El gobierno bolchevique había firmado el armisticio con los Imperios Centrales
el 15 de diciembre de 1917. Siete días más tarde se iniciaron las
negociaciones en las que Trotski y la delegación soviética trataron de
maniobrar contra las duras exigencias territoriales alemanas.
A la vez había surgido por las zonas periféricas del Imperio ruso una
amplia y heterogénea oposición que, apoyada por las potencias de la Entente,
trataba de derrumbar al gobierno bolchevique. Pronto formaría el Ejército
Blanco que se iba a enfrentar al Ejército Rojo creado en enero de 1918.
La necesidad de hacer frente a la guerra civil llevó a Lenin a decidirse a
firmar las duras condiciones exigidas por las Potencias Centrales. Cuando los
austro-alemanes lanzaron una ofensiva general en febrero y el frente ruso se
colapsó, la delegación soviética se apresuró a firmar el durísimo Tratado de
Brest-Litovsk en marzo de 1918. Lenin optaba por centrar todas sus fuerzas en
el conflicto interno, lo que permitió a Alemania y a Austria-Hungría obtener
grandes, aunque efímeras, ganancias territoriales.
Posteriormente, la guerra civil se confundirá con la intervención de las
potencias aliadas en favor del Ejército Blanco y la guerra ruso-polaca
(19120-1921). Para 1921, el gobierno bolchevique controlaba prácticamente el
territorio del nuevo país que en 1922 recibirá el nombre de Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas.