, Irán
sólo contó con el apoyo de Siria y Libia, estados árabes enfrentados a Saddam
Hussein.
Pese a ser visto como un freno a la expansión del islamismo
radical de Jomeini, el régimen de Saddam Hussein empezó a ser cuestionado
internacionalmente ante la evidencia de la utilización de armas químicas
contra los iraníes y contra la propia población kurda del norte de Irak.
Finalmente, las dificultades económicas acabaron por apear
a Jomeini de su negativa testaruda a cualquier tipo de acuerdo negociado. En
agosto de 1988 Irán aceptó un cese el fuego que había sido previamente
elaborado por las Naciones Unidas.
La guerra acabó en un práctico empate pero las pérdidas
humanas fueron enormes. Se habla de un millón de bajas, pero hay que fuentes
que doblan esa cifra. Quizá se pueda cifrar las muertes en medio millón de
seres humanos, con Irán como el país que sufrió más duras pérdidas.
El coste de la guerra y la búsqueda de medios económicos
para enjugarla fue uno de los elementos clave para que Saddam Hussein
atacara Kuwait en 1990. La guerra del Golfo de 1991 fue el resultado de esa
nueva agresión del dictador iraquí.