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El "cisma" yugoslavo, 1948


El líder comunista yugoslavo
Josip Broz "Tito"

 



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La guerrilla comunista yugoslava, dirigida por Tito, consiguió expulsar a las tropas del Eje de su país sin la ayuda del Ejército Rojo. Esto permitió al régimen de Belgrado llevar  desde un principio  una política más independiente de Moscú. El apoyo a la guerrilla comunista griega o los proyectos de federación balcánica con Bulgaria son un buen ejemplo de iniciativas que no eran vistas con buenos ojos por Stalin. Esto no impidió que en 1947, la Kominform fijara su sede en Belgrado.

La tolerancia del dictador soviético acabó con la agudización de las tensiones internacionales. En marzo de 1948, Stalin llamó al Kremlin a Tito y Dimitrov (líder comunista búlgaro) y les advirtió seriamente contra cualquier iniciativa particular en política internacional. En adelante, todas las "democracias populares" debían seguir fielmente las directrices emanadas desde Moscú.

La reacción de la Liga de los Comunistas yugoslavos fue plantar cara a las exigencias de Stalin. La ausencia del Ejército Rojo de su territorio y el sentimiento nacionalista alentaron este desafío.

La reacción soviética fue inmediata. El Kremlin decidió no cumplir el tratado de comercio acordado para 1948 y retirar de Yugoslavia a sus consejeros e instructores militares. En abril, Stalin y Molotov dirigieron una carta muy dura a Tito. Esperaban con ella fomentar la oposición interna a la dirección de Tito y el acceso a la dirección yugoslava de un equipo de comunistas fieles a Moscú.

La reacción fue la contraria: los partidarios de Moscú, como Zujovic o Hebrang, fueron excluidos del Comité Central y juzgados como espías. La ruptura era ya abierta.

El 28 de junio el Kominform condenó formalmente a los partidarios de Tito y llamó a las "fuerzas sanas" del PC yugoslavo a imponer una nueva dirección. De nuevo, el intento de descabalgar a Tito del poder fracasó.

Finalmente el el 11 de agosto, la URSS rompió relaciones diplomáticas y condenó al régimen de Tito, tildándolo de "desviacionista" y "enemigo jurado de la Unión Soviética".

La Yugoslavia de Tito buscó y obtuvo el apoyo financiero y militar de Occidente, lo que probablemente fue decisivo para evitar la invasión soviética. No obstante, el régimen de Tito siguió siendo comunista y en a principios de los años sesenta se convertiría en uno de los países clave del Movimiento de los Países No Alineados.